Fanático religioso en bazar persa

por Amir Taheri, 23 de junio de 2006

Mientras algunos en Washington hablan aún de 'guerra preventiva' contra 'estados criminales', el Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad practica lo que podría llamarse 'diplomacia preventiva'.
 
Las normas de su juego son simples.
  • La primera norma es tener un almacén de ideas nuevas y cada vez más provocativas, que lanzar a cualquiera que pueda pensar en ofrecer una solución diplomática a cualquier problema que se tenga entre manos.
  • La segunda norma del juego es pinchar cualquier globo sonda que un interlocutor putativo pueda enviar, antes de que se haya elevado del suelo. El objetivo es evitar que cualquier posible fórmula de compromiso ingrese siquiera en los denominados canales diplomáticos.
  • La tercera norma es que, cuando te veas forzado a considerar la idea de un compromiso, si es que te ves forzado, insistas en métodos de implementación que te dejen a ti como único juez de si ha entrado en vigor o no.
Un ejemplo de la diplomacia preventiva de Ahmadinejad es su rechazo a una oferta de la Unión Europea para proporcionar a la República Islámica el reactor nuclear generador de electricidad más avanzado para complementar la planta de construcción rusa y tecnológicamente dudosa de Heliéh, cerca de Bushehr. Todo lo que Teherán tiene que hacer a cambio del regalo es abandonar sus planes actuales o futuros de construir armas nucleares.
 
El rechazo de la oferta de la UE es más sorprendente aún porque la República Islámica afirma que no pretende construir bombas nucleares. De modo que, ¿por qué rechazar una oferta que lo único que te exige es que no hagas lo que dices que de todos modos nunca vas a hacer?
 
Otro ejemplo de la diplomacia preventiva de Ahmadinejad llegaba hace unas cuantas semanas, cuando rechazaba una oferta rusa para proporcionar a Irán el uranio enriquecido necesario para el ciclo de funcionamiento de la planta de Hellieh, que ahora mismo al menos, es la única planta nuclear en construcción en la República Islámica. Como incentivo adicional, Moscú estaba dispuesto a incluir científicos y técnicos iraníes en el programa de enriquecimiento de uranio que se construiría en territorio ruso específicamente para Hellieh.
 
Ahmadinejad derribó esa idea antes incluso de despegar.
 
Otro ejemplo más de 'la diplomacia preventiva' de la República Islámica es el rechazo por parte de Teherán a las ideas proporcionadas por el Consejo de Cooperación y del Golfo (GCC) antes incluso de ser presentadas oficialmente. Una idea es que Teherán declare una moratoria sobre el enriquecimiento de uranio hasta que 'todas las cuestiones de interés de todas las partes involucradas' sean tratadas.
 
Una vez más, no existe motivo lógico para rechazar una solicitud de vecinos que han logrado no alinearse contra la República Islámica en esta creciente crisis. Tal como están las cosas, no hay ninguna planta nuclear en la República Islámica, y por tanto no hay necesidad inmediata de uranio enriquecido. La planta de Hellieh, que necesita combustible de uranio, es improbable que esté terminada antes de finales de este año. Incluso entonces, Rusia, que está construyendo la planta, se ha comprometido ya a proporcionarle combustible para los primeros diez años de una vida de 37 a 40 años. En otras palabras, la República Islámica no necesita uranio enriquecido para combustible durante una década al menos.
 
El ejemplo más reciente de la 'diplomacia preventiva' de Ahmadinejad llegaba el pasado lunes, cuando rechazaba la sugerencia hecha por algunos políticos americanos y europeos y ex funcionarios de que la República Islámica abandone su programa de enriquecimiento a cambio de 'garantías de seguridad' de Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China.
 
Los defensores de 'las garantías de seguridad' para la República Islámica incluyen a figuras tan eminentes como la ex secretario de estado de Estados Unidos Madeleine Albright, el ex consejero de seguridad nacional Zbigniew Brzezinski o el prominente Senador Republicano Richard Lugar, entre otros. Su modelo para tratar con la República Islámica se basa a grandes rasgos en el manejo del presidente John F. Kennedy de la crisis de los misiles cubanos. Kennedy proporcionó al régimen de Castro 'garantías de seguridad', comprendiendo un seguro de por vida, a cambio de que Moscú acordase retirar los misiles que había desplegado en Cuba.
 
Hoy está claro que los soviéticos llevaron los misiles precisamente para obtener 'garantías de seguridad' de Kennedy y asegurarse de que Estados Unidos no apoyaba otra operación al estilo de Bahía Cochinos contra Castro. El episodio representó un fenomenal golpe de efecto político y diplomático para Castro y su entonces patrón, el gobernante soviético Nikita Khrushchev.
 
Las 'garantías de seguridad' similares para la República Islámica, viniendo esta vez de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, supondrían una política de seguro de vida aún mayor para un régimen que afronta creciente oposición en casa y creciente aislamiento en el exterior. Tales garantías también eliminarían de un sólo golpe gran parte de las dudas que penden sobre sectores clave de la economía de Irán.
 
Y, AÚN ASÍ, Ahmadinejad ha decidido rechazar la idea misma antes de que fuera formulada en una propuesta concreta.
 
¿Cuál puede ser la lógica tras la 'diplomacia preventiva' de Ahmadinejad? Una respuesta es que el líder islámico puede inspirarse en las prácticas de los bazares persas, que se basan en la premisa de que cualquier oferta que se hace sobre cualquier ganga es sospechosa, porque puede ser un truco para evitar una oferta mejor aún.
 
Revisando los sucesos del último año o así, Ahmadinejad no puede sino observar que conservando sus opciones armamentísticas, ha recibido ofertas cada vez mejores del otro lado del puesto. Los europeos le están ofreciendo lo que ni siquiera estaban dispuestos a considerar en las negociaciones con su presidente predecesor, Mohammed Jatami. Hassán Ruhani, el mulá que llevó las negociaciones con la UE bajo Jatami, dice que si los europeos le hubieran ofrecido lo que hoy están ofreciendo a Ahmadinejad, habría alcanzado el séptimo cielo.
 
En lo que respecta a 'las garantías de seguridad', Ahmadinejad ve que las sucesivas administraciones norteamericanas rehusaron considerarlas como anticipo de la normalización de relaciones con la República Islámica. Ahora que tantas personalidades americanas prominentes están dispuestas a promover la idea, ¿no debería Ahmadinejad preguntarse si podría sacar más concesiones aún?
 
¿No sería tentador esperar a que el Presidente George W. Bush se fuera, con la esperanza de que su sucesor ofrezca lo que Albright, Brzezinski y Lugar defienden?
 
El verdadero problema con la República Islámica hoy es que Ahmadinejad, al contrario que sus predecesores, está convencido de que, respaldado por el 'Imán Oculto', puede cruzar cualquier línea sin hacer concesión ninguna. El coro de apaciguadores en Europa y Estados Unidos le confirma esta peligrosa creencia. El mensaje de que Ahmadinejad puede sacar cada vez más ofreciendo cada vez menos ya ha aplastado a los realistas de Teherán, que saben que su política de provocación constante podría llevar a la guerra. Contra más se intente apaciguar a Ahmadinejad, menos será apaciguado.
 
Amir Taheri es periodista iraní formado en Teherán. Era el editor jefe del principal diario de Iran, el Kayhán, hasta la llegada de Jomeini en 1979. Después ha trabajado en Jeune Afrique, el London Sunday Times, el Times, el Daily Telegraph, The Guardian, Daily Mail, el International Herald Tribune, The Wall Street Journal, The New York Times, The Los Angeles Times, Newsday y el The Washington Post, entre otros. Actualmente trabaja en el semanario alemán Focus, ha publicado más de una veintena de libros traducidos a 20 idiomas, es miembro de Benador Associates y dirige la revista francesa Politique Internationale.