Evo Morales: el broche de oro

por Pablo Kleinman, 22 de diciembre de 2005

La victoria inesperadamente holgada de Evo Morales en las elecciones bolivianas puede considerarse como «broche de oro» de un año que empezó con la llegada al poder por primera vez de la auténtica izquierda en Uruguay y continuó con la caída de Lucio Gutiérrez en Ecuador y la consolidación política del izquierdista Kirchner y del dictador Chávez en sus respectivos países. El clímax de todo esto fue quizás la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, en la que el gobierno argentino ofició de anfitrión, a la vez que financió la realización de una “anti-cumbre” en la que elementos de extrema izquierda causaron disturbios violentos y cuantiosos daños a la propiedad.
 
En todos los casos triunfaron las posiciones más anti-norteamericanas y más afines a Fidel Castro y a programas de gobierno que siempre resultaron en mayor pobreza adonde sea que hayan sido aplicados con anterioridad. En todos los casos triunfaron las posiciones más renuentes a asumir responsabilidades propias y más inclinadas a culpar a antagonistas imaginarios.
 
Lo más impactante para mí es verificar la inhabilidad extrema de los latinoamericanos para asumir la responsabilidad por sus propios errores y observar nuevamente la propensión que tienen a culpar a factores externos que la mayoría de las veces no tienen nada que ver o ni siquiera existen. Pero esta actitud de víctimas no es nueva, como tampoco lo es el antiamericanismo ahora exacerbado.
 
Hace doce años me fue encomendado un trabajo acerca del federalismo, un tema candente entonces, luego de la disolución de la URSS y de Yugoslavia, y que yo enfoqué hacia el hemisferio occidental por cuestiones prácticas. Con motivo de dicho estudio, analicé la formación de estados-nación como consecuencia de la fragmentación del continente a partir de la independencia de España y resultó que lo de los serbios y croatas era muy poco original, ya que en el caso de cada país hispanoamericano, siempre había un vecino infame responsable de terribles calamidades.
 
Como parte de la historia inculcada por la mayoría de los gobiernos latinoamericanos a sus ciudadanos desde la más tierna infancia, resultó ser que Argentina acusaba a Brasil y Chile de haberle robado, pero era a su vez robador de Uruguay, Paraguay y del propio Chile. Paraguay acusaba a Brasil y Argentina de quitarle territorios, pero era a su vez ladrón de Bolivia, la pobre Bolivia que era inocente víctima también de la codicia de Chile, Perú y Brasil. Perú acusaba a Chile pero era el vil invasor de la “Amazonia ecuatoriana”. Colombia y Venezuela se habían “asaltado mutuamente” y mientras el primero se había “abusado de la debilidad” de Nicaragua, el segundo a su vez reclamaba la mitad del territorio de su vecino Guyana como propio. Ni hablar de los ingleses -¡eternos amigos de lo ajeno!- que despojaron de territorios a países tan distantes como Argentina, Venezuela y Guatemala, esta última víctima a su vez de México, que a la vez lo era de los Estados Unidos… Ni hablar de que los gobiernos de todos estos países a duras penas podían con los territorios que aún conservaban y teóricamente administraban.
 
Todos los países hispanoamericanos, con la notable excepción de Cuba por su condición de isla, y de Bolivia, Ecuador y Uruguay, eran verdugos de sus vecinos y servían para justificar desgracias del pasado y del presente y gastos militares de otra forma innecesarios. En cuanto a las excepciones mencionadas, los uruguayos estaban satisfechos con conservar su fortuita independencia, y si los bolivianos y ecuatorianos no le habían robado a ningún vecino, observaba un colega uruguayo, “no es por buenos sino por boludos; no pueden ni siquiera con lo que ya tienen, se pelean todo el tiempo entre ellos mismos y en cualquier momento pueden hacer implosión”.
 
El hecho de que el diablo mayor y supuesto enemigo común seamos ahora los yanquis se debe a que la actitud latinoamericanista de la izquierda, hoy gobernante, ha trasladado a un segundo plano a los antiguos principales demonios de cada país. No niega esto, sin embargo, que Estados Unidos tenga tanto que ver hoy con la miseria de la región en general, y la de los bolivianos en particular, como lo tuvieron  para estos últimos los “malvados chilenos y paraguayos” durante generaciones.

 
 
Pablo Kleimann es Director General de El Iberoamericano