Euro: ¿es hora de devaluar?

por Enrique Navarro, 15 de septiembre de 2011

 

En los últimos días se han incrementado los rumores sobre la estabilidad del euro, acentuados por la posibilidad de un default griego, así como por la escasez de crédito suficiente para cubrir los déficits públicos que suponen en torno a un 5% del PIB de la Unión Europea; es decir unas necesidades adicionales de financiación anual de los gobiernos de 650.000 millones de dólares. Con las tasas de ahorro actuales y la crisis bancaria, la carrera de cada administración y gobierno por llegar primero a los mercados financieros para pedir dinero se ha traducido en una frenética subida de la prima de riesgo, especialmente de aquellos países que no están tomando en serio las reformas necesarias.
 

En esta crisis, que será más profunda en los próximos meses, concurren dos elementos complementarios pero que requieren de un análisis y solución diferente.
 

Por una parte el nuevo o diferente equilibrio económico mundial; la Eurozona supone en este año 2011 aproximadamente un 19% de la economía global y Estados Unidos el 23%; siendo estas cifras importantes, no han parado de reducirse en los últimos 20 años cuando entre ambas orillas del Atlántico superaban el 50% de la economía mundial.
 

La suma de las economías china y japonesa suponen lo mismo que la Eurozona; y el 90% del crecimiento económico mundial se está produciendo en los países en vías de desarrollo, que tiene su principal causa en el incesante incremento de las materias primas.
 

Sobre un índice base 100 de 2005; y comparando los meses de febrero de 2009 y de 2011; el combustible pasó de 96 a 212; los insumos industriales de 78 a 216; el petróleo de 78 a 216; los metales de 114 a 247 y un producto de tanto impacto en la ganadería como es el maíz, pasó de 157 a 309. Con estas variables y como consecuencia de la crisis financiera, los productores no han podido repercutir los incrementos de precios en sus productos de manera que los ingresos marginales de las empresas no han parado de reducirse, mientras que el consumidor veía reducida su capacidad de compra por la carestía de este tipo de productos básicos y que suponen una parte muy alta del consumo de los países. Estos hechos combinados han producido una caída del consumo sin precedentes en los países desarrollados.
 

La evolución del comercio mundial explica también la alteración del orden mundial. Si bien el comercio mundial crecerá este año un 6,5% y quizás se alcancen los niveles previos a la crisis, el comercio mundial de 2011 tiene poco que ver con el de 2007. En 2010; las exportaciones chinas crecieron un 28,4% y en estos cuatro años de crisis casi un 80%. Hoy China es el mayor exportador mundial, mientras que Corea del Sur es el cuarto, Singapur el doce y Taiwán el 15, con tasas de crecimiento que duplican la de la Eurozona.
 

Si analizamos las balanzas por cuenta corriente, es decir el flujo neto de entradas y salidas por operaciones de comercio y corrientes, de los países se observa claramente donde se esconden gran parte de los secretos de esta crisis y de sus efectos. Los cinco países con mayor superávit en 2010 fueron China con 305.400 millones de dólares en 2010; seguido de Alemania con 188.400 millones, Japón con 166.500 millones, Rusia con 71.130 y la pequeña suiza con 70.360 millones. Estos cinco países totalizan 801.790 millones de dólares de entradas netas su cajas cada año que obviamente salen de otros países; de ellos solo el 22% en la zona Euro por parte de Alemania.
 

Pero vayamos al pelotón de cola, encabezado por Estados Unidos con 470.200 millones de déficit en 2010, seguido por Italia con 68.000 millones, España con 64.000 millones, Reino Unido con 56.400 millones y Francia con 54.400 millones. Es decir que entre los cuatro grandes de la Unión Europea excluida Alemania totalizan un déficit de 242.000 millones de dólares. Teniendo en cuenta que este desequilibrio ya existía hace diez y veinte años, el impacto acumulado de semejante desfase no puede ser menor.
 

Con semejantes desequilibrios en la EuroZona no es difícil imaginar las causas inmediatas de la crisis del euro, y obviamente a medida que crece el desfase, la capacidad de Alemania para liderarla, se desvanece ante la imposibilidad de atender tantos frentes.
 

En definitiva los mercados están descontando lo que los gobiernos no se atreven a admitir, es decir un nuevo orden económico internacional que debe tener su reflejo inmediato en las decisiones políticas.
 

El segundo elemento viene marcado por los déficits públicos, y en particular por aquellos países que vienen sosteniendo déficits públicos estructurales, que deben acudir cada año a los mercados financieros a financiar sus excesos. Endeudarse ha sido visto desde la izquierda tradicionalmente como un instrumento positivo de la política económica con el fin de acelerar artificialmente procesos de redistribución de la riqueza que debían ser pagados por generaciones futuras. Endeudarse además no era problema en plena expansión financiera cuando abundaba la liquidez y las emisiones de letras y bonos se colocaban en el mercado a velocidad de vértigo. Pero como señalaba anteriormente, tanta fuga de recursos hacia los países exportadores ha reducido la liquidez de los mercados europeos y americanos al mínimo. Ahora endeudarse no es que sea bueno o malo, es que es imposible
 

La misión de los gobiernos europeos y norteamericano, principalmente sólo puede ser eliminar el déficit estructural; esto que significa que los presupuestos deben iniciarse cada año con equilibrio de ingresos y gastos como se le exige a una empresa, y que sólo podrán darse desfases a lo largo del ejercicio, en función de coyunturas positivas o negativas. Como los gobiernos deben ser más prudentes que las empresas con la administración de recursos, los superávits deberían reservarse para cubrir los déficits de años posteriores; pero en esa futura Ley orgánica que desarrolle la reforma constitucional debería ser mandatario que todas las administraciones públicas deban elaborar y presentar sus cuentas de forma equilibrada.
 

Obviamente, esto supone replantear muchas políticas, y sobre todo reestructurar el papel del estado en la economía y en la sociedad. Creo que hay que acabar con falsos mitos como aquel tan extendido que afirma que el estado debe ser proveedor de la educación, la sanidad, la cultura, las pensiones etc.; no hay ninguna razón moral u objetiva para que así sea salvo cuando el estado puede proveer el bien de manera más eficiente que el sector privado; éste es el único titulo que faculta al estado a intervenir en la actividad económica mas allá de sus funciones principales que deben ser regulatorias y de provisión de la seguridad y la justicia.
 

Creo que la debilidad de las tres grandes monedas occidentales, el franco suizo queda fuera de este análisis por razones obvias, debería llevar a meditar una devaluación coordinada de las tres monedas. El nuevo orden internacional exige de este reacomodo de la realidad, que además produciría efectos positivos sobre la competitividad de las empresas europeas y obligaría a adoptar decisiones de reducción de la dependencia exterior, especialmente energética. Yo entiendo que para un país como Alemania con su potencial económico y comercial, mencionar la palabra devaluación es como invocar todos los males de la economía y en Frankfurt, pero hasta cuando Alemania va a poder arrastrar en solitario la economía europea? y cual es el deadline para que la propia Alemania se vea imbuida de los propios males que trata de combatir.?
 

A su vez esta devaluación principalmente frente a China, Corea y Japón, permitiría equilibrar en parte la evolución del comercio internacional y producir un beneficioso reajuste de precios y costes.
 

No hay mucho más margen para la salida de la crisis y el tiempo se acaba; si Grecia, cae, que caerá; quizás sea demasiado tarde.