Espiando al judío

por Mark Steyn, 20 de septiembre de 2006

(Publicado en National Review, 28 de agosto de 2006)
 

A comienzos de este año, me encontraba por casualidad en una conferencia abierta con la gran Caroline Glick, del Jerusalem Post. Tras la reunión, un caballero de la audiencia me hizo casualmente algunas alusiones a un aspecto u otro del calendario judío, ante lo cual me quedé momentáneamente perplejo. Y así Caroline le explicó solícitamente que 'Mark no es judío, pero en la televisión interpreta a uno'.
 
A lo que ella se refería es que, dado que públicamente 'defiendo' a Israel (lo que es, en sí misma, una formulación curiosa que acepta implícitamente los límites del enemigo en el debate - siendo el tema la legitimidad de la Entidad Sionista) y como tengo un nombre sospechosamente judío, se asume de manera rutinaria, al menos desde el 11 de Septiembre, que soy judío. El error me honra. Y en realidad, incluso si lo fuera, no hay mucho que pudiera hacer al respecto. En Australia, alguien me preguntó en la radio hacia el final de un extremadamente largo debate cuánto de judío había en mi, y le respondí que la última mujer judía de mi árbol genealógico era mi tatarabuela por parte de padre, mis dos abuelos eran católicos, y completé algo de mi contexto familiar restante para los dos o tres australianos que no se habían quedado fritos a causa del muermazo.
 
Y, por supuesto, sólo llevaba diez minutos fuera de antena antes de ser enterrado en correos electrónicos anunciando triunfalmente, 'Ajá, ¿tenemos algo que esconder, no, Steyn? ¿O debería decir Stein? ¿O es Goldstein? ¿Por qué estar tan a la defensiva por ser judío, eh? ¿Cómo es que no tienes las agallas de afirmar tu carácter judío cada vez que escribes sobre Israel? ¿O tus amos judíos de los medios te animan a mentir a sus lectores?'
 
Yo no sabía que estuviera escondiendo algo. Hay un par de bloques de preguntas acerca de ello en la página bibliográfica de mi página web - '¿Pero por qué no en la página principal, Goldsteinberg, eh? ¿Algo de lo que avergonzarse, eh?' - y, teniendo en cuenta la cifra de columnas que he publicado acerca de Israel desde el 2001, sería un poco pesado explicarlo cada vez. Sí pensé en responder a mis interlocutores preguntando si podrían sugerir un indicador conveniente - una estrella amarilla junto a la línea del nombre, tal vez.
 
Pero en realidad me di cuenta de que este truco barato estaría cometiendo una injusticia con el Tercer Reich. Ni siquiera las Leyes de Nuremberg serían tan diligentes conmigo como mis críticos de Internet: 'Artículo 5, sección primera: un judío es un individuo descendiente de al menos tres abuelos racialmente judíos completos'. Bajo las leyes alemanas de 1935 en materia de raza yo habría sido calificado un ciudadano normal y corriente del Reich. Pero la ciberpolicía de entre mis lectores utiliza un rasero más estricto que el Führer. La mitad de mi correo discurre como una antigua línea comodín de Woody Allen: ¿Hay un pequeño judío en ti? ¿Te gustaría uno?
 
Nick Cohen, del The Observer de Londres, se encontraba en una situación similar. Pre-11 de Septiembre, yo siempre pensé en él como un viejo izquierdista Laborista - es decir, bastante a la izquierda de Tony Blair. Pero él sabía lo bastante acerca de las víctimas iraquíes del totalitarismo Saddamita como para no impresionarse con los desfiles 'de paz' pre-guerra de Londres. Y así, él también era inundado por correos acusándole de mala fe, o, por ser más precisos, mala sangre:
 
Les redacté una respuesta que rezaba, 'pero no ha habido un miembro judío en mi familia durante 100 años'. Sonaba como un alemán suplicando a algún oficial de la Gestapo que viera el error en la documentación. Gracias a Dios, presione el 'borrar' antes de enviar.
 
De modo que sí, soy judío, porque después de todo, solamente un judío puede 'defender' a Israel, ¿no? Realmente no lo 'defiendo' sino por motivos utilitarios: todo país de la región - Israel, Jordania, el Líbano, Siria, Irak, Arabia Saudí - se remonta como estado soberano a hace unos 60-70 años. La única diferencia es que Israel ha logrado el éxito. ¿Deberíamos tener más estados como Israel en la región, o más estados como Siria? No encuentro que sea una pregunta difícil de responder. Y en el momento preciso en que la gente empieza a argumentar acerca de volver a 'las fronteras de 1967', o 'el armisticio de 1948', me pregunto ¿por qué detenerse allí? ¿Por qué no volver al acuerdo de 1922 cuando se creó el Mandato Británico de Palestina, y volver a evaluar la decisión de Londres de entregar el 78% de la tierra a lo que ahora es Jordania? Si usted propone eso, los tíos piensan que te has vuelto loco. ¿Pero por qué las fronteras de hace 40 o 60 años en un mapa tienen que ser objeto de negociación contínua, pero las fronteras de hace 80 años se consideran inviolables?
 
Bien, porque unas implican a los judíos y las otras no. El odio más antiguo no alcanzó esa posición sin capacidad de adaptarse. Los judíos son odiados por lo que son - de modo que, en cualquier momento de la historia, cualquier cosa que sean es motivo para odiarlos. Durante siglos en Europa fueron odiados por ser tipos cosmopolitas sin raíces. Hoy no existen judíos europeos sin raíces a los que odiar, de modo que son odiados por ser una nación-estado ilegítima de Oriente Medio. Si la Entidad Sionista fuera destruida y los supervivientes obligados a convertirse en azafatas de crucero a perpetuidad recorriendo el Caribe, serían odiados también por eso. La única diferencia ahora es que el odio a los judíos resurge a pesar de el total conocimiento de dónde terminó hace 60 años. Hoy, Nasralah y Ahmadinejad animan abiertamente a la destrucción de los judíos, y los líderes musulmanes moderados permanecen en silencio, y los comentaristas de los medios europeos toman parte por los incitadores al genocidio, y los hampones de la ONU insisten en que negociemos con ellos. En los años 30, la voluntad de Europa de no ver el final implícito de aquellas leyes de ciudadanía alemana dejó una mancha moral en el continente. 70 años más tarde no es implícito, y la mancha moral sobre nosotros será mucho peor.

 
Mark Steyn escribe sobre política, arte y cultura y sus textos se pueden leer en en medios de habla inglesa en todo el mundo. Es columnista de The Chicago Sun-Times, el quinto diario más leído en America, también aparece en The New York Sun, The Washington Times, y The Orange County Register en California. Mark realiza colaboraciones habituales para The Jerusalem Post.
 
© Mark Steyn, 2006