Esperadnos

por Rafael L. Bardají, 15 de noviembre de 2015

(Publicado en Libertaddigital.com)

No sé cuánto tardarán nuestros responsables políticos en volver a recordarnos que el Islam es una religión de paz y que losa jihadistas del Estado Islámico, Al Qaeda, Hizbollah, Hamas, la Jihad Islámica, Boko Haran  y de tantos otros grupos terroristas, no representan el verdadero espíritu del Islam. Los seguidores del Estado Islámico han sido mucho más rápidos que ellos: “Cruzados, vamos a por vosotros con rifles y bombas. Esperadnos”, rezaba anoche un tweet en árabe de un conocido propagandista del EI. Un popular hashtag con el que los islamistas celebraban anoche los ataques en París rezaba #Parisienllamas.

Hoy la mayoría de periódicos, incluso los españoles, editorializan “Estamos en guerra”. En realidad una guerra inacabada que empezó a muchos años. Hay quien  la sitúa en 1979 con el asenso al poder del islamista Jomeini en Irán, o con la toma de La Meca por jihadistas precursores de Al Qaeda; hay quien la fija en los ataques del 11S por Bin Laden. Sea como fuere, hace 14 años las televisiones norteamericanas decían lo mismo que los periódicos europeo hoy: “Estamos en guerra”. ¿Pero de verdad lo estamos? El Presidente Obama ha declarado decenas de veces que ya no, que eso es cosa del pasado. Y millones de personas creen que lo de estar en guerra fue cosa de Bush, Blair y Aznar. Yo diría que nunca nos hemos creído de verdad que estamos en guerra. Nunca hemos creído que el terrorismo, por apocalíptico que pudiera ser, era distinto a otra actividad criminal y en nada relacionado con nuestra defensa; nunca hemos creído que los jihadistas en Siria e Irak representasen una amenaza grave contra nosotros; nunca hemos creído que el estado Islámico fuese precisamente eso, un estado islámico.

De hecho la pobres víctimas de anoche dan fe de que en Europa no se vive el día a día con el ánimo de estar en guerra. Unos disfrutaban de una sin duda merecida cena fuera de casa; oros se deleitaban con un concierto de rock duro; otros querían seguir a sus respectivas selecciones nacionales. Hacían una vida normal. El problema es que otros, mientras tantos, interpretan la normalidad como otra cosa, como traernos la destrucción y el horror.

 

Habrá quien explique estos ataques como la reacción jihadista a la escalada militar contra el estado Islámico en Siria. Holande había autorizado ataques selectivos contra nacionales suyos enrolados en las filas del Estado Islámico y en unos pocos días pensaba enviar su único portaviones para incrementar sus bombardeos. Y es posible que esta acción se deba en buena medida a eso. Pero sería un grave error creer que sólo y exclusivamente se debe a eso. Cuadra y se enmarca perfectamente con los valores y la ideología del Estado Islámico o de cualquier otro grupo jihadista que ve en Europa una sociedad decadente, pervertida, débil y blanda a la que doblegar por la fuerza y el miedo.

 

En realidad los ataques jihadistas en Europa –y no sólo los de anoche en Paris- ponen de relieve que el error no estriba en atacarles allí donde los terroristas se hacen fuerte, sino en no hacerlo a tiempo. Siria es el mejor ejemplo del precio de la inacción. Al Qaeda siempre prefirió golpear en Occidente, el “enemigo lejano” porque echarnos del Oriente Medio era percibido como la condición esencial para poder alcanzar sus objetivos en la región. El Estado Islámico tomó desde sus orígenes un rumbo distinto, construir su califato ya y concentrarse en la pureza religiosa frente a sus enemigos dentro del Islam. El enemigo exterior podía esperar hasta que estuviera consolidado su poder. La voladura del avión ruso en Sharm el Sheik viene  a cambiar este planteamiento y el Estado Islámico pasa a defenderse frente a quienes le atacan directamente en su suelo. Paris es sólo otro paso en esa dirección. Y habrá más.