España y Obama

por Manuel Coma, 4 de noviembre de 2012

(Publicado en La Razón, 4 de noviembre de 2012)

A dónde y por donde vayan los Estados Unidos le interesa a todo el resto del mundo, España incluida, aunque no de forma sobresaliente. Mal que bien América sigue siendo lo más aproximado que pueda existir a un gendarme planetario y a la locomotora de la economía mundial. Si se inhibe de los problemas de seguridad globales o si su economía renquea, los demás estamos aviados. Eso suele depender relativamente poco de quién esté en el poder. La hiperpotencia tiene unos intereses que de alguna manera, en grados diversos, nos conciernen a todos y por los que todos nos vemos afectados, pero que en todo caso encuadran el margen de maniobra del inquilino de la Casa Blanca. Puede pensarse que a otro distinto de Bush el 11-S no le hubiera llevado a sajar el tumor iraquí, pero probablemente eso no hubiera hecho más que aplazar el problema a tiempos todavía peores. También puede argumentarse que después de las tensiones con las que el mundo obsequió a su gendarme a propósito del país mesopotámico, cualquiera, hasta el halcón McCain, hubiera tenido que calmar los ánimos, pero estar dispuesto a perder graciosamente guerras, como parece estarlo Obama, es ir demasiado lejos. Las diferencias ideológicas y personales, por tanto, también cuentan.


Lo que es seguro es que una relación como la de Bush y Aznar se sale de todas las pautas y es prácticamente irrepetible. Se basó en la extraordinaria química entre ambos dirigentes. Zapatero la soñó con Obama y su protegida Leyre Pajín creyó verla escrita en las estrellas, pero a pesar de ciertas similitudes personales y afinidades ideológicas y de la disposición a pagar el tributo de la prórroga de nuestra estancia militar en Afganistán y posteriormente de participar en Libia, el americano no pisó nuestro territorio ni cuando ejercimos la presidencia europea y sólo le concedió un par de fugaces encuentros, poco más de lo que por allí llaman una photo opportunity.  Lo único que recibió fue un telefonazo coordinado con el de Merkel y el del remoto Hu Jintao, para tirarle de las orejas exhortándole a que hiciera sus deberes económicos. Con Obama o con Romney es obligación de Rajoy hacerse valer todo lo que pueda en la Casa Blanca. Un acceso fluido es más importante que cualquier cuestión bilateral concreta,  pero verdaderamente puede poco. Lo único que atraería de nuevo la atención de Washington sería que el peso muerto de la economía española amenazase con arrastrar a toda Europa. Esa ha sido una inquietud de fondo del candidato demócrata, pero a estas alturas su apremio electoral ya ha pasado. Volverá a presentarse, porque Europa preocupa al mundo y si no sabemos hasta qué punto la pequeña Grecia podría dar el tirón fatal, estamos seguros de que eso estaría al fatídico alcance de nuestro país.  


La inversa también es cierta. Poco tenemos en nuestras manos para aislarnos de los males que pudieran llegar de la otra orilla del Atlántico. En seguridad y economía no hay manera ser ajenos a la política que se haga en América. Es posible que la forma en que nos afecte sea indirecta y como parte de tendencias muy generales en las que nos veamos envueltos, pero si Obama es negativo para los Estados Unidos, tal y como estoy convencido, en contra de la aproximadamente mitad de votantes que lo habrán elegido si revalida su mandato, lo es para el mundo y para España. Si recorta su potencia y presencia militar, como se propone, este mundo se vuelve más peligroso. Su “giro hacia Asia” es un acierto y una necesidad estratégica, pero está cercenando los medios con los que podría llevarlo a cabo de una manera efectiva, sin contar con que es mucho lo que falta para poder desengancharse del Oriente Medio y el mundo árabo-musulmán.
Con la cabellera de bin Laden en la mano, Obama presume de su implacable política antiterrorista, sin reconocer, mezquinamente, la herencia de Bush. Esa es un área de intereses comunes que hay que mimar. La colaboración  en Latinoamérica deber ser una política que beneficie grandemente a las tres partes. Pero nuestra prioridad absoluta consiste en conseguir ser en todo para Washington más importantes que Marruecos.