España, ni está ni se la espera

por GEES, 10 de diciembre de 2004

Suponiendo que lo digan de buena fe, cada vez es mayor la diferencia entre la percepción que tiene el Gobierno sobre los éxitos de su política exterior y la que se tiene fuera de nuestro país.
 
Durante una temporada han querido creer que las relaciones con Estados Unidos seguían siendo buenas. Incluso en posición más cómoda que antes, porque no estábamos de rodillas.  El Ministro de Asuntos Exteriores llegó a decir, suponemos que a creerse -¡pobre Curro!-que hablaba todas las semanas con Colin Powell.  Pasadas las elecciones y visto que Bush no se le pone al teléfono al Presidente del Gobierno, se han dado cuenta de que las relaciones no son tan buenas.  Y ya de pronto ni siquiera el ministro puede pasarle el mensaje a Powell, porque tampoco era tan cierto, después de todo, que hablase todas las semanas con “mi amigo Colin”.
 
Y ya parece evidente que esto lo han visto otros. Antes un presidente, acaso menos simpático que el actual, hablaba con Bush y defendía ante la gran potencia los intereses de España, los de los españoles, -véase el caso de las clementinas-, pero también los de sus aliados, especialmente mediterráneos y latinoamericanos.  Basten como ejemplo la reincorporación de Libia a la comunidad internacional y su renuncia a apoyar al terrorismo, o el apoyo norteamericano en los organismos financieros internacionales ante la crisis argentina de hace dos años.  Ambos fruto de las gestiones de Aznar, como es bien sabido, incluso para el actual gobierno.
 
¿Qué ocurre ahora?  Todo el mundo ha visto que no nos contestan al teléfono. Todos saben que no somos interlocutor. Así que recurren a otros como valedores. Y lo malo es que nosotros vamos a tener que empezar a buscarnos uno cuando ya no nos lleguen ni las gestiones del Rey.  
 
¿Qué ha sido de cuando los sirios nos pedían que intercediésemos por ellos y hasta el Rey iba a Damasco para mostrar el apoyo español?  Ahora hemos sabido que los propios sirios nos dijeron a muy alto nivel, tras la retirada de nuestras tropas de Irak, que podíamos contar con su apoyo, si esa retirada nos creaba problemas con USA.  ¡El cambio es notable!
 
¿Y qué ha ocurrido en la Cumbre Iberoamericana, cuyo recuerdo pone tan nervioso al Ministro de Exteriores que pierde los papeles en un programa de televisión?  Pues sencillamente que los principales líderes latinoamericanos se ven obligados a abandonar al Rey, porque nuestras Cumbres tienen menos importancia con la nueva política exterior. Abandonan, además, para ir a ver al Presidente de los Estados Unidos. A ese mismo presidente de quien Zapatero dijo que había que defender a México y Chile.  Y han sido precisamente los chilenos los que han contraprogramado nuestra cumbre con la de APEC, probablemente porque no se dieron cuenta. ¡Tan poco les importa ya la nuestra!
 
A cambio, el gobierno cree que ha entrado en el grupo de los paladines del multilateralismo que va a traer más prestigio a nuestro país.  ¡Ojalá así sea!  Por ahora sólo hemos visto desaparecer al asesor diplomático del Presidente del Gobierno de las reuniones informales que mantenía con sus homólogos francés, alemán, inglés, italiano y norteamericano, y no sabemos si algún otro europeo.  Se cuenta que fue la propia Condi Rice quien dijo que no quería ver más al español.  Como era de esperar, ni franceses ni alemanes han protestado o dejado de ir.  ¡Tampoco es para tanto!  Ya se lo contarán ellos al español, que al fin y al cabo va  a hacer lo que ellos digan.
 
Pero, además, ahora que aparecen proyectos de reforma del Consejo de Seguridad, ¿están Alemania y Francia pidiendo mayor presencia de la Unión Europea en él?  ¿Hay algún lugar para el amigo español? No. Francia no renuncia a ninguno de sus privilegios.  La Grandeur está muy por encima de Europa.   Y Alemania está en plena batalla por conseguir un sillón permanente para ella, no para Europa; para la defensa de los intereses alemanes no los europeos.  A la Unión Europea, como a España, ya se lo contarán ellos, que al fin y al cabo van a hacer lo que ellos digan.
 
Brasil, el teórico amigo de las cumbres del hambre y de los diálogos civilizacionales, también pelea por un asiento en la mesa del Consejo de Seguridad.  No para defender intereses distintos de los suyos.  Y desde luego si algo hará será tratar de convertirse en el portavoz de Latinoamérica ante los otros permanentes ¿Para qué entonces la conexión española? Brasil hablará por los latinoamericanos en Naciones Unidas. Y si estos países ncesitan valedores de sus causas ante Estados Unidos, todos, Chavez incluido, buscarán amigos y aliados que puedan transmitir mensajes y que, evidentemente, no serán aquéllos a quienes no se coge el teléfono. El diseño español de las Cumbres Iberoamericanas se irá desdibujando poco a poco.
 
El gobierno puede seguir ensimismado en esa progresía de volvamos al 68, y creer que todo el mundo está pendiente de su nueva política exterior rompedora. La realidad es bien distinta.  La realidad es que nadie nos hace mucho caso, ni siquiera cuando, como en Túnez, pedimos que otros sigan nuestro ejemplo y retiren sus tropas de Irak.  La realidad es que hemos dejado de ser referencia para amigos y para rivales.  La realidad, triste, es que a España ya no se la escucha. ¿Para qué?