España en positivo

por Ignacio Cosidó, 30 de noviembre de 2003

(Publicado en el Diario Palentino, el 30 de noviembre de 2003)
 
Los españoles caemos a veces en la tentación de fijarnos más en los problemas que en las oportunidades. La realidad es que España es un país admirado e incluso envidiado por otros muchos países. En sólo veinticinco años hemos consolidado una de las democracias más avanzadas del mundo, nos hemos convertido en la octava economía del planeta y nos hemos proyectado al exterior cada vez con más fuerza. Esta nueva realidad española nos permite pensar en España como uno de los grandes protagonistas del siglo XXI.

¿Qué metas debe marcarse esta España democrática, próspera y fuerte en este nuevo siglo? En mi opinión tres son esenciales: España como polo de libertad, España como foco de desarrollo y España como potencia emergente.

España puede y debe jugar un papel esencial en la expansión de la libertad en el mundo. La firmeza y la determinación española en la lucha contra el terrorismo, asentada en varias décadas de combate a ETA, nos coloca como uno de los países con mayor fuerza moral, con mayor capacidad y experiencia y con mayor liderazgo para vencer esta gran amenaza global a la libertad en el siglo XXI.

El desafío de la libertad exige en el plano interno no sólo la derrota definitiva de ETA, sino la superación de la actual ofensiva nacionalista que pretende fraccionar nuestra sociedad y romper nuestro marco de convivencia. Ambas cosas son posibles si sabemos mantener la firmeza de nuestras convicciones. Es preciso además seguir defendiendo las libertades individuales frente a cualquier proyecto o ideología que las amenace y seguir transfiriendo más protagonismo a la sociedad desde el Estado.

Nuestra democracia es además una referencia para muchos países iberoamericanos, mediterráneos y de Europa del Este con los que España debe incrementar su compromiso y su ayuda en la consolidación de sus sistemas democráticos. Por último, España está firmemente comprometida con la libertad de comercio como un factor clave no sólo de liberalización económica, sino de desarrollo integral de la libertad.

El segundo gran desafío para España es propiciar el desarrollo económico y social. Esto pasa antes que nada por alcanzar dos grandes objetivos internos en la presente década: el pleno empleo y la plena convergencia en renta con la Unión Europea. Estos objetivos exigen no sólo mantener la coherencia de la política económica actual, sino profundizar aún más en las reformas pendientes. En especial, resulta imprescindible un aumento de nuestra capacidad de investigación e innovación que nos permita situarnos en la vanguardia de la nueva sociedad del conocimiento.

España debe aprovechar su crecimiento económico para hacer además una sociedad más solidaria, para mejorar sus servicios públicos esenciales y para lograr una sociedad más cohesionada socialmente.

Pero España debe ser capaz de proyectar ese crecimiento económico más allá de sus fronteras. Nuestro país se ha convertido ya en el primer inversor exterior en numerosos países iberoamericanos, pero la expansión de la economía española tiene ahora nuevos espacios en el Mediterráneo, en Europa del Este y en Asia. La ayuda al desarrollo debe no sólo aumentar su cuantía económica, sino también la eficiencia de sus programas para tener un verdadero efecto en los países receptores. La inmigración a nuestro país supone a su vez nuevos vínculos financieros y sociales con los países de origen que pueden tener un impacto positivo sobre su desarrollo. La lucha contra el hambre, la enfermedad y el analfabetismo deben ser ejes de nuestra acción exterior, para lo que debemos potenciar la acción de nuestras organizaciones no gubernamentales.

En un mundo crecientemente globalizado nada hay más peligroso que enredarnos en nosotros mismos. La idea de España es una idea esencialmente abierta, el proyecto de España es un proyecto de futuro, la realidad de España es una realidad global. España es ya una gran potencia cultural que debe actuar como un agente de civilización en el mundo. España es ya una potencia económica que debe convertirse en un factor de desarrollo internacional.

España es ya una potencia estratégica que debe proyectar paz y estabilidad en todo el planeta. Esa España democrática, próspera, comprometida y abierta al mundo es la España que debemos ambicionar para el siglo XXI.