Es bueno que los ricos se enriquezcan

por Gerardo del Caz, 11 de octubre de 2007

Hace justamente diez años se publicó en Estados Unidos el bestseller “Guns, Germs and Steel”, traducido al español como “Armas, gérmenes y acero”. En él, Jared Diamond, su autor, llegaba a una conclusión aparentemente muy plausible y atractiva para la izquierda: en un primer momento Occidente se desarrolló y se hizo próspero por su geografía más favorable y, después, se hizo rico a costa del resto del mundo imponiendo el sistema capitalista.
 
Jared Diamond es además de un buen vendedor de libros, un prestigioso sociólogo, pero como economista deja bastante que desear. La realidad es que la prosperidad de Occidente no se puede explicar sin el concepto de propiedad privada, de su aceptación y respeto por unas instituciones y del desarrollo del mercado como el mejor y más eficiente medio para asignar recursos y necesidades en libertad. El respeto a la propiedad privada garantizó el comercio, promovió la actividad económica e hizo surgir la industria y, con ella, enormes ganancias de productividad que en el s.XIX desterraron las proposiciones maltusianas que afirmaban que, antes o después, sería inviable el crecimiento económico.
 
Hoy en día no es casual que sean aquellas sociedades que mejor garantizan la propiedad privada las que cuentan con economías más dinámicas, las que más se desarrollan y en donde los individuos son más libres. Y esta garantía y respeto por la propiedad privada tiene hoy un nombre claro: bajos impuestos.
 
Impuestos y prosperidad
 
Los escépticos de la globalización y los herederos del naufragio ideológico de la izquierda afirman continuamente que el mundo está atrapado en una espiral de reducción de impuestos que impedirá llevar a cabo lo que ellos llaman “políticas sociales” y que, en realidad, significan más gasto público.
 
Afortunadamente tienen razón en lo primero. Los impuestos han disminuido en casi todos los países del mundo y sus efectos han sido claros: estimular el crecimiento y la creación de puestos de trabajo. Pero este hecho, lejos de haber debilitado las arcas públicas de los diferentes países, ha permitido que las finanzas de los Gobiernos sean más grandes y sólidas.
 
En el reciente informe “Making the Most of Globalization”, publicado por la OCDE, se muestra una clara relación entre impuestos bajos y la recaudación fiscal de cada país. En la última década un gran número de Gobiernos redujo sus tipos impositivos a sociedades y empresas. En algunos casos mediante recortes drásticos. En todos los casos los Gobiernos vieron sus ingresos fiscales incrementarse no sólo en términos absolutos sino también relativos.
 
Como lo muestra la Fig. 1, a pesar de las bajadas de impuestos para sociedades, los ingresos fiscales a partir de empresas se han incrementado en términos relativos sobre el PIB  y, por tanto, esto significa que a menos que se haya aceptado una pérdida de eficacia de las administraciones públicas, existe aún mucho margen para reducir aún más los tipos impositivos.
 
Fig. 1. La curva de Laffer funciona
 
Los impuestos de sociedades bajan…

 
 
… Pero los ingresos fiscales por el impuesto de sociedades, en relación al PIB, han mejorado
 
 
Fuente: OECD Database, OECD Revenue Statistics
 
En los países de la OCDE las bajadas de impuestos han sido las más grandes del mundo. Al reducir los tipos impositivos y fomentar las exenciones fiscales se ha atraído inversión exterior, se ha fomentado la creación de empresas y han aumentado los beneficios corporativos generando, a su vez, más capacidad de inversión y entrando en ese círculo virtuoso del crecimiento económico. En definitiva: bajando los impuestos se ha recaudado más y las empresas han invertido más.
 
El estudio prueba, además, la falsedad de las teorías que afirman que el comercio internacional es una suma cero; es decir el argumento de que todo lo que uno gana se  obtiene a expensas de un perdedor. La mejora de los niveles de bienestar cuando se reducen las barreras comerciales se hace también patente: la OCDE encontró que, en un aumento del 10% en la apertura de la economía al exterior, es decir la parte de importaciones y exportaciones sobre el PIB, conllevaba como media un 4% de aumento en la renta per capita.
 
“Reagonomics is back”
 
Lo cierto es que la tendencia mundial, curiosamente con la excepción de los Estados Unidos y de países como España, se define por la vuelta a los postulados económicos que promovió la administración de Reagan en la década de los 80: bajar los impuestos, disminuir la regulación, incrementar la competencia y fomentar el comercio mediante la eliminación de barreras.
 
Países en Asia como Singapur, Malasia, Taiwán, etc. han realizado importantes bajadas de impuestos o están en proceso de hacerlo. Ello, junto al hecho de que se están reduciendo las barreras de entrada en los diferentes mercados, garantiza un incremento de los flujos de inversión directa en toda la zona y la consolidación de economías aún hoy llamadas “emergentes”.
 
Sin embargo es en Europa donde nos encontramos con el mayor y más significativo cambio de mentalidad. Gobiernos que hace unos años se vanagloriaban de que sus ciudadanos estaban dispuestos a ver mermada su renta en un 60% son ahora los que están inmersos en una sana competición fiscal para ver quién baja los impuestos más y más rápidamente con un principal beneficiario: sus ciudadanos
 
Reagan, uno de los presidentes norteamericanos con menor popularidad en Europa, es paradójicamente el inspirador de esta revolución fiscal que está teniendo lugar en Europa y de la que podemos encontrar ecos desde Francia, donde Sarkozy se ha comprometido a reducir en 5 puntos el tipo de sociedades, a Italia, Suecia, Suiza eliminando impuestos de bienes e inmuebles por ser “económicamente contraproductivos”, como afirmó el ministro sueco hace unos meses.
 
Aunque pocos funcionarios europeos lo reconozcan, esta bajada de impuestos es en gran parte una respuesta al éxito que han tenido hasta hace poco las políticas estadounidenses para estimular la creación de empleo y el crecimiento económico. De hecho, las reformas norteamericanas hicieron que el compromiso de Lisboa, el de hacer de Europa el área más competitiva del mundo, se hayan quedado en planes, libros blancos, proyectos y poco más. Europa, con sus altos impuestos y sus elevadísimos costes laborales es cada vez menos competitivo.
 
Lo más positivo es que, por fin, la idea de que la creación de empleo y riqueza siguen a unos tipos impositivos bajos ha sido mundialmente aceptada y que ministros como el de la República Socialista de Vietnam hayan prometido una bajada drástica de impuestos para atraer capital exterior y crear un ambiente favorable a la creación de empresas. Sin duda alguna, otro de los aspectos más destacables que se incluyen en el testamento de Ronald Reagan es este: hoy los tipos impositivos son un 25% inferiores a los de 1970 en todo el mundo
 
Hay margen para bajar los impuestos en España
 
¿Y qué hay de España? La realidad es que bien poco. Tras la bajada de impuestos en los años de Aznar no se ha hecho absolutamente nada. La presión fiscal que soporta la economía española volvió a crecer en 2006 hasta situarse en el 36,5% del PIB.
 
“¿Cómo es posible que aumente la presión fiscal sin que aumenten los tipos?”. Se pueden preguntar algunos. Pues es sencillo, la economía, al seguir creciendo, genera más rentas, más empleo, más cotizaciones a la seguridad fiscal, más IVA. Además. las rebajas fiscales entre 1999 y 2003 han aumentado la base sobre la que se aplican los tipos impositivos y por eso aumenta la recaudación. Es decir, al mismo tiempo que hay más gente con trabajo y que precisa menos prestaciones sociales, el Estado recauda más.
 
Lo inteligente, claro está, sería continuar reduciendo los impuestos para mantener la recaudación sobre el PIB constante y, si es posible, lo más baja posible. Los ciudadanos son los que mejor saben qué hacer con su dinero.
 
Lo cierto es que España, desde 2003 no se ha movido un ápice y se ha convertido en uno de los países europeos con mayor presión fiscal (Fig. 2) y lo peor es que el actual Gobierno socialista es incapaz siquiera de plantearse esta situación de forma seria y con visión a largo plazo.

 
Fig 2.Presión fiscal sobre las empresas en  la OCDE
 
Fuente: OCDE, Eurostat (Estonia), elaboración propia.
 
 
Si a esto añadimos una productividad muy baja por empleado, elevada rigidez laboral, falta de inversión en nuevas tecnologías, se comprende que sea muy difícil para España atraer inversión extranjera y generar riqueza.
 
Se suele decir que el primer paso para curar a un enfermo es que éste quiera realmente salir de la enfermedad. Actualmente no podemos decir que eso esté sucediendo en España. A la vez que el Presidente Zapatero se ufana de un déficit fiscal contable anuncia irresponsables medidas electoralistas para incrementar el gasto público y justificar esos impuestos. Si se quiere hacer algo por la economía española, la respuesta es muy fácil: sígase a aquellos países que lideran el crecimiento en Europa. No hay que inventar nada. Simplemente bájense los impuestos y favorezcan la inversión empresarial y la actividad económica.
 
Sería interesante ver que piensa Jared Diamond de las tasas de crecimiento de Irlanda, Hong Kong o Estonia y si seguirá explicando que para hacerse rico hace falta una buena localización geográfica. Que sepamos la de estos países no ha variado nunca. Lo que si que ha cambiado son sus tipos impositivos que es la mejor forma de respetar la propiedad y el esfuerzo.

 

 
 
Gerardo del Caz es Analista de Política Internacional, especialista en temas de seguridad y desarrollo en Asia.