Epitafio: ¿qué fue de Bush?

por Jeff Jacoby, 6 de junio de 2008

(Publicado en The Boston Globe, 28 de mayo de 2008)

¿Se acuerda de George W. Bush? Fue el presidente que en 2002 advertía que Irán y Corea del Norte formaban parte de un “eje del mal, que está poniendo los medios para amenazar la paz del mundo.” Bajo su dirección -manifestaba- “Estados Unidos no permitirá que los regímenes más peligrosos del mundo nos amenacen con las armas más destructivas del mundo.”
 
Bush fue el líder que en el discurso de apertura de su segundo mandato prometía “apoyar a los movimientos y las instituciones democráticas en toda nación y cultura, con el objetivo último de poner fin a la tiranía en nuestro mundo.” Hizo saber que la ferocidad de dictadores y criminales no sería consentida. “Algunos,” decía con razón, “han elegido de manera imprudente poner a prueba la resolución de América - y han descubierto que es firme.”
 
¿Qué fue de él? ¿Dónde está ahora ese presidente que tras el 11 de septiembre planteaba una opción clara a los patrocinadores de la violencia jihadista - “Estáis con nosotros, o estáis con los terroristas”? Y lo que es más importante, ¿dónde queda la política exterior que una vez defendió?
 
Durante algún tiempo ya viene siendo obvio que la Doctrina Bush - con la excepción clara de Irak - no sobrevivió a la presidencia Bush. Al margen de las emocionadas palabras del presidente acerca de apoyar a los reformistas democráticos, por ejemplo, los disidentes y los que buscan la libertad han quedado ampliamente olvidados.
 
“Cuando defendáis vuestra libertad,” decía Bush a los presos de conciencia en 2005, “nosotros os respaldaremos.” Pero mientras el valiente demócrata Ayman Nour se pudre en una cárcel egipcia, Washington sigue enviando 1.800.000.000 dólares en ayudas cada año al brutal régimen de Hosni Mubarak. La administración restauraba las relaciones diplomáticas totales con Muamar Kadhafi en Libia, impedía que se designara como patrocinador del terror, y hasta invitaba al ministro de exteriores libio a la Casa Blanca. Pero ha traicionado a Fathi el-Jahmi, el disidente democrático más conocido de Libia, que ha pasado años en las mazmorras de Khadafy por atreverse a defender el pluralismo y la libertad de expresión.
 
De manera que ha desaparecido, en un país tras otro. En Rusia, en Arabia Saudí, en China, el compromiso con la libertad y la reforma democrática por parte de la administración Bush ha degenerado en poco más que una expresión verbal sin convicción. La “agenda de la libertad” de principios que Bush defendió de manera tan ardiente se ha evaporado. En su lugar se encuentra la vieja agenda “realista” que él había jurado reparar: estabilidad, a ausencia de cambios sustanciales, respaldo al hombre (fuerte) de turno.
 
¿Y que haya aquellos regímenes peligrosos que buscaban hacerse con las armas más destructivas del mundo?
 
En una desalentadora portada del Weekly Standard acerca de la trayectoria de Condolízza Rice como secretario de estado, Stephen Hayes observa que seis años después de que Bush instase a impedir que Irán y Corea del Norte se hicieran potencias nucleares, “Corea del Norte es potencia nuclear e Irán está a punto de serlo… o realizando progresos sustanciales.” A pesar de “una serie aparentemente incesante de negociaciones multilaterales” encaminadas a neutralizar a las dos dictaduras, Pyongyang y Teherán no se han vuelto menos provocadores, sino más. “Y en cada uno de los casos,” escribe Hayes, “el Departamento de Estado ha hecho todo lo que ha podido para evitar confrontar estas provocaciones no sea que pusieran en peligro nuestra diplomacia.”
 
La Doctrina Bush estaba clara: cualquier régimen que ayudara a terroristas u otros enemigos de Estados Unidos pagaría un elevado precio. Pero cuando Corea del Norte fue sorprendida abasteciendo de tecnología nuclear a Siria, el Departamento de Estado quiso mantener en secreto las noticias - por miedo, escribe Hayes, a que el descubrimiento público de la proliferación nuclear de Corea del Norte pudiera arruinar las negociaciones.
Cuando preguntó a Rice qué precio ha pagado Irán por armar y entrenar a los insurgentes iraquíes que matan tropas norteamericanas, ella respondía vagamente que “hay montones de consecuencias” pero mencionaba exclusivamente la captura de un mando paramilitar iraní en Irbil hace 18 meses. “Bien,” decía ella, al ser presionada con si negociaría con Irán o no al mismo tiempo incluso que fomenta el terrorismo, “hemos dicho que vamos a hablar de todo, vale.”
 
Allá por el 2000, Rice echaba en cara a la administración Clinton estar tan obsesionada con los árboles de la diplomacia que repetidamente le impedían ver el bosque de los intereses nacionales norteamericanos. “Los acuerdos y las instituciones multilaterales no deberían ser fines en sí mismos,” escribía en un ensayo para la revista Foreign Afairs. Ahora, lamentablemente, ella encabeza una política exterior completamente clintoniana, en la que las negociaciones y los acuerdos y las conversaciones se anteponen a cualquier mejora o cambio real. Desde Corea del Norte a la Autoridad Palestina pasando por Naciones Unidas, los principios de la Doctrina Bush han sido olvidados. “Hemos pasado,” relata tristemente a Hayes un funcionario del Departamento de Estado, “de una política de prevención a una política de capitulación preventiva.” ¿Va a ser ése el epitafio de la política exterior de Bush?