En Bolivia podría haber genocidio

por José Brechner, 14 de diciembre de 2006

Las divisiones y confrontaciones que se han intensificado y magnificado en Bolivia desde que asumió el gobierno extremista de Evo Morales, quien es su principal instigador en vez de su apaciguador, parece que degenerarán inevitablemente en una guerra civil de inusitadas características y dimensiones, que puede convertirse en conflicto internacional.
 
Bolivia además de estar fraccionada políticamente en dos bandos, uno conformado por la oposición que defiende la economía libre, la democracia y las autonomías regionales y otro agrupado en el oficialismo, que aboga por la economía socialista, el caudillismo y el centralismo, tiene profundas divergencias de índole cultural, étnica y regional.
 
El gobierno en vez de buscar la concertación y la unidad nacional, que fue lo que trataron de hacer todos los anteriores administradores del ejecutivo, incita al enfrentamiento, azuzando a sus correligionarios a combatir contra un enemigo que aún no se sabe con certeza quién es. Si hay choques ¿será entre etnias, regiones, clases sociales? ¿El gobierno contra la oposición? ¿Todos contra todos?
 
Morales acusa a los “oligarcas” de ser sus adversarios, pero por definición la única oligarquía es la gubernamental. No puede haber millones de oligarcas, como denuncia el presidente.
 
El panorama es horrendamente siniestro. Lo único que se sabe hasta el momento, es que el ejército está recibiendo armamento proveniente de Venezuela. Los comandantes de las Fuerzas Armadas Bolivianas están literalmente vendidos al oficialismo, percibiendo bonos exorbitantes bajo la condición de que obedezcan a militares caribeños que les ordenan lo que deben hacer.
 
Siendo armas modernas las que ingresan al país, en cantidades que sólo Chávez puede costear, las posibilidades de defensa de la población civil son casi inexistentes. El ejército boliviano, de ser el más raquítico de Sudamérica, pasará a contar con equipamiento nunca antes visto y será dirigido por oficiales extranjeros que planean establecerse en Bolivia, so pretexto de contrarrestar la presencia norteamericana en los tradicionales juegos militares de sus vecinos.   
 
Las Fuerzas Armadas Bolivianas son las únicas que cuentan con la capacidad organizativa y entrenamiento adecuado para combatir. El resto de la población son paisanos sin ninguna experiencia bélica y sin pertrechos para hacer frente a una guerra fratricida. Si el ejército arremete contra los civiles, las víctimas pueden llegar a cientos de miles.
 
Como sucedió en Sudán, Ruanda o Yugoslavia, el mundo observará complacientemente durante largo tiempo hasta que alguien se atreva a entrometerse. Confiar en la ONU, es igual que tener a nadie. Son más los que apoyan a Chávez en el foro internacional, que los que defienden la justicia, la libertad y los derechos humanos.
 
Los directos afectados serían: Brasil, que depende del gas boliviano para dar energía a Sao Paulo y se vería forzado a intervenir si se corta el abastecimiento. La Argentina de Kirchner está con Evo y con Chávez. Tratará de no involucrarse pero deberá lidiar con los refugiados que buscarían asilo en ese país. Chile con quien Bolivia no mantiene relaciones diplomáticas, siempre estuvo en señal de alerta y tiene un ejército bien preparado y equipado. Paraguay que  libró su última guerra con Bolivia entre 1932-35, está más atento que cualquiera y, por último Perú, pueblo indígena andino similar al boliviano, vería descomponerse su sociedad a la cabeza de Ollanta Humala. Simultáneamente, Chávez trataría de armar y resucitar a Sendero Luminoso para derrocar a Alan García, como amenazó recientemente el grupo sedicioso.    
 
Para evitar un genocidio se requeriría de la presencia militar estadounidense, que podría demorar, esperando formar una alianza continental contra Chávez. Una vez derrotado el aspirante a Stalin latinoamericano, Morales y los demás acólitos del coronel se caerían automáticamente. Estando los ánimos calmados en la región, la ONU enviaría a sus miopes e inoperantes cascos azules para preservar la paz. Ese sería el escenario más negro y al paso que andan los acontecimientos, el más probable.