Elogio póstumo a Milton Friedman

por Jaime García Legaz, 20 de noviembre de 2006

(Publicado en La Razón, 20 de noviembre de 2006)
 
 
El jueves pasado falleció en San Francisco Milton Friedman, premio Nobel de Economía y el más grande e influyente economista de los últimos cincuenta años.
 
Casado con Rose (con la que escribió, entre otros, uno de sus libros más influyentes, “Libres para elegir”), nació en Nueva York en 1912 en el seno de una familia de inmigrantes judíos.
 
Milton Friedman se licenció en economía por la Universidad de Rutgers y se doctoró por la de Columbia, y fue catedrático de las universidades de Chicago y Stanford. En su última etapa trabajó para la Hoover Institution. Asesoró a varios presidentes estadounidenses, entre otros, Richard Nixon y Ronald Reagan. Sus discípulos, conocidos como los “Chicago boys”, asesoraron al gobierno de Chile en los años setenta y ochenta.
 
La brillantez de sus aportaciones le hicieron merecedor de los galardones más prestigiosos, entre ellos, la medalla John Bates Clark, en 1951, la presidencia de la American Economic Association, en 1967, el Nobel, en 1976, y la medalla presidencial por la Libertad y la medalla nacional de la Ciencia, en 1988.
 
Friedman enarboló siempre la bandera de la libertad individual. En la economía, por supuesto, pero también en los restantes ámbitos. Fue, por ejemplo, el creador de la idea del “cheque escolar”, en 1955. Criticó sistemáticamente los ataques a la libertad y, tras Friedrich von Hayek, lideró la Mont Pelerin Society, el foro de pensamiento liberal por antonomasia, fundado por el también Nobel austríaco.
 
En Friedman se repite un hecho común a los más grandes economistas de la historia: sus contribuciones revolucionarias se extienden a ámbitos muy diversos de la economía: la teoría del consumo (creó la teoría de la “renta permanente”), la teoría monetaria y de la inflación (fundamentó la explicación de la inflación como “fenómeno monetario siempre y en todo lugar”), la teoría del desempleo (creó la teoría de la “tasa natural de desempleo”), la teoría sobre las políticas anticíclicas (con su crítica a la síntesis neoclásica y a la curva de Phillips tradicional) y la teoría de los ciclos económicos (con su explicación monetaria del ciclo), entre otros. Fue también un gran historiador económico. Además del ya citado, de entre sus libros destacan “Capitalismo y libertad” e “Historia Monetaria de los Estadios Unidos 1867-1960”. Destaca también su discurso de investidura como presidente de la American Economic Association.
 
Friedman es el fundador del “monetarismo”, una escuela de pensamiento nacida en Chicago. También conocida como escuela neo-neoclásica, el monetarismo rebate las principales tesis y conclusiones de la teoría  keynesiana.
 
La primera crítica al keynesianismo se refiere a la supuesta inestabilidad intrínseca de la economía capitalista de mercado y al origen real del ciclo económico. Friedman atribuye el origen del ciclo a factores monetarios, más concretamente al manejo discrecional de la política monetaria. A su juicio, la política monetaria es una herramienta peligrosa. Contra lo que algunos piensan, Friedman no es que la considere inefectiva, sino muy potente a corto plazo sobre la actividad y el empleo, pero no debe ser utilizada con el pretendido fin de estabilizar la economía, porque los retardos de esta herramienta, largos y variables, la convierten en un instrumento desestabilizador. A largo plazo, además, los efectos reales de la política monetaria expansiva desaparecen.
 
La curva de Phillips aumentada con las expectativas de inflación, desarrollada por Phelps y Friedman, explica que los trabajadores revisan sus expectativas y reajustan sus salarios a la mayor inflación, anulando los efectos cortoplacistas de la política de demanda expansiva, pero la mayor inflación permanece. Friedman explica así que los intentos de reducir el paro por debajo de su “tasa natural” de forma sostenida mediante políticas de demanda expansivas están condenados al fracaso.
 
La teoría monetarista tiene consecuencias devastadoras para el modelo keynesiano en términos de política económica: las políticas expansivas de demanda son inútiles a largo plazo para reducir el desempleo, y además son contraproducentes, al generar elevaciones permanentes de la tasa de inflación. Por todo ello, los monetaristas defienden una política monetaria reglada (una tasa de crecimiento de la oferta monetaria constante) compatible con la estabilidad de precios y una política fiscal orientada hacia el equilibrio presupuestario. Para reducir el paro, los monetaristas defienden reformas estructurales por el lado de la oferta, principalmente la reducción del exceso de generosidad de los subsidios de desempleo.
 
Como historiador, Friedman difiere radicalmente del keynesianismo en su análisis de la Gran Depresión. Friedman dedicó mucho esfuerzo a explicar que la mayor parte de la responsabilidad de la gran crisis de los treinta tuvo su causa en los errores cometidos por las autoridades monetarias de los Estados Unidos que, en su opinión, aplicaron una política monetaria discrecional muy restrictiva.
 
Con Friedman muere no sólo una gran economista, sino el padre de una escuela y un gran abanderado de la libertad. Los liberales estamos de luto.
 
 


Jaime García-Legaz es Economista del Estado y Director de Economía de FAES