Elecciones legislativas en Serbia

por Mira Milosevich, 13 de mayo de 2008

Los resultados de las Elecciones Legislativas serbias celebradas el pasado 11 de mayo reflejan que se ha producido un significativo cambio político en la sociedad serbia, culminación de un largo proceso que comenzó con los bombardeos de la OTAN (1999).  Por primera vez, desde la caída del Régimen de Slobodan Milosevic, los demócratas unidos en la coalición “Para la Serbia Europea”(Partido Demócrata- PD; Grupo 17- G17; Partido Democrático de Sandzak- PDS; Liga Socialdemócrata de Vojvidina-LSV; Movimiento Serbio de Renovación- MSR) cuya lista encabeza el actual Presidente de Serbia y líder del PD, Boris Tadic, han superado con creces al Partido Radical Serbio (PRS), cuya cabeza de lista es el criminal de guerra Vojislav Seselj. En la pasada legislatura, los radicales tenían 81 escaños en el parlamento Serbio (de 250); ahora han bajado a 77, en contra de todas las encuestas, que les daban una victoria  segura. Los demócratas han sumado 102 escaños (en la pasada legislatura tuvieron 84).
 
Pero ésta no es la única novedad en el paisaje político. Es muy significativa la derrota del Partido Demócrata Serbio (PDS) -que ha bajado de 47 escaños a 30-  cuyo líder, Vojislav Kostunica, hasta ahora Primer Ministro de Serbia , provocó la convocatoria de estos comicios, a menos de un año de los anteriores (el último gobierno se formó el 15 de mayo de 2007), alegando que su partido no podía participar en un gobierno cuyo objetivo principal era el ingreso en la Unión Europea, toda vez que la mayoría de los países miembros de ésta reconoció la independencia de Kosovo. Con este acto, Kostunica afirmaba públicamente  lo que todos estos años hizo en privado: que es un nacionalista radical. Gesto que le ha costado una derrota que le impedirá ser la pieza clave de las posibles coaliciones gubernamentales, como lo había sido hasta ahora. Su papel decisivo para posibles coaliciones lo ha heredado por sorpresa Ivica Dacic, el líder del Partido Socialista Serbio, que en coalición con el Partido de los Jubilados Serbios (PJS) y Serbia Unida (SU), ha ganado 20 escaños (el SPS tenía sólo 6 en la anterior legislatura). Pero el ascenso del de SPS se explica si se tienen en cuenta dos hechos: que ha entrado en el grupo de los partidos socialdemócratas europeos, lo que significa que ha decidido librarse del lastre de la memoria de su líder anterior, Slobodan Milosevic, y que el PD  le ha ayudado económicamente en la campaña para evitar que el voto socialista pasara a los radicales - lo que había venido ocurriendo desde la caída de Slobodan Milosevic. El SPS podría entrar en el gobierno junto al PRS y al DSS (si los demócratas no consiguen formar el Gobierno a pesar del excelente resultado), o con el PD, el PDL (Partido Democrático Liberal) y varios partidos de las minorías (húngaros, musulmanes de Sandzak; gitanos).
 
Pero más allá de los números y escaños que reflejan el cambio político, conviene analizar en qué consiste éste.  En primer lugar, las elecciones no han sido -por mucho que se les ha presentado así en los medios de comunicación- un referéndum para elegir entre Kosovo y Europa. Prueba de ello es la insistencia del PD en ambos, en la integración europea y en la integridad territorial de Serbia.  Por tanto, el intento de los nacionalistas radicales de dividir la sociedad serbia en patriotas y traidores,  como en los años noventa, cuando Milosevic guerreaba por la antigua Yugoslavia, no ha dado resultado (los del PRS y PDS habían declarado antes de las elecciones que el primer acto de su futuro gobierno sería anular el Acuerdo de Asociación y Estabilidad -AAE- recién firmado con la UE por “el traidor Boris Tadic”).
 
Pero este resultado no significa que la sociedad serbia no esté dividida. Lo está. Una división que es el resultado, por una parte, del fracaso del objetivo perseguido por  la OTAN en los bombardeos -la inmediata derrota del régimen de Milosevic-,  que se demoró de dos años más de lo previsto, dividiendo a los serbios en nacionalistas radicales y aspirantes a demócratas. El nacionalismo radical ha comenzado a fracasar, pero su desaparición no está aún próxima. La victoria de los demócratas, no significa la renuncia de Kosovo, sino más bien una aceptación del futuro común, de Kosovo y Serbia  en la UE.
 
En la campaña electoral se ha demostrado que la división no se da entre traidores y patriotas, sino entre objetivos de diferentes partidos, lo que, refleja cierta madurez política. Pero estos diferentes objetivos pueden ser el mayor obstáculo para el gobierno de coalición, pues algunos de ellos -como la cuestión de la integridad territorial de Serbia, o el AAE-  fueron causa de la disolución temprana del anterior, aunque  también cuentan la ratificación del acuerdo energético con Rusia, la construcción de la autopista Horgos-Pozega, o la colaboración con el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Boris Tadic no lo va a tener fácil a la hora de pactar el nuevo gobierno, pero ha obtenido, al menos, una victoria simbólica, al terminar con el mito de que los serbios no son capaces de realizar reformas democráticas antes de solucionar su cuestión nacional. No se puede esperar de ningún líder serbio, sea demócrata o nacionalista, que acepte la independencia de Kosovo, no sólo por el vínculo identitario de los serbios con esta provincia, sino porque este reconocimiento sería ilegal.
 
Por último, aunque no en último lugar, estos resultados han dado una lección a todos los políticos europeos que en los últimos quince años optaron por la política de palo y zanahoria hacia Serbia, creyendo que, sólo castigando a los serbios, éstos reaccionarían contra sus viejos demonios. Se ha demostrado todo lo contrario. Los serbios han votado por los valores europeos cuando los europeos han dejado de castigarles. La UE, firmando diez días antes el AAE con Serbia, dio una clara señal de apoyo a los demócratas, lo que ha sido fundamental para una población que sufre los castigos impuestos a sus líderes políticos. Ahora no  ha sido difícil optar por  una Europa de mano tendida.