El velo iraní
por
Rafael L. Bardají,
14 de Noviembre de 2011
(Publicado en La Gaceta, 14 de noviembre de 2011)
Por fin las Naciones Unidas han aceptado lo que muchos sospechábamos: que el velo iraní no sólo sirve para cubrir a las mujeres, sino también para ocultar su ambición nuclear militar. El informe de la agencia Internacional de la Energía Atómica de la pasa semana no deja lugar a dudas. Para las Navidades del 2012, un Irán atómico.
Es una desgracia que muchos líderes no quieran verlo. Como nuestro inefable Rubalcaba quien afirma que prefiere los pajarillo y la mariposas, cual buen salvaje, a lo nuclear (sólo le ha faltado citar, como su jefe, a Pocahontas). Pero la verdad es que hay muchos otros que sí quieren energía y bombas nucleares. No vivimos en un mundo sin bombar, sino que nos adentramos en un universo polinuclear de manera acelerada.
Hiroshima inauguró la era atómica; el Sputnik, la carrera espacial; la caída del muro, la borrachera democrática. La bomba iraní abrirá una nueva era: la del chantaje chiita a escala global y, muy posiblemente, la de la primera guerra atómica de verdad. Irán no es un país cualquiera: es la potencia Persa sobre el Islam; es la minoría chita vengativa sobre sus congéneres; es la fuerza revolucionaria jomeinista que aspira a la dominación total.
Lamentablemente lo único que queda entre usted y el futuro califato atómico es Israel, ese pequeño país que, cual aldea gala de Asterix, se resiste a perder lo que es, un país libre, rico, joven, dinámico y judío, asediado por todos. Vecinos, enemigos y amigos.
América no nos va a salvar esta vez, como lo hizo contra el imperialismo germano del 14, el nazismo del 39 y el comunismo de después. Nuestra única esperanza es Jerusalén. Por eso es estúpido y suicida castigar a quien nos puede salvar. Si no quiere vivir bajo el velo, barbudo y atomizado, no hay más salida. Apoye a su mejor aliado y evite, así, la pesadilla atómica que viene.
Read english version
- Compartir
-