El triunfo de Cameron: realidades, interrogantes y retos
por
Alfredo Crespo Alcázar,
07 de Mayo de 2010
Las tan esperadas elecciones británicas llegaron. La consecuencia principal que han dejado, por obvio que parezca, es el triunfo del Partido Conservador después de 13 años de dominio laborista. Sin embargo, las lecciones derivadas de estos comicios van más allá.
En efecto, nos hemos encontrado con una campaña electoral apasionante que ha durado casi tres años, esto es, el tiempo comprendido entre la dimisión de Blair y el 6-M. Durante este periodo hemos asistido a fenómenos tan diversos y, en ocasiones, contradictorios, que van desde el apoyo incondicional de los británicos a Gordon Brown tras los atentados del 30 de junio de 2007, hasta el éxito arrollador de los tories en las pasadas elecciones europeas. Entre estos dos extremos, los resultados de ayer se sitúan a mitad de camino. Victoria conservadora aunque sin mayoría absoluta.
¿Y los liberales? Mucho ruido y muchos titulares ha dejado su líder Nick Clegg; sin embargo, a la hora de la verdad, los progresos han sido escasos. Por lo tanto, la estructura de partidos permanece inalterable. Dicho con otras palabras: los tories no han logrado la mayoría absoluta, fenómeno susceptible de dificultar su labor de gobierno.
La victoria de Cameron, asimismo, pone de relieve el éxito de los partidos de centro derecha en Europa. Éstos son percibidos por el electorado como los más capacitados para afrontar la crisis (económica) actual. En efecto, el escenario económico se convertirá en el corto plazo en el gran examen para los tories, más incluso que las relaciones internacionales. Un test duro, cuya complejidad aumenta debido a la puesta marcha de medidas (erróneas) proteccionistas e intervencionistas en la fase final del gobierno de Gordon Brown. A favor de los tories juega su fama de grandes gestores, algo que, por ejemplo, ya demostraron en 1979, tras el primer triunfo electoral de Thatcher, cuando heredaron un Estado en bancarrota a todos los niveles. Ahora la situación, aún dentro de la gravedad, no tiene la magnitud de entonces, pero igualmente exigirá recetas tan inmediatas como exitosas.
Con todo ello, es de prever que el contexto doméstico tendrá prioridad sobre el internacional y diplomático, donde los tories ya han mostrado algunas credenciales en los últimos tiempos: serán un “socio incómodo” en la Unión Europea, Estados Unidos tendrá la vitola de socio preferente para Downing Street, sin olvidar el binomio Irak-Afganistán.
En definitiva, Reino Unido afrontará unos próximos meses excitantes. Los conservadores han vuelto y lo han hecho a un país y a una sociedad que poco tiene que ver con la que dejaron en 1997. Sin embargo, si algo ha caracterizado a los tories a lo largo de su historia es su capacidad de adaptación a través de la cual han sabido introducir aquellos cambios que el país demandaba. El veredicto es claro: David Cameron invita al optimismo.
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