El Islamismo sigue siendo una amenaza para la sociedad abierta
por
Alfredo Crespo Alcázar,
02 de Julio de 2010
“El islamismo está progresando en los últimos años y el mundo civilizado está incurriendo en errores profundos, culpándose a sí mismo del odio musulmán, subestimando y apaciguando al enemigo” (pp.12).
Ahora que el terrorismo islamista recrudece su acción en Afganistán, merece la pena recuperar esta pequeña obra publicada hace algunos meses. Nos encontramos con una obra estructurada en 12 capítulos (el undécimo y el duodécimo dedicados a anexos documentales y a bibliografía). Toda ella rezuma realismo a la hora de encarar el gran reto al que se enfrentan las sociedades abiertas europeas en el siglo XXI: el Islamismo y sus metas que son tan claras como siniestras. “Hoy hacemos frente a una ideología radical de objetivos inalterables que pasan por intimidar y esclavizar al mundo de naciones libres. Ninguna concesión que hagamos, ni acto de contención, independientemente de su naturaleza, cambiará o limitará los planes de quienes están entregados al asesinato indiscriminado”, nos dice el autor(pp.14).
Esta ideología, a la hora de llevar a la práctica sus postulados teóricos, se servirá de medios variados y sofisticados. Dentro de estos últimos, por ejemplo tomará parte en el proceso político, a fin de realizar cambios acordes con su ideología (liberticida), la cual presenta como características más sobresalientes, que no únicas, las de “maniqueísmo, extremismo, utopismo y simplicidad” puesto que, como Merlos explica más adelante, carece de un programa político que desee implantar. Este es un aspecto a tener muy en cuenta y al cual dedica parte del trabajo: cómo esta ideología extremista utiliza el entramado de derechos y libertades constitucionalmente arraigados de aquellas sociedades a las que quieren aniquilar.
Islamofascismo o radicalismo islámico son algunos de los nombres que mejor describen a esta perversión del Islam. Su finalidad esencial es la imposición de la Sharia, para lo cual, en los estadios o fases intermedias, tenderá a destruir cualquier otra ideología (socialista, liberal, comunista), ya que su grupo de enemigos es extenso e ilimitado (todo aquél que no comulgue con sus postulados): cristianos, judíos, ateos o los propios musulmanes que se convierten en apóstatas si no aplican y apuestan por la Sharia.
En efecto, y para ello el autor ofrece datos del Departamento de Estado de EEUU, es el factor religioso el que impulsa a la mayoría de las actividades terroristas (“no sólo los grupos de idiosincrasia religiosa han superado con el paso de los años a los de origen laico desde el punto de vista cuantitativo. Son más numéricamente pero además son más activos y más letales”, pp.24.25). Todo ello enlaza perfectamente con un aspecto que nos explica Alfonso Merlos en el capítulo 5 (“Doctrina del núcleo de referencia del salafismo”): buena parte de los nuevos nombres del salafismo no se han caracterizado por un pasado excesivamente religioso (tal es el caso de Sayyid Outb, Abu Hamza Al Masri o Abdesalam Faraj).
Sin embargo, esta ideología destructora tiene “un déficit” y es que carece de programa político: “Más allá de la rígida retórica antiliberal el islamismo yihadista ha demostrado la carencia de un programa político que merezca tal nombre.(…)Bin Laden y sus herederos tienen como única meta secuestrar cualquier esfuerzo democratizador en el mundo árabe, por minoritario que sea y extirpar la democracia allí donde ha germinado con fuerza: aspiran a destruir todo y no construir nada” (pp.49-50).
La ideología, por tanto, juega un role determinante para captar nuevos adeptos y es aquí donde encontramos uno de los aspectos más sofisticados y que el autor nos describe con minuciosidad y conocimiento de causa: hay organizaciones, con fines siniestros, que incluso llegan a condenar la violencia (aunque de forma vaga) pero que el paso del tiempo demuestra que individuos que han pasado por ellas, más tarde se han integrado en la yihad. Por tanto, los poderes públicos deben poner punto y final a aquellos grupos que, bajo fines presuntamente religiosos y caritativos, permanecen al margen de toda vigilancia. Estos grupos son un buen ejemplo de cómo beneficiarse de la lógica de derechos y libertades que caracteriza a las sociedades abiertas europeas, para más tarde tratar de destruirlas.
Otra parte sobresaliente de la obra es la dedicada a desmitificar determinadas creencias que se han ido consolidando en la investigación y combate del terrorismo islámico, en especial la (falsa y errónea) consideración de que pobreza y (ausencia) de educación son las causas que lo fomentan. El autor fulmina de un plumazo esta falsa premisa y nos ofrece la explicación real: los terroristas no proceden de Estados pobres sino de aquéllos en los que hay fuertes restricciones a la libertad. La veracidad de esta afirmación queda complementada con la siguiente: el terrorismo (islámico) no va dirigido contra regímenes autoritarios sino contra las democracias.
Siguiendo este hilo conductor, el mundo occidental ha cometido errores en su combate, uno de los más importantes (quizás el principal), culparse a sí mismo, idea que la izquierda más radical no duda en emplear con una finalidad tan oportunista como detestable: arremeter contra los gobiernos especialmente de Europa y Estados Unidos, responsables según su óptica de los padecimientos de los musulmanes.
En cuanto a los patrones de reclutamiento, éstos son variados aunque la finalidad es siempre la misma: obtener el mayor número de seguidores, de ahí que se dirijan tanto a las clases privilegiadas (invocando para ello a razones de patriotismo) o a las más marginales (culpando a occidente de esa situación de penuria en la que están instalados). Con tal finalidad, Alfonso Merlos nos ofrece un recorrido completo por diferentes países europeos explicando cómo se ha producido en ellos el reclutamiento islámico (Cap. 9. “Las redes continentales de apoyo al terrorismo en Irak”). El rasgo más sobresaliente es que muchos de los captados viajaron a Irak para recibir un adoctrinamiento que, posteriormente, en su vuelta a Europa, transmitieron y aplicaron.
Imprescindible es la parte en la que el autor, una vez ha definido y caracterizado a este siniestro enemigo, ofrece un listado de recetas para combatirlo, dejando claro desde el primer momento que la equidistancia y la neutralidad de quienes defienden (o por mejor decir, de aquellos que dicen defender) el sistema de libertades, se convierte en la mayor ayuda para quienes quieren acabar con las democracias liberales. Y aporta pruebas al respecto: la actuación de la jueza italiana Clementina Forleo en cuya sentencia no hablaba de actos terroristas…sino de “operaciones de guerrilla”. Franco Frattini (Ministro de Exteriores italiano), con pesimismo, sostenía que con ello no hacía más que transmitir un peligroso mensaje: Europa como un lugar cómodo para que el terrorismo islámico pueda establecerse y desarrollarse (pp.70-71).
Por tanto, intentar apaciguar o tratar de dialogar con un interlocutor como el Islamismo que no sólo no respeta sino que trata de destruir libertades y derechos, es una forma de multiplicar y acentuar el problema. La propia experiencia “en terreno” muestra lo acertado de esta afirmación puesto que en el capítulo 2 (“Europa o el soñado heartland de la yihad): en Oriente Medio, los moderados y los partidarios de la democracia han sido borrados por los radicales.
En el capítulo 10 (“Corolario: contra la sombra y la plaga del apaciguamiento”) insiste en la idea. Con las propias palabras de Alfonso Merlos: “para recorrer este largo camino que Occidente está obligado éticamente a liderar será necesario soltar el lastre que representan quienes, desde las elites políticas y desde algunas alcantarillas por las que transitan voluntariamente tanto académicos menores como consagrados intelectuales, entienden que es posible el entendimiento cuando no el abrazo con los que creen en la opresión, son llamados por el odio y se obstinan en socavar la paz mundial, la prosperidad y la seguridad internacional” (pp.90). Y, como ya sucediera para derrotar al gran enemigo de la libertad durante el siglo XX como fue el comunismo, hace falta determinación y creer en la victoria.
"El Islamismo como amenaza ideológica a las sociedades abiertas europeas",
Alfonso Merlos García,
Fundación Iberoamérica Europa, Colección Cuadernos FIE número 30, Madrid, 2009, 121 páginas.
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