El valor de la inteligencia

por Ignacio Cosidó, 7 de diciembre de 2003

(Publicado en el Diario Palentino, el 7 de diciembre de 2003)
 
La muerte de siete agentes de nuestro servicio de inteligencia en Bagdad ha traído a primera página el papel esencial que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) juega en estos momentos en la lucha global contra el terrorismo. El mejor homenaje que podemos tributar a ellos, a sus familias y sus compañeros, es el reconocimiento de una labor, discreta por naturaleza, pero imprescindible para garantizar la seguridad, la libertad y la tranquilidad de todos.

El mejor arma que tenemos para enfrentarnos al terror es la inteligencia. El terrorismo plantea precisamente un conflicto asimétrico en el que nuestra superioridad tecnológica y militar no es suficiente para derrotarlo. El carácter no estatal de la mayoría de los grupos terroristas y la clandestinidad con la que en todo caso algunos estados apoyan estas actividades, hace que la disuasión en términos convencionales sea inaplicable frente a este tipo de amenaza.

El objetivo de los servicios de inteligencia es por tanto poder identificar y localizar una amenaza difusa e invisible. La inteligencia, como la luz, debe permitir dar forma al enemigo, lo que constituye un requisito previo y esencial para su destrucción.

El fortalecimiento de nuestra capacidad de inteligencia debe contemplar al menos tres aspectos: la potenciación de los servicios nacionales, lograr una mayor integración de la información obtenida por los diferentes servicios y una creciente colaboración internacional.

La potenciación de los servicios nacionales de inteligencia es el primer paso. Esta potenciación debe contemplar antes que nada un aumento de los recursos que dedicamos a esta función. Esta es una prioridad que se refleja bien los Presupuestos Generales del Estado para el año 2004, en los que el presupuesto del CNI crece más de un 17% para alcanzar los 162 millones de euros. Por otro lado, el terrorismo ha puesto de manifiesto la importancia de la denominada inteligencia humana. Los medios técnicos de inteligencia, cada vez más sofisticados y potentes, son necesarios pero no suficientes, o dicho de otro modo, añaden valor pero no sustituyen, a la tradicional inteligencia basada en fuentes humanas. El mayor éxito en el combate contra el terrorismo viene de la infiltración en las redes que lo protagonizan, aunque esta misión suponga al mismo tiempo el mayor riesgo.

En segundo lugar, es imprescindible la mejora de la coordinación entre los diferentes servicios de información que operan en nuestro país, con el objetivo de lograr una mayor integración de la información obtenida por todas ellas. En España se dio recientemente un paso importante en esta dirección al crearse la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia que bajo la autoridad del Vicepresidente Primero reúne a los Ministros de Asuntos Exteriores, Interior y Defensa. Queda ahora por desarrollar los niveles técnicos de cooperación en cuya reglamentación se está ya trabajando.

Pero este fortalecimiento de nuestra comunidad de inteligencia nacional no resulta suficiente frente a una amenaza que como el terrorismo que tiene una clara dimensión transnacional. Es imprescindible, por tanto, crear una verdadera comunidad internacional de inteligencia que abarque a todas las democracias.

En esta línea, se ha constituido recientemente una Célula de Inteligencia bajo la autoridad del Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea. Por otra parte, se está fortaleciendo también el intercambio de inteligencia en el seno de la OTAN.

En la lucha contra las nuevas amenazas a la seguridad los servicios de inteligencia van a tener necesariamente un mayor protagonismo. En nuestro caso, la creciente proyección exterior de España exige además una especial potenciación de nuestras hasta ahora limitadas capacidades de inteligencia exterior.

La muerte de nuestros siete compatriotas en Bagdad parece demostrar que los hombres y mujeres de nuestro servicio tienen la voluntad firme de asumir ese desafío, aunque a veces deban asumir el riesgo de pagar con su propia vida.