El temor a demasiados bebés es difícil de soportar

por Mark Steyn, 31 de octubre de 2006

(Publicado en Chicago Sun Time, 22 de octubre de 2006)

La mañana del pasado martes, en el ala de maternidad de alguna parte de los Estados Unidos, llegaba el americano número 300 millones. Él o ella recibió una bienvenida marginalmente más cálida que Mark Foley presentándose para entregar los títulos en algún instituto. Se podrían haber predicho los decepcionados editoriales de los periódicos europeos, presas del terror por otra adición más a la nutrida cohorte de americanos en exceso consumiendo cada vez más de los cada vez más escasos recursos del planeta. Y, cuando el National Post de Canadá anunciaba ''Aterrador' incremento lleva a Estados Unidos a los 300 millones', se puede apreciar su terror: los millones de Demócratas que afirmaron mudarse al norte tras la re-elección de Bush tienen que haber provocado una increíble tensión en las autopistas, escuelas, psicólogos especializados en traumas, etc de Canadá.
           
Pero la menuda criatura habría esperado una bienvenida más cálida de sus compatriotas. Al contrario. 'Trescientos millones parecen ser saludados más con ambivalencia fruto de la ansiedad que con orgullo de sacar pecho', observaba el Washington Post, que se inclina por lo segundo incluso con la mejor de las intenciones. No se saca tampoco pecho en Vermont. 'Organizaciones como el Population Media Center radicado en Shelburne conmemoran la cota de los 300 millones con renovadas advertencias de que el crecimiento de la población mundial es insostenible' informaba Burlington Free Press. Por todo el país, el siniestro hito provocaba esta reacción de un sombrío Dowell Myers. 'En 300 millones', observaba el profesor de demografía y planificación urbana de la University of Southern California, 'empezamos a ser aplastados bajo el peso de nuestra propia degradación de la calidad de vida'.
 
Yo, por otra parte, me sentí bastante contento por el nacimiento de esa pequeñita degradadora de la calidad de vida. El día anterior, mi nuevo libro era publicado. Lo encontrará en todas las buenas librerías -- está avanzando a paso firme hacia los primeros estantes acusando el peso de los ejemplares no vendidos del Peace Mom de Cindy Sheehan. De cualquier manera, el libro -- el mío, no el de Cindy -- trata en parte de las implicaciones geopolíticas de la demografía -- léase tasa de natalidad. Es un tema fácil para ponerse seco y estadístico, de modo que tengo que achacarlo a mi publicista: presentarlo como preparativo al nacimiento del americano 300 millones es casi el mejor reclamo publicitario que puedes tener y bien vale los 75 pavos con los que sobornó al tipo de la Oficina del Censo. Pero, incluso si usted no tiene un libro que mencionar comercialmente, la llegada del junior 300 millones es algo que todo el mundo debería celebrar.
 
De modo que, ¿por qué nosotros no? La respuesta es que demasiada gente que debería haber aprendido la lección aún disemina la tontería de 40 años de antigüedad sobre 'la superpoblación'. ¿A qué se refiere el profesor Myers con 'degradación de la calidad de vida'? América es el país número 172 menos densamente poblado de la Tierra. Si usted cree estar apretado aquí, intente vivir en Holanda o Bélgica, que respectivamente tienen 1015 y 883 habitantes por milla cuadrada en comparación con los 80 colegas por milla cuadrada de Estados Unidos. Cierto, alguna parte como, digamos, Newark, N.J., es mucho menos bucólica que en 1798. ¿Pero por qué se da eso? Sin duda Myers diría que es expansión urbanística. Pero ésa es la idea: solamente te puedes expandir si tienes un montón de espacio. Como escribía de América una vez el autor británico Adam Nicholson, 'Hay demasiado espacio en los vastos parajes continentales del país como para tener gran cuidado con los detalles inmediatos'. Nada se expande en Bélgica: no es un fenómeno que se plantee a partir de las presiones de la población, sino de la falta de ella.
 
En cuanto a otras degradaciones cuyo peso es tan aplastante para Myers, nombre algunas. América es uno de los mercados de propiedad más baratos del mundo occidental. Me quedé sorprendido al descubrir, allá por el primer verano de la presidencia Bush, que una casa de tres dormitorios con aire acondicionado en Crawford, Texas, podría ser suya por 30.000 pavos y, si eso suena algo excesivo, dos casas prefabricadas montadas como una sobre un par de acres te rebajan hasta 6000 dólares. Y no solamente porque Bush viva al lado y sirva como una especie de escandalosa comunidad psicológica de un solo hombre que impida a los socialistas de caviar de la NPR mudarse y arruinar el vecindario. Estados Unidos es casi el país desarrollado más barato en donde comprar una bonita casa con un gran patio y criar una familia. Ese es uno de los motivos por el que América, casi en solitario entre las naciones occidentales, tiene una tasa de fertilidad sana.
 
Por todos los demás sitios, en su mayor parte, se ha seguido el consejo de Myers y esa institución de Vermont. En América hay 2,1 nacimientos por mujer. En 17 países europeos, hay 1,3 o menos -- es lo que los demógrafos llaman fertilidad 'ínfima', una tasa de la que ninguna sociedad se ha recobrado nunca. La población de España se reduce con cada generación. Estas naciones hacen lo que Myers y los adictos a la 'sostenibilidad' de Vermont califican de lo socialmente responsable, y tienen menos bebés. Como resultado, sus países se mueren demográficamente y (de manera más inmediata) económicamente: carecen de los bastantes jóvenes para sufragar los generosos programas sociales que los cada vez más numerosos vetustos europeos han envejecido esperando.
 
A propósito, me pregunto si a algún solícito lector le importaría proporcionar una definición de 'insostenible' que funcione. En nuestros días lo escuchamos todo el tiempo. A duras penas puedes acudir a una conferencia internacional sobre esta o aquella crisis global sin que Natalie Cole abra el banquete de la gala de la noche de apertura de los ministros de economía del G-7 sin un par de coros de 'Insostenible, eso es lo que eres'. Hace dos siglos, cuando Malthus advirtió de la superpoblación, contemplaba las perspectivas de un hombre 'nacido en un mundo ya poseído' -- es decir, sin tierra apartada para él, sin empleo, sin comida. 'En el grandioso banquete de la Naturaleza' escribía Malthus, 'no hay reservado para él'. Pero eso no es a lo que se refieren Myers y compañía. Nadie piensa seriamente que 400 ó 500 millones de americanos van a llevar a hambrunas en masa. Por 'insostenible', se refieren a poder tomar posesión incluso ligeramente de la zona de hábitat del mosquito del oeste del Nilo en el norte de Maine. Lo que es triste si consideras que este o aquel insecto es más importante que la especie más críticamente en peligro de extinción del mundo desarrollado: la gente. Si usted tiene un cuidado del lenguaje más escrupuloso, notará que en lo que respecta a la población, lo 'insostenible' son sus bajas tasas de natalidad: España, Alemania, Italia y la mayor parte de los restantes pueblos europeos no pueden sostenerse, literalmente -- que es el motivo por el que, en una de las transformaciones demográficas más rápidas de la historia de la humanidad, su continente se está haciendo musulmán.
 
En relación a los hechos, no tienes que cruzar el Atlántico para ver las consecuencias de la pérdida del capital humano: Burlington Free Press haría mejor en preocuparse menos del americano número 300 millones y más de los autobuses escolares cada vez más vacíos arriba y abajo del Green Mountain State. Solía bromear con que Vermont era la principal provincia canadiense de América, pero en realidad es peor que eso: demográficamente, es miembro honorario de la Unión Europea.
 
En la realidad que es un mundo occidental cada vez marchito y estéril, el americano 300 millones es el ejemplo más básico de excepcionalismo americano: feliz cumpleaños, chico, y que cumplas muchos más.


 

 
 
 
Mark Steyn es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto. Trabajó para la BBC presentando un programa desde Nueva York y haciendo diversos documentales. Comienza a escribir en 1992, cuando The Spectator le contrata como crítico de cine, Más tarde pasa a ser columnista de The Independent. Actualmente publica en The Daily Telegraph, The Chicago Sun-Times, The New York Sun, The Washington Times y el Orange County Register, además de The Western Standard, The Jerusalem Post o The Australian, entre otros.