El talante de la crispación

por Ignacio Cosidó, 5 de diciembre de 2004

(Publicado en el Diario Palentino, el 05 de diciembre de 2004)
 
El PSOE llegó al poder con la promesa de acabar con la crispación que según ellos había provocado Aznar. El talante y el dialogo se convirtieron así en muletillas que trataban de ocultar una pavorosa ausencia de proyecto para España. La amplia sonrisa de Zapatero, la frescura de sus ministras y sus concesiones gratuitas a los más radicales debería conducirnos al mundo feliz y tranquilo de ZP. Sin embargo, ocho meses de gobierno socialista nos han llevado a mucha mayor crispación territorial, institucional, política y social de la existía en España con el PP.
 
No hay mañana que no nos levantemos con un improperio o con un insulto por parte de  ERC, el principal socio parlamentario del Gobierno, al resto de los españoles. Cuando no es un chantaje al Gobierno para que en 48 horas reconozca la inexistencia del valenciano, es el boicot a la candidatura olímpica de Madrid 2012. Un día nos dicen que no conciben una Nación catalana sin Estado independiente y al día siguiente proponen modificar la constitución para quitar a las Fuerzas Armadas su misión de defender nuestra integridad territorial.
 
El Gobierno vasco, por su parte, sigue adelante con su plan secesionista agradecido de que el foco de atención se haya desviado hacia Cataluña, lo que le permite avanzar hacia la independencia con mayor discreción. Ni siquiera propuestas como la llamada a la deserción de los deportistas vascos en las selecciones españolas tienen ya suficiente eco ante las sandeces de los republicanos catalanes.
 
El PSOE se equivoca de plano si considera que con su claudicación permanente a los chantajes de los nacionalistas radicales logrará reducir la crispación territorial. Por el contrario, sus concesiones generan dos efectos. Por un lado, envalentonan a los radicales para poner el listón cada vez más alto y por herida en la  relación entre Cataluña y la Comunidad de Valencia. La paralización del Plan Hidrológico Nacional ha echado a la calle a muchos murcianos reclamando su derecho a beber. La ruptura del Archivo Histórico de Salamanca generará un gran resentimiento entre muchos castellanos y leoneses. La revisión de la financiación autonómica tiene un gran potencial de enfrenamiento entre las comunidades ricas y las pobres.
 
En la vida política la crispación está alcanzando también niveles preocupantes. La bronca parlamentaria llegó al extremo de que casi la mitad del Congreso abandonara esta semana sus escaños ante la negativa de su Presidente a dar la palabra al portavoz del Grupo Popular. El consenso en política exterior se ha hecho añicos por la torpeza de un Ministro de Asuntos Exteriores que carece del más elemental sentido de Estado. El Pacto por la Justicia de la legislatura anterior ha dado paso a un enfrentamiento radical sobre la reforma del Poder Judicial. El Ministro de Defensa no ceja cada mañana en su empeño por arrojar los muertos del Yak-42 sobre la conciencia del principal partido de la oposición. La Comisión del 11-M parece una trifulca en la que los nuevos dueños del poder pretenden saldar cuentas con el pasado.
 
En el campo institucional las cosas no están mucho mejor. El Gobierno tiene declarada la guerra al Consejo General del Poder Judicial de mayoría conservadora. La campaña laicista que ha desatado el Gobierno contra la Iglesia Católica está provocando un progresivo enfrentamiento entre ambos. Las Fuerzas Armadas se han sentido dolidas por la instrumentación partidista del accidente del Yak-42, que por el momento sólo han pagado los militares. La Guardia Civil se siente desamparada ante la campaña de descrédito que se ha levantado en su contra y la pasividad del Gobierno para salir en su defensa.
 
Tenemos, por último, una creciente crispación social. Los agricultores se han manifestado en Madrid por la falta de compromiso de este Gobierno con el futuro del campo. Los astilleros se han incendiado por la falta de credibilidad de las promesas del Presidente del Gobierno. En los estadios de fútbol comienzan a verse los primeros signos xenófobos que pueden crecer al calor de la irresponsable política migratoria del Gobierno.
 
En definitiva, tenemos hoy más crispación territorial, política, institucional y social de la existía hace un año. La incapacidad, la debilidad y la falta de criterio de este Gobierno están en el origen de muchos de los conflictos a los que estamos asistiendo. El verdadero talante de Zapatero parece ser el de la crispación.  otro generan el recelo del resto de las comunidades autónomas. Así, la cuestión del valenciano ha abierto una profunda herida en la  relación entre Cataluña y la Comunidad de Valencia. La paralización del Plan Hidrológico Nacional ha echado a la calle a muchos murcianos reclamando su derecho a beber. La ruptura del Archivo Histórico de Salamanca generará un gran resentimiento entre muchos castellanos y leoneses. La revisión de la financiación autonómica tiene un gran potencial de enfrenamiento entre las comunidades ricas y las pobres.
 
En la vida política la crispación está alcanzando también niveles preocupantes. La bronca parlamentaria llegó al extremo de que casi la mitad del Congreso abandonara esta semana sus escaños ante la negativa de su Presidente a dar la palabra al portavoz del Grupo Popular. El consenso en política exterior se ha hecho añicos por la torpeza de un Ministro de Asuntos Exteriores que carece del más elemental sentido de Estado. El Pacto por la Justicia de la legislatura anterior ha dado paso a un enfrentamiento radical sobre la reforma del Poder Judicial. El Ministro de Defensa no ceja cada mañana en su empeño por arrojar los muertos del Yak-42 sobre la conciencia del principal partido de la oposición. La Comisión del 11-M parece una trifulca en la que los nuevos dueños del poder pretenden saldar cuentas con el pasado.
 
En el campo institucional las cosas no están mucho mejor. El Gobierno tiene declarada la guerra al Consejo General del Poder Judicial de mayoría conservadora. La campaña laicista que ha desatado el Gobierno contra la Iglesia Católica está provocando un progresivo enfrentamiento entre ambos. Las Fuerzas Armadas se han sentido dolidas por la instrumentación partidista del accidente del Yak-42, que por el momento sólo han pagado los militares. La Guardia Civil se siente desamparada ante la campaña de descrédito que se ha levantado en su contra y la pasividad del Gobierno para salir en su defensa.
 
Tenemos, por último, una creciente crispación social. Los agricultores se han manifestado en Madrid por la falta de compromiso de este Gobierno con el futuro del campo. Los astilleros se han incendiado por la falta de credibilidad de las promesas del Presidente del Gobierno. En los estadios de fútbol comienzan a verse los primeros signos xenófobos que pueden crecer al calor de la irresponsable política migratoria del Gobierno.
 
En definitiva, tenemos hoy más crispación territorial, política, institucional y social de la existía hace un año. La incapacidad, la debilidad y la falta de criterio de este Gobierno están en el origen de muchos de los conflictos a los que estamos asistiendo. El verdadero talante de Zapatero parece ser el de la crispación.