El silencio de los medios ante la "contra-jihad" musulmana

por Stephen Schwartz, 31 de mayo de 2007

Los principales medios occidentales han demostrado ser incapaces o no estar dispuestos a informar a las audiencias occidentales de las personalidades que representan la 'contra-Jihad' islámica (…) El problema es más de silencio mediático que de silencio musulmán.
 
El silencio musulmán ante el terrorismo se ha convertido en el cliché predecible el discurso mediático. Se sostiene hoy ampliamente entre los no musulmanes por todo Occidente que ningún representante de la fe de Mahoma denunciará la violencia contra judíos, cristianos, hindúes y los demás, incluso si los musulmanes no fundamentalistas son con diferencia las víctimas más numerosas del terrorismo. La existencia misma de un islam pluralista y moderado es puesta en duda tan ampliamente en Occidente que con frecuencia parece que no haya alternativa a la guerra de extremos entre los malintencionados de ambas partes de la división cultural y religiosa.
 
Los musulmanes no permanecemos en silencio ante el radicalismo, y las demás ideologías que apoyan el terrorismo desde el interior de las filas de la comunidad islámica global o umma. Pero los principales medios occidentales han demostrado ser incapaces o no estar dispuestos a informar a las audiencias occidentales de las personalidades que representan la 'contra-Jihad' islámica, los principios que la impulsan, o los hechos cotidianos de su lucha. Cuando se invoca la batalla por la mezquita, con demasiada frecuencia se hace por parte de comentaristas que no tienen idea de cómo se conforma este debate, dónde se ubican sus frentes, o quién representa a la tendencia.
 
El problema es más de silencio mediático que de silencio musulmán. Además, los medios importantes censuran a los musulmanes moderados y pluralistas y después filtran, o mejor, refractan a través del prejuicio racista en la audiencia mediática. Pretenden convertir la guerra contra el terror en una guerra contra todo el islam. Hace casi dos años, en TCSDaily, destaqué el fallo básico de comprensión en los medios cuando tratan el desafío del islam radical. Ignoran al islam moderado simplemente como una variación de fidelidad y una falta de disciplina con respecto al islam radical. En sus peores efectos, el silencio de los medios acerca del islam moderado disuade del reclutamiento de moderados para actividades antiterroristas, pero también disuade la solidaridad de los no musulmanes que de otro modo podrían asistir a los musulmanes moderados.
 
No existe un ejemplo más inmediato o elocuente de cómo afectan estos factores a la opinión pública norteamericana que la reciente cobertura en los medios de las detenciones de un complot terrorista para atacar Fort Dix. Cuatro de los seis sospechosos detenidos en el caso resultaron ser albaneses étnicos. Determinados comentaristas se apresuraron a declarar que todos eran albaneses procedentes de Kosovo, y lanzar reproches como refugiados de una guerra faltos de agradecimiento en la que los Estados Unidos habían intervenido para salvar a los musulmanes. La rabia se extiende por la blogosfera contra todos los albaneses -- incluyendo a los cristianos albaneses, presumiblemente, acerca de los cuales pocos saben algo aparte de la albanesa moderna más conocida, la Madre Teresa. Resultó, sin embargo, que los tres hermanos Duka procesados en la conspiración, Dritan, de 28 años, Shain, de 26, y Eljvir, de 23, proceden de la ciudad de Diber, en Macedonia occidental, y no de Kosovo. Nadie del estamento tertuliano occidental se ha molestado en disculparse ante los albanokosovares por sus alegaciones contra una comunidad entera, basadas en la presunción, el alarmismo y la disposición a irritar.
 
Además, los hermanos Duka no tenían nada que ver con la guerra de Kosovo ni con el flujo de refugiados, sino que habían sido traídos a Estados Unidos cuando eran pequeños. Mientras que sus barbas sin recortar parecían una señal inequívoca de haberse convertido en fieles de la secta wahabí ultra fundamentalista, no asistían a una escuela albanesa norteamericana, sino a una institución árabe-pakistaní, el Centro Islámico del Sur de Jersey. Como se observaba en el Washington Post, un miembro de la congregación declaraba: 'el hermano mayor era un tipo divertido, un bromista. Pero no era norteafricano ni pakistaní, y las barreras lingüísticas nos obligan con frecuencia a hablar dentro de nuestros propios grupos étnicos'.
 
Los árabes y los paquistaníes son, con gran diferencia, las comunidades musulmanas en Occidente más saturadas de fundamentalismo. Por tanto, captar la peligrosa probabilidad de que la conspiración de Fort Dix como evidencia del islam radical entre los musulmanes de los Balcanes emergiera del submundo creado a partir del dominio wahabí sobre el sunnismo de América costó algún tiempo a los críticos americanos, o a los aspirantes a ese título. He repetido incesantemente que los ideólogos islámicos radicales han tenido más éxito imponiendo la conformidad a los sunníes de Estados Unidos y el Reino Unido que en la mayor parte de los países musulmanes. Hasta Arabia Saudí, la fuente del wahabismo, está atravesando ahora el descontento en masa con el orden wahabí. Los funcionarios wahabíes en América imponen la censura siempre que pueden, pero con una realidad desafortunada: pocos periodistas buscan musulmanes auténticamente moderados que entrevistar o promocionar. En el caso de Fort Dix, parecían estar encantados de asistir a la mezquita donde se enseñaba a los hermanos Duka a dejarse crecer sus barbas wahabíes y escuchar a los funcionarios decirles lo moderados que son todos, pero todo lo que se escucha a los periodistas son excusas en lugar de denuncias del radicalismo.
 
Los medios también fueron raudos en cuestionar los vecindarios de los sospechosos en Cherry Hill, NJ, y elicitar declaraciones totalmente típicas acerca de su aparente inofensividad. Algunos presentadores fueron a Diber, en Macedonia, y parecían sorprendidos de descubrir que los sunníes albaneses son de manera aplastante religiosamente moderados y pro-americanos. De haber pasado más tiempo en la zona, se habrían encontrado con que los dibranos, como se conoce a los de la zona, incluyen un gran contingente de sufíes bektashi - que con justicia afirman ser los musulmanes más progresistas del mundo - y albaneses católicos. ¿Qué falla en esta imagen?
 
En cuestión de dos días desde las detenciones del caso Fort Dix el 7 de mayo, la presidencia de la comunidad musulmana albanesa en Estados Unidos y Canadá había difundido la siguiente declaración: 'Nos sorprendió y decepcionó recibir noticias del probable acto terrorista contra la base militar de Fort Dix, en New Jersey. Condenamos taxativamente la violencia en las actividades terroristas perpetradas en nombre del islam... condenamos todos los actos de terrorismo. Está prohibido que un musulmán coopere con cualquier particular o grupo implicado en cualquier acto de terrorismo o violencia. Es el deber cívico y religioso de los musulmanes cooperar con las fuerzas del orden para proteger las vidas de todos los seres humanos... este presunto acto repugnante provoca una marcada sensación de lamento... Estamos agradecidos al gobierno norteamericano y sus fuerzas militares por ayudar a los musulmanes... La presidencia de la comunidad musulmana albanesa en Estados Unidos y Canadá apoya por completo los esfuerzos del gobierno de los Estados Unidos por poner fin al terror. Oramos por la paz y la estabilidad en el mundo. Estamos en contra de todos esos 'supuestos musulmanes' que utilizan y humillan al islam y generan imágenes desagradables del pueblo musulmán. Rezamos a Alá Todopoderoso para que salve y proteja a los Estados Unidos'.
 
Esta declaración de clérigos albaneses sunníes en representación de todas las mezquitas de su comunidad en Norteamérica fue difundida por la organización que ayudé a fundar, el Centro para el Pluralismo Islámico. Pero fue ignorada por los medios. Puede comprobarlo en Google. Cuando un amigo mío la envió por correo electrónico a uno de sus contactos americanos, el segundo dijo que era la primera vez que había visto tal declaración por parte de un líder musulmán. El líder de los sufíes bektashi en Macedonia, Baba Edmond Brahimaj, acerca del que he escrito como 'uno de los pueblos de nuestra parte' se apresuraba dos semanas antes de las detenciones por la conspiración de Fort Dix a asegurar a los representantes diplomáticos norteamericanos en Macedonia que esta comunidad siempre va a apoyar a América. Este punto también estaba destinado a ser pasado por alto por los medios. Como tantos otros, por parte de figuras musulmanas en la diáspora albanesa mundial, en Macedonia, en Kosovo y en la propia Albania.
 
¿Cuantos musulmanes albaneses -- muchos de los cuales hablan un inglés perfecto -- aparecieron en los informativos como consecuencia de las detenciones de Fort Dix? Los medios están complacidos de entrevistar a islamistas radicales, y están igualmente satisfechos de difundir las opiniones de islamófobos, pero no pueden hacer el esfuerzo por ubicar a un representante musulmán genuinamente moderado en una comunidad destinada al reclutamiento por parte de los radicales. Podrían citarse muchos más ejemplos, procedentes de estados árabes, Turquía, Asia Central, el subcontinente hindú, y hasta Irán. Desde el 11 de septiembre del 2001 hasta la fecha, clérigos e intelectuales musulmanes moderados de todo el mundo han declarado su condena a Al-Qaida y a otros extremistas. Sus voces no se escuchan porque sean suprimidas por, o por miedo a, radicales musulmanes, sino porque no tienen acceso a los medios.
 
Pero el emergente miedo al islam en Occidente alimenta el radicalismo entre los musulmanes, tanto dentro como fuera del mundo islámico. Los medios occidentales podrían jugar un papel significativo aliviando la amenaza de 'un choque de civilizaciones'. Según algunos periodistas, eso violaría la objetividad -- aunque la objetividad periodística no debería equivaler a la neutralidad ante el mal. Otros profesan valores políticamente correctos y afirma querer contribuir al cambio positivo en el mundo, pero muchos de entre esa cohorte regurgitan abiertamente las afirmaciones del islam radical con frecuencia, por no decir que las apoyan directamente.
 
Como musulmán moderado, con frecuencia se me pregunta si soy un apóstata del judaísmo. No lo soy, como he explicado. Pero al tratar los errores de los medios occidentales con respecto a la prueba de fuego más difícil que el mundo ha afrontado nunca en cuestión de décadas, confieso estar seguro de ser un apóstata del periodismo.

 
 
Stephen Schwartz es Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico de Washington y periodista autor (entre otros libros acerca del islam y sus subdivisiones y diferencias) del bestseller “Las dos caras del islam: fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo (Doubleday). Tras ser editor de opinión y columnista del San Francisco Chronicle durante 2 años y secretario del sindicato de periodistas de San Francisco, sus artículos han aparecido en The New York Times, The Wall Street Journal, el New York Post, el Los Angeles Times, el Toronto Globe and Mail y muchos otros. Como periodista destacó especialmente en la cobertura de la guerra de Kosovo, y desde entonces se ha convertido en uno de los principales especialistas en la región de los Balcanes y su relación con el islam.