El romance de Noam Chomsky con los nazis

por David Horowitz y Jacob Laksin, 29 de mayo de 2006

Raramente se ha permitido al mundo una prueba clara de la alianza maldita entre fundamentalistas islámicos y radicales seculares en Occidente. Eso es exactamente lo que apareció la semana pasada, cuando el principal imán de la izquierda radical, Noam Chomsky, dio sus bendiciones al mayor ejército terrorista del mundo, el destacamento jihadista chi'í patrocinado por Irán y conocido como Hezboláh ('Partido de Alá').
 
Tras la reunión con Hassán Nasralah, el 'secretario general' del grupo terrorista libanés, Chomsky anunciaba su apoyo al rechazo de Hezboláh a desarmarse. Después, en un eco de la reciente declaración de Nasralah de que el Presidente Bush es el principal 'terrorista' del mundo, Chomsky pronunció su propia fatwa acerca de Estados Unidos, llamándolo uno de 'los principales estados terroristas'. Fue una reunión de mentes radicales criminales.
 
En muchos sentidos, la recién forjada amistad de Chomsky con Hezboláh -- el apartado más reciente de una vida frecuentando amistosamente a los enemigos más mortales de América -- es la continuación lógica de la admiración de tanto tiempo del profesor hacia terroristas globales y odiadores de judíos. De hecho, Chomsky dedicó gran parte de los 90 a cortejar a Hezboláh como movimiento 'de resistencia' (que ocasionalmente cometía actos erróneos contra civiles) al tiempo que cantaba sus alabanzas como cruzado en favor de la paz y la justicia social.
 
El libro de Chomsky de 1996 era típico, Viejo y nuevo orden mundial. Citando con aprobación la observación de un periodista de que Hezboláh 'no es una organización terrorista', Chomsky explicaba que el [grupo] terrorista que voló por los aires a 243 marines norteamericanos en el Líbano y que asesinó a incontables ciudadanos de Israel sólo estaba implicado en 'resistencia legítima' contra el opresor y 'evita atacar a civiles a excepción de en respuesta a los ataques israelíes contra civiles libaneses'.
 
En el resto de su libro Chomsky afirma que, al lanzar sus ataques contra Israel, Hezboláh 'evita cuidadosamente áreas de civiles', y asegura a sus lectores que los ataques de Hezboláh son siempre 'de respuesta'. Israel es una historia bastante distinta a través de los ojos de Chomsky. Dispensada junto a los estudiados eufemismos que marcan sus descripciones de Hezboláh, Chomsky denuncia inequívocamente a Israel por utilizar 'armas del terror' para cometer 'atrocidades' como apuntar 'a civiles', 'sin provocación'.
 
El esfuerzo resultante no tienen ningún parecido con los hechos. En lugar de considerar informes bien documentados del repetido bombardeo por parte de Hezboláh (a petición de sus amos iraníes) del norte de Israel, matando a mujeres y niños en el proceso, Chomsky rechaza las informaciones como propaganda americana e israelí. Después de todo, ¿cómo podrían decir la verdad el Gran y el Pequeño Satán?
 
En lugar de reflejar el hecho de que los terroristas de Hezboláh se atrincheran deliberadamente entre civiles árabes con el fin de provocar las bajas por las que Chomsky pueda protestar, Chomsky lanzó falsamente la acusación de que el ejército israelí apunta a civiles, una afirmación que ningún ser humano razonable puede hacer. Hasta la anti-Israel ONU se sintió obligada a reconocer que 'Hezboláh ha recurrido a utilizar áreas civiles para proporcionar un escudo humano a su actividad terrorista'.
 
En la versión de Chomsky de los Protocolos de los Sabios de Sión, Israel es siempre el instigador, al tiempo que los ataques de los terroristas cuyo objetivo declarado es el establecimiento de un estado islámico sobre la tumba de Israel son invariablemente 'de defensa'. Chomsky culpa del incremento del terror de Hezboláh, por ejemplo, al abatimiento en 1992 por parte de Israel del jeque líder de Hezboláh (y asesino de masas) Abbás Mussawi. Pero aún así, Chomsky casualmente omite mencionar que Mussawi, hablando en representación de Hezboláh, proclamaba abiertamente su objetivo genocida: 'No luchamos para que el enemigo nos reconozca y nos ofrezca algo. Luchamos para exterminar al enemigo'.
 
En los escritos de Chomsky acerca de los herederos de Hitler, los papeles genocidas siempre se invierten. Cuando Hezboláh rompió un acuerdo informal en 1995 de suspender los ataques contra objetivos civiles, Chomsky condenó a los ataques militares israelíes, omitiendo de nuevo el hecho de que el objetivo declarado de Hezboláh era la aniquilación del estado judío.
 
En su libro del 2000 Fateful Triangle, Chomsky se quejaba de la cobertura mediática del bombardeo de Hezboláh sobre la denominada 'zona de seguridad' israelí en el sur del Líbano como 'terrorismo'. Chomsky insistía que en su lugar, era un acto de 'resistencia indígena al gobierno de Israel y sus ramificaciones'. Como es usual, Chomsky estaba mintiendo. Los ataques de Hezboláh se dirigían contra civiles dentro de la zona de seguridad, no contra objetivos militares. En típica proyección, Chomsky sostuvo frente a los hechos que Israel era el que mataba civiles, y (otra mentira) que la política oficial de Israel era atacar 'aldeas y civiles' en el Líbano.
 
Ahora que su patrón iraní llama al mundo musulmán a exterminar a los judíos y terminar el trabajo de Hitler, Hezboláh es bendecido por la representación del izquierdista más destacado de América, y mejor aún, un judío que odia su identidad. Mientras la comunidad internacional y hasta Naciones Unidas (cuyas resoluciones Chomsky ha utilizado repetidamente como palestra de ataque contra Israel) exige que el Partido terrorista de Alá -- que es un ejército ocupante del Líbano -- abandone las armas, Chomsky proporciona a los ocupantes una defensa moral. Según el profesor Chomsky, existe el 'argumento persuasor' de que las armas 'deben estar en manos de Hezboláh como disuasión frente a agresión potencial, y existe mucho contexto y motivos para eso'. (Muchos libaneses no son persuadidos. Comentando la visita de Chomsky, un observador libanés señalaba la ignorancia del profesor ante el hecho 'de que las armas de Hezboláh aterrorizan al pueblo libanés más que a los israelíes').
 
De hecho, por supuesto, la única 'agresión potencial' viene de los amigos de Chomsky. En el 2004, Hezboláh selló un acuerdo con Hamas - dedicado de igual manera al exterminio de Israel -- para continuar sus ataques terroristas conjuntos contra Israel. Hezboláh también ha proporcionado apoyo político y entrenamiento con armas a Hamas y al-Qaeda. En el 2004, Hezboláh lanzó también un vehículo aéreo sin bautizar que cruzó el espacio aéreo israelí antes de estrellarse.
 
Hitler escondía su agenda genocida del pueblo alemán y de sus practicantes de apología al estilo Chomsky. Hezboláh tiene más suerte. Al buscar un segundo Holocausto de los judíos, puede contar con el apoyo musulmán y aparentemente el apoyo de los radicales americanos también. Por tanto, no hace ningún secreto de lo que pretende. Su manifiesto de 1985 contiene una sección titulada 'La necesidad de la destrucción de Israel' que especifica el mal que pretende: 'Nuestra lucha terminará solamente cuando esta entidad sea destruida. No reconocemos ningún tratado con ella, ninguna tregua, ningún acuerdo de paz'. Al igual que los verdaderos jihadistas, los planes genocidas de Hezboláh no se reservan solamente al Pequeño Satán, sino que también son su agenda para el Gran Satán. En 1993, el anfitrión de Chomsky, Nasralah, declaraba: 'Muerte a América fue, es, y seguirá siendo nuestro eslogan'.
 
Como confirma su peregrinación a la meca de Hezboláh, también es el sueño vitalicio de Noam Chomsky.

 
David Horowitz es conocido autor norteamericano y activista de toda la vida de derechos civiles. Desde 1988 es Presidente del Center for the Study of Popular Culture.