El rodillo de Obama

por GEES, 4 de marzo de 2013

 La forma de negociar de Obama consiste en no hacerlo. Alecciona a sus interlocutores y no cede un ápice. Su arte está en echarles la culpa de toda falta de acuerdo.

El compromiso juega un papel considerable en democracia y es inherente al sistema americano donde la separación de poderes es tan absoluta que en su momento muchos creyeron que la constitución actual, segunda en muy pocos años tras la independencia, estaba abocada al mismo fracaso que la efímera primera. Carece de un mecanismo que arbitre el conflicto entre ejecutivo y legislativo, cuando pertenecen a distintos partidos, como sucede actualmente con la cámara baja de mayoría republicana. Por ello se ha repetido hasta el latiguillo que los dos poderes estaban condenados a entenderse. E históricamente lo han hecho y han creado una tradición y un estilo. La constitución se ha ido actualizando con enmiendas, la mayoría en sus primeros tiempos. Es la primera democrática y federal y por tanto la más antigua del mundo. Los presidentes y los líderes opositores se glorían de los compromisos logrados para resolver graves enfrentamientos.
 
No así Obama. Su estilo es lo que en España se dio en llamar el “rodillo”, pero no es exclusivamente  parlamentario sino ante todo presidencial. Por encima de las prácticas habituales y en ocasiones como la actual contraviniendo la propia palabra dada, echa un pulso a la oposición, contando con que su maestría en este tipo de maniobras, su popularidad y la cobertura que le proporciona el gran predominio de la izquierda en los medios de comunicación pueden hacer cargar la responsabilidad del desacuerdo sobre sus opositores.
 
Desde su toma de posesión Obama se ha estado enfrentando al segundo plazo fijo del problema fiscal, el llamado secuestro, saliendo a hacer campaña por todo el país, lo que aprovecha también para jugar al golf. La única reunión con los líderes opositores ha sido en el mimo día, 1 de Marzo, en que la colección de recortes pactados y propuestos en el verano del 2011 por él y su equipo entraban en vigor. 85 mil millones, que como el año fiscal va casi mediado resultan poco más de la mitad, sobre un presupuesto de 3.5 billones. Como dijo la comisión que él mismo creó en el 2010 para buscar soluciones al problema del creciente déficit y a cuyas conclusiones no les hizo el menor caso, hay mucho donde recortar en infinidad de programas multimillonarios reduplicativos, de eficacia dudosa e incontrolable. Los recortes bien administrados deberían estimular la economía, no lastrarla. Pero la administración Obama ha hecho una intensa campaña previendo grandes catástrofes.
 
Aunque Obama no ha perdido el apoyo de los medios, que arrojan el estigma de intransigencia sobre los republicanos, incluso entre sus más adictos ha habido tímidas voces de crítica al presidente por llevar demasiado lejos su rigidez y sus tácticas intimidatorias, hasta el punto de que ha tenido que desdecirse tenuemente manifestando que “Creo que esto no va a ser un apocalipsis, como alguna gente ha dicho”. Él y los suyos. Por el momento, la bolsa ha subido.