El Partido Demócrata y el genocidio armenio; sabotear la guerra

por Thomas Sowell, 25 de octubre de 2007

Con todos los problemas que afronta este país, tanto en Irak como en casa, ¿por qué está el Congreso perdiendo el tiempo intentando aprobar una resolución de condena la masacre de los armenios en el Imperio Otomano hace casi un siglo?
           
No se equivoque, esa masacre de cientos de miles -- un millón o quizá más -- de armenios fue una de las peores atrocidades de toda la historia.
           
Como en el posterior Holocausto de los judíos, matar a víctimas inocentes no se consideró suficiente. Primero fueron dispuestas para una deshumanización descarnada de cualquier manera sádica que se le ocurriera a aquellos que perpetraron estas atrocidades.
           
Los historiadores tienen que hacernos conscientes de cosas así. ¿Pero por qué están de pronto los políticos intentando aprobar resoluciones del Congreso acerca de estas acciones, mucho después de que todos los implicados estén muertos y después de que el Imperio Otomano en el que sucedieron todas estas cosas ya no exista?
           
La respuesta corta es política irresponsable.
           
Las personas de ascendencia armenia en Estados Unidos y en todo el mundo están justificadamente enfurecidas por lo sucedido en el Imperio Otomano -- y en los gobiernos posteriores en Turquía que han rehusado reconocer o aceptar la responsabilidad histórica por las atrocidades masivas que tuvieron lugar sobre su suelo.
           
Pero el súbito interés de los Demócratas del Congreso en esta materia va más allá de intentar recabar algunos votos.
           
Ellos quieren una resolución que condene lo sucedido como 'genocidio' -- una palabra que provoca la súbita indignación entre los turcos de hoy, puesto que genocidio significa una política gubernamental deliberada encaminada a exterminar un pueblo entero, en comparación con los horrores que se derivan de una amplia ruptura de la ley y el orden en el Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial.
           
Estas son materias de hecho histórico y semántica que lo mejor es dejarlas a académicos más que a políticos.
Si el Congreso ha pasado casi un siglo sin aprobar una resolución acusando de genocidio a los turcos, ¿por qué ahora, en mitad de la guerra de Irak?           
Es difícil evitar la conclusión de que esta resolución es simplemente el último de una serie de esfuerzos del Congreso por sabotear el desarrollo de esa guerra.
           
Cifras enormes de efectivos norteamericanos y grandes cantidades de equipo militar van a Irak a través de Turquía, una de las pocas naciones del Oriente Medio islámico que viene siendo desde hace tiempo aliado americano.
           
Turquía también se ha abstenido hasta la fecha de tomar represalias contra los ataques guerrilleros procedentes de las regiones kurdas de Irak en suelo turco. Pero los turcos podrían responder a lo grande si quisieran.
           
Hay más tropas turcas en la frontera de Irak que tropas americanas dentro de Irak.
           
Turquía ya ha llamado a cuentas a su embajador en Washington para manifestar su desagrado por el planteamiento de esta materia por parte del Congreso. Los turcos podrían dejarlo ahí o no.
           
En esta delicada situación, ¿por qué agitar las aguas a causa de algo del pasado por lo que ni nosotros ni nadie más puede hacer algo hoy?
           
Japón tiene aún por reconocer sus atrocidades en la Segunda Guerra Mundial. Pero el Congreso de los Estados Unidos no intenta convertir en parias mundiales a los japoneses de hoy, la mayor parte de los cuales ni siquiera habían nacido cuando tuvieron lugar esas atrocidades.
           
Aún menos turcos, si es que hay alguno, de los que tomaron parte en los ataques contra los armenios durante la Primera Guerra Mundial es probable que viva aún.
           
Demasiados Demócratas del Congreso han adquirido el hábito de tratar la guerra de Irak como la guerra del Presidente Bush -- y así levantar la veda de las tácticas políticas que le dificultan conducir la guerra.
           
En un lapsus infrecuente pero revelador, el congresista Demócrata James Clyburn decía que una victoria americana en Irak 'sería un verdadero quebradero de cabeza para nosotros' en las elecciones del 2008.
           
Poco dispuestos a asumir la responsabilidad de poner fin a la guerra mediante la suspensión del dinero para librarla, como muchos de sus partidarios quieren que hagan, los Demócratas del Congreso han intentado en su lugar sabotear las perspectivas de victoria buscando ajustar al milímetro el despliegue de tropas, retrasar la aprobación de las partidas monetarias -- y ahora esta resolución de genocidio que es la más reciente, y quizá la más rastrera, de estas tácticas.

 
 
Thomas Sowell  es un prolífico escritor de gran variedad de temas desde economía clásica a derechos civiles, autor de una docena de libros y cientos de artículos, la mayor parte de sus escritos son considerados pioneros entre los académicos.  Ganador del prestigioso premio Francis Boyer presentado por el American Enterprise Institute, actualmente es especialista decano del Instituto Hoover y de la Fundación Rose and Milton Friedman
 
 
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