El nudo

por Miguel Ángel Quintanilla Navarro, 15 de enero de 2007

'Es un grave error creer que la bomba de Barajas termina con la legislatura: al contrario, esa bomba ha situado al PSOE en la necesidad de abandonar una negociación imposible -con ETA- e intentar otra que es posible  -con el PNV'. 
 
Puesto que la razón del Presidente del Gobierno para negociar con ETA era conseguir que no hubiera más muertos, el aumento del número de muertos y de la probabilidad de que haya más debe constituir un incentivo para perseverar en esa negociación. No hay por qué dudar que Zapatero desea que ETA no mate más, pero sí es necesario explicarnos por qué considera que el único modo de conseguir ese buen propósito es negociar. Hay antecedentes sobre el resultado de las negociaciones, que ha sido malo, y hay también antecedentes sobre el rendimiento del empleo consciente y tenaz de la ley, que ha sido bueno. ¿Por qué entonces renunciar a lo segundo y empeñarse en lo primero? Parece que Zapatero considera a ETA parte de la Guerra Civil, y parte del bando antifranquista. Cooperar a su derrota definitiva es cooperar a la victoria definitiva del bando franquista, lo que el Presidente parece no estar en condiciones de hacer. La bomba de Barajas y los bombardeos franquistas sobre Madrid forman parte de una misma guerra, para ella busca Zapatero la paz. La vida le ha situado en la posición de desplazar la clausura de la Guerra desde 1939 hasta hoy o hasta mañana, porque él redacta ahora el BOE.
 
Si la Guerra acabara en el siglo XXI con una paz negociada con los últimos representantes del bando republicano, Zapatero creería estar restaurando la justicia y el buen gobierno, honrando la memoria de algunos muertos. El problema es estrictamente suyo y de algunos españoles más, muy pocos, por cierto, pero puesto que él es nuestro presidente se ha convertido también en nuestro problema, y conviene esforzarse por saber cómo anda de salud el capitán de la nave.
 
Es simplemente imposible derrotar a ETA mientras quien tiene que dirigir los trabajos para ello albergue una resistencia mental y cordial sobre la justicia y la necesidad de que ese acto tenga lugar de manera que no deje lugar a dudas. 'Para que ETA no mate más' significa 'porque ETA mata'. Y si ETA mata no es -parece pensarse- porque ha elegido hacerlo, porque lo considera conveniente (aunque ETA no mata 'porque', mata 'para'), sino porque las circunstancias, el modelo de transición seguido en España, la ausencia de verdadera democracia (el contramodelo de la Segunda República), no nos ha permitido aún cerrar el trágico momento iniciado en 1936. Por eso, a los nuevos asesinatos perpetrados por ETA sólo podía seguir una reiteración del Presidente del Gobierno en su política, no exactamente antiterrorista, sino política 'para que ETA no mate más'. 'Contra ETA' significa contradicción de lo que ETA pretende y cree, empeño en frustrar sus deseos por completo, en que sean insatisfechos total y definitivamente, en que no acabe por ganar nada porque el sistema es plenamente legítimo y no hay por qué cambiarlo bajo amenaza. Lo que cualquier terrorista pretende es que se acepte como razón para alterar el sistema político vigente conseguir que no mate más. En eso precisamente consiste el terrorismo: es preciso que el asesinato sea creíble, y es igualmente preciso que sea razonable pensar que en el caso de conceder al terrorista lo que pretende, no matará más. Por esta razón, las treguas son tan importantes para el correcto desenvolvimiento del terrorismo como los atentados mismos, y han de sucederse con cierta regularidad.
 
A diferencia de lo que se suele pensar, la trayectoria política del Presidente del Gobierno no necesariamente estaba abocada hacia la demolición del sistema de 1978. En Zapatero, como en la gran mayoría de los dirigentes del PSOE, la convicción de que el sistema de 1978 está sesgado a favor de la derecha  y de que debe ser revisado para llevarlo más hacia la izquierda y más hacia el cantonalismo (para que el PP, si gana las elecciones generales, sólo pueda gobernar el puro vacío, por eso la transferencia del principio de atribución de competencias y por eso la asimetría a favor de las Comunidades en las que es improbable que el PP gobierne), comienza a tomar cuerpo a principios de los años 90, cuando la alternancia en el Gobierno pasa a ser verosímil: 'Cuando nació mi hija mayor, por ejemplo, yo estaba asistiendo al declive de mi partido. Una cosa muere y nace otra', afirmó Zapatero en una famosa entrevista el pasado mes de julio  www.elpais.com/articulo/portada/viaje/Zapatero/elpepspor/20060723elpepspor_5/Tes.
 
La lectura de las intervenciones del Presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados durante los años ochenta, muestran a un joven parlamentario que se desenvuelve con soltura en complejos debates jurídicos y políticos y que argumenta convincentemente como solía hacerlo el PSOE en esos años. Conoce el argumentario y lo declama con convicción. Es interesante, por ejemplo, seguir sus intervenciones sobre la política penitenciaria, o sobre la nueva planta judicial del Estado, o contra los incentivos fiscales aprobados por el Gobierno Vasco.  Zapatero defiende la Constitución como límite, la igualdad de los territorios, los principios básicos del programa socialista. En octubre de 1988 afirma: 'Quiero reiterar que los Estatutos han de ser interpretados conforme a la Constitución...No hay, insisto, autotransferencia de competencias en virtud de los Estatutos de autonomía'. Es posible que se tratara sólo de un logrado disfraz capaz de engañar a su propia gente, pero la verdad es que no lo parece. Nadie en esos años parecía estar dispuesto a preferir la quiebra del sistema a su gobierno por el PP.
 
Pero ese partido 'murió'. Y ni Zapatero ni quienes lo inspiran pretenden reclamar su herencia. Hoy hay otro partido, con igual nombre pero con una idea de la política que nada tiene que ver con la del PSOE de los años ochenta.
 
Ese nuevo partido da la democracia por descontada y por tanto no se preocupa de mantenerla; se aburre escuchando las historias de los mayores que colaboraron en la creación del sistema político vigente, ése que hizo posible a Aznar y que no ha vindicado la memoria republicana ni ha sabido interpretar a ETA.
 
'Ha llegado el momento de desatar ese nudo', dijo en la célebre entrevista refiriéndose a ETA. ETA y los demócratas de la verdadera democracia parecen dos cosas diferentes, pero son sólo una que está aparentemente fragmentada mediante una zona confusa, liada, un nudo; en realidad son dos extremos de la misma cuerda, una cuestión de grado, no de naturaleza.
 
Pero esa negociación está condenada al fracaso. Porque la negociación política fortalece a quienes matan. Siempre es así. Legitima la violencia como modo de obtención del poder político. Porque una cosa es acabar con la violencia de ETA y otra acabar con la violencia en general. Y sobre todo porque el PNV no va a permitir una negociación que desactive a ETA a cambio de concesiones para ETA, sino otra que permita acabar con ETA a cambio de concesiones para el PNV. Esto último es lo que parecen mostrar la hiperactividad que la policía autonómica está desarrollando desde los asesinatos de Barajas y los nuevos 'discursos' del PNV y del PSOE: por el mismo precio (o menor, algo como el Estatuto catalán) que Zapatero iba a pagar a ETA mediante la reforma del 'marco político', el PNV se compromete a combatir en serio a ETA. Un nuevo pacto antiterrorista que incluya al PNV, pero no gratis, desde luego. Y sin el PP. Éste es el 'plan B' que tanto se demanda. Y puede salir bien, si el PNV acepta convertirse en objetivo de ETA, directamente o alguna de las instituciones que dirige, empezando por la policía vasca. Y si Zapatero lo acepta, cosa que está por ver, pese a que debe de estar siendo aconsejado en ese sentido. Es decir, el 'escenario' que el PNV ha deseado siempre. En este caso, ETA habrá cumplido su función. El PSOE se ha situado en posición de necesitar imperiosamente que el PNV se salga con la suya. Seguramente Zapatero sigue empeñado en desanudar a ETA, pero probablemente lo disuadirán y aceptará el plan B, anudarse al PNV.
 
¿Cuál debe ser, pues, el límite, el criterio que nos permita poner claridad en todo esto? La exigencia de que el Estatuto Vasco no será reformado hasta pasadas tres legislaturas completas después de que ETA deje de amenazar la libertad, especialmente en el País Vasco. El tiempo necesario para que la gente que se ha tenido que marchar pueda volver, para que la oposición haga campaña en igualdad de condiciones, para que se compense en lo posible -ni Zapatero puede resucitar a los opositores asesinados- la brutal represión que ha padecido la libertad política en el País Vasco durante décadas, franquista o nacionalista. Y mientras tanto, Constitución, Estatuto, ocupación del espacio que Zapatero ha abandonado y apropiación de la herencia del viejo PSOE en lo que tenga de valor.
 
Es un grave error creer que la bomba de Barajas termina con la legislatura: al contrario, esa bomba ha situado al PSOE en la necesidad de abandonar una negociación imposible -con ETA- e intentar otra que es posible -con el PNV.