El libre mercado mejora el medioambiente

por John Stossel, 11 de diciembre de 2007

Otro escéptico del calentamiento global se ha atrevido a hablar. El meteorólogo John Coleman, fundador del Weather Channel, llama al calentamiento global 'el mayor fraude de la historia' [ http://tinyurl.com/2odpj6 ].
 
'Los fundamentalistas medioambientales, políticos destacados entre ellos... se inventan este escenario 'científico' apocalíptico de la civilización amenazando con consecuencias medioambientales del Calentamiento Global a menos que suscribamos su agenda radical... He leído docenas de artículos científicos. He hablado con numerosos científicos... No hay cambio climático drástico. El impacto de los seres humanos sobre el clima no es catastrófico. Nuestro planeta no corre peligro... En cuestión de una década o dos, el indignante timo será evidente por sí mismo”.
 
Sospecho que tiene razón.
 
¿Pero qué pasa si se equivoca?
 
Vengo sosteniendo que incluso si el calentamiento global es algo por lo que preocuparse, es peligroso recurrir al gobierno para reparar el clima. El gobierno es un instrumento sin filo, corroído por políticos interesados y proxenetismo de intereses especiales. Esperar que haga algo tan complejo como calibrar regulaciones e impuestos para ajustar el clima -- sin empobrecer a mucha gente y enriquecer a unos cuantos camaradas -- es ingenuo.
Pero eso no significa que no podamos hacer nada. Tenemos un poderoso generador de soluciones si le dejamos trabajar: el libre mercado.
 
El mercado ha resuelto problemas medioambientales en muchas ocasiones en el pasado. Antes del automóvil, las ciudades de América sufrían a causa de un terrible contaminante. Alimentaba las enfermedades y desprendía olores nocivos.
Era el estiércol de caballo.

Como decía el economista laureado con el Nobel Robert Fogel, 'Había 200.000 caballos en la ciudad de Nueva York a principios del siglo XX defecando por todas partes... Cuando dabas un paseo... respirabas estiércol de caballo en polvo” [ http://tinyurl.com/3brr7e ]. De esa contaminación del aire y el agua la gente contraía el cólera, el tifus y otras enfermedades mortales.

Cuando llegó el motor de combustión interna, el aire y el suelo pasaron a estar mucho más limpios. Los ecologistas cuentan maravillas de los días anteriores al automóvil, pero ¿quién quiere volver a esa inmundicia y enfermedades?

¿Cómo podría ser mejor el mercado - que depende del consentimiento, no de la coacción - que el gobierno a la hora de tratar el calentamiento global? El analista político Gene Callahan [ http://tinyurl.com/332o54 ] señala que el gobierno es una gran parte del problema, porque estimula el abuso de los combustibles fósiles. Por ejemplo, el uso de autopistas no es un asunto de precios del mercado, así que parece ser gratuito. Los atascos de tráfico resultantes son malos para el medio ambiente.
Utilizaríamos menos carbón si el gobierno no crease obstrucciones regulatorias a la energía nuclear.

El proceso creativo del mercado -- si no es lastrado mediante regulaciones y subsidios estatales -- descubriría combustibles alternativos con los que los burócratas ni siquiera pueden soñar. Hoy, un rebelde energético es probable que sea castigado por el gobierno, como descubría Bob Teixeira cuando cometió la audacia de conducir su Mercedes movido con aceite de soja [ http://tinyurl.com/3c2kb2 ]. Si el peligro climático es real, el incentivo del beneficio moverá a los empresarios a encontrar tecnologías que reduzcan el CO2.
 
Los mercados eclipsan a los gobiernos en innovación y flexibilidad. Esas virtudes entrarían en juego si el calentamiento global sí se convierte en un problema. 'Por ejemplo, la industria financiera, al crear nuevos valores y mercados derivados, podría cristalizar el 'conocimiento disperso' que poseen muchos expertos diferentes con el fin de coordinar y movilizar la respuesta total de la humanidad al calentamiento global', escribe Callahan.
“Los pronósticos del tiempo pueden servir para extender el riesgo de mal tiempo más allá de la zona local afectada. Quizá podría surgir un mercado apostando por las zonas que es más probable que se vean permanentemente inundadas. Eso puede sonar horrible, pero al apostar por su propia zona, los habitantes podrían compensar el coste de reubicación en caso de que tuviera lugar la inundación”.
 
Una industria de seguros menos regulada tendría un fuerte incentivo de beneficios para anticiparse a los problemas de cualquier calentamiento y fijar los precios de cobertura de propiedades apropiadamente. Las aseguradoras confiarían en la mejor información científica porque, al contrario que el gobierno, si cometen un error, se enfrentan a la bancarrota.
 
Lo más importante que podemos hacer es no poner obstáculos a la producción de riqueza. Como decía el difunto Aaron Wildavsky en su maravilloso libro 'Buscando la seguridad', 'Más rico es más sano'. Una sociedad rica puede resistir y permitirse responder a amenazas imprevistas [http://tinyurl.com/3bqkp4].
 
La gente en el mundo en desarrollo necesita prosperidad desesperadamente. Impedir su avance con motivo de la débil promesa de 'soluciones' climáticas solamente hará más duras sus vidas. Sus entornos primitivos les están costando sus vidas.

 
 
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