El islamismo no tiene fronteras

por Eduard Yitzhak, 28 de enero de 2013

 Has dos escuelas de teóricos que analizan el islamismo, para unos autores el islamismo es una desviación del Islam, secuestrado por radicales que malinterpretan dicha religión, para otros, es el auténtico Islam, la continuación y práctica de los hechos y prédicas de su fundador, Muhammad, y sus primeros cuatro califas, los califas bien guiados [1] aceptados por todos sus seguidores, y cuyo corpus doctrinal fue elaborado por Ibn Taymiyya (1263-1328) [2], Muhammad ibn Abd-al Wahhab (1703-1792) [3], el predicador islamista que denunciaba las alteraciones sufridas por el Islam y clamaba por el retorno al Islam primigenio y cuyo creo sobre el primigenio Islam impera en Arabia Saudita, y Hassan al-Banna (1906-1949) [4] fundador de la Hermandad Musulmana, y Sayyid Qutb (1906-1966) [5].

 
Los autores que creen que el islamismo es el auténtico y primigenio Islam, sin “contaminaciones” ni adaptaciones plantean cuestionan a la otra escuela cómo ha sido tan malinterpretado el Islam por aquellos que son precisamente su fieles más creyentes y devotos, y cómo es que no hay rechazo por la amplia totalidad de correligionarios musulmanes a esta supuesto secuestro por parte de los islamistas, y cómo es que no hay manifestaciones de rechazo en contra de esta corriente, presuntamente “desviada” que es el islamismo por el resto de musulmanes en todo el orbe, sabiendo que es necesario un repudio de tal pretendido extraviado comportamiento de los yihadistas.
 
Francia se ha despertado tarde en Mali, Europa mantiene un timorato y discreto apoyo amedrentado por sufrir un nuevo y más sangriento zarpazo del terrorismo islamista.
 
Ningún político europeo o americano se atreve a calificar el terrorismo islámico como lo que es, una guerra global del totalitarismo islámico que es asimétrica y cuyo objetivo no es sólo Israel, España –Al Andalus, como se refieren los yihadistas-, Francia, Filipinas, Rusia, Nigeria, el mismo mundo árabe, sino todo el planeta.
 
Ante una guerra asimétrica y global desencadenada por el totalitarismo islámico contra el resto del planeta, la respuesta por parte de este tiene que se la adecuada ante la barbarie islamista. Las actitudes tibias y timoratas no sólo sirven para vencer, sino que envalentonan a la fiera totalitaria islámica.
 
La justicia de los diversos países europeos tendrá que adaptarse a la nueva guerra asimétrica y global del yihadismo. Los cuerpos de seguridad necesitan recibir el apoyo de los medios de comunicación, responsables –estos últimos- muchísimas veces en ocultar el verdadero peligro del islamismo, y los políticos tendrán que madurar y dejar de creer en la versión moderna del Papa Noel de que el tiempo lo soluciona todo.
No sólo la vida de los individuos está en peligro, sino también la misma democracia, la libertad  y los valores judeo-cristianos que la sustentan, y la economía del mundo libre.
 
La República Islámica de Irán, con su psicopática carrera armamentística nuclear, y la monarquía islamista wahhabita de Arabia Saudí son las cabezas de la serpiente islámica, son las que financian, pertrechan y adoctrinan el islamoterrorismo mundial. El mundo libre tiene que actuar con inteligencia y fuerza ante estos estados agresores del yihadismo y dejar de disimilar ante la barbarie islámica y su chantaje petrolero. Los parches sólo sirven para que el islamismo penetre con más fuerza en estados como Turquía, país que aspira a un imperialismo islámico neo otomano.
 
 
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