El islamismo contra todos y contra todo

por Eduard Yitzhak, 23 de marzo de 2014

 Muchos analistas, aunque cada vez menos, piensan que los movimientos islámicos combaten por motivos territoriales o económicos.

 
En realidad lo que motiva y anima a los islamistas en su Yihad, la guerra contra el infiel, es la ideología, la religiosidad que emana del Corán, mal o bien interpretada.
 
Es una discusión académica, muchas veces estéril, dilucidar si está bien o mal interpretado el Corán por parte de los yihadistas, lo que queda claro es que los islamistas emplean el Corán como base argumental para sus crímenes, y precisamente son muy pocos los líderes religiosos del Islam, pero muy pocos, los que se oponen con fuerza al Yihad.
 
La gran mayoría de seguidores de Muhammad acepta explícitamente o con su silencio cómplice los crímenes perpetrados por los yihadistas, aquellos musulmanes que son considerados por el resto de sus correligionarios como los más devotos, los cuales están dispuestos a morir y a asesinar en nombre de Alá y del Corán y que se enorgullecen de imitar la vida y hechos bélicos de Muhammad.
 
El totalitarismo islámico se ha auto otorgado la potestad de decidir que países tienen el derecho de existir y cuales no. Los islamistas exigen imperiosamente la reislamización de la península ibérica, territorio al que consideran profanado por los “cruzados españoles y portugueses”, así como pretenden reislamizar Israel, territorio al que también consideran profanado, pero por los “sionistas judíos”.
 
Pero las “energías” destructivas y totalitarias del islamismo no se circunscriben a Siria, Líbano, Egipto, Argelia, Libia, Turquía, Irak, Irán, Pakistán, Nigeria, Chechenia, etc. países en los que islamistas aspiran a convertir a sus dhimmis cristianos al Islam en el mejor de los casos, o eliminarlos, sino también les sobran bríos en China.
 
Los uigures de Xinjiang han contado con la “simpatía” y apoyo de los EEUU y otros países occidentales como peones desestabilizadores del gigante asiático chino, creyendo que las aspiraciones de los turkmenos orientales (uigures), era la independencia de la China y los han llegado a comparar con los tibetanos budistas.
 
Esta comparación es totalmente absurda y fuera de sentido. Los budistas no aspiran a convertir a todo el orbe al budismo. El budismo no practica el proselitismo, ni ha llegado a considerar o declarar que China es su enemigo.
 
El 1 de marzo de 2014 un grupo de islamistas decapitaron en una estación de tren en la ciudad china de Kunming causando la muerte de al menos 29 personas e hiriendo a 143.
En 2008, coincidiendo con los Juegos Olímpicos, los islamistas asesinaron en una cadena de atentados una treintena de personas, entre ellos 16 policías en Kashgar, mítica parada de la Ruta de la Seda. En julio de 2009 los islamistas en su Yihad dejaron una estela de unos 200 muertos. Y, en octubre del año pasado, tres islamistas uigures se inmolaron en plena plaza de Tiananmen al embestir con su todoterreno a los turistas, causando dos muertos y decenas de heridos.
 
La decapitación es el sistema empelado por Muhammad para eliminar a los politeístas y aquellos que fueron declarados de “enemigos del Islam”, por lo que es la forma habitual de eliminar contendientes detenidos en Siria y Chechenia por parte de los islamistas.
 
Lo mismo fue en la estación de trenes en Kunming, en el centro de Londres con un soldado británico, y como en tantos otros lugares. Los islamistas filman estas decapitaciones y las cuelgan en Internet. Estos videos gozan de gran predicamento entre los que aspiran a ser yihadistas.
 
En una breve entrevista en una base secreta de montaña en la frontera de Pakistán con Afganistán, Abdullah Mansour, líder del Partido Islámico del Turkestán Oriental ha declarado que su deber sagrado era luchar contra los chinos: "La lucha en contra de China es nuestra responsabilidad islámica y tenemos que cumplirla. China no sólo es nuestro enemigo, es el enemigo de todos los musulmanes”.
 
Los chinos –en su gran mayoría- no son monoteístas, por lo que no pueden llegar a ser dhimmis, ciudadanos de segunda clase, “protegidos” de la sangrienta Espada del Islam. Sólo los judíos y cristianos pueden serlo, al ser monoteístas. El deber del yihadista es convertir al no-monoteísta al Islam y en caso que éste se oponga a convertirse, es un deber del islamista ejecutar al “infiel”. Esta ejecución no es percibida como un crimen por el islamista, sino que es el cumplimiento del deber de las órdenes de Alá que emanan del Corán.
 
Es de esperar para el bien de los chinos que los dirigentes de China despierten de su análisis marxista y entiendan que las aspiraciones del islamismo es la implementar el Islam en todo el orbe y que este fenómeno totalitario no obedece a fenómenos territoriales.
 
Los diversos países de Occidente tienen que dejar de aliarse con los islamistas y con los países como Qatar, Arabia Saudita e Irán para desestabilizar a sus contendientes. Rusia, Europa y los EEUU han sufrido en sus carnes los arañazos este juego siniestro.
 
El frente yihadista sabe a lo que aspira, los que parecen no enterarse -por que les prima sus intereses a corto plazo- son el resto de países. Mientras Occidente está narcotizada por el petróleo, el frente yihadista avanza en el tablero internacional.
 
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