"El GEES se define a sí mismo como natural y libremente conservador o neoconservador"

por Óscar Elía Mañú, 8 de marzo de 2016

Por su interés, reproducimos parte de la entrevista a Óscar Elía publicada en http://fxbonet.com el pasado 27 de febrero de 2016
 
 
 
 
En el año 2007 salió publicado Qué piensan los “neocon” españoles (Editorial Ciudadela), un libro que recoge los artículos publicados por el GEES durante veinte años. ¿Es esta una carta de presentación suficiente para el GEES? ¿Un think tank español neoconservador?
En aquella época pocos sabían qué era un neocon, salvo por lo que los medios de comunicación convencionales contaban de Estados Unidos, que era poco y bastante tendencioso. Aquel libro sirvió para que muchos españoles se descubriesen conservadores o neoconservadores, en un momento en que la derecha se encontraba ya en el estado de desconcierto ideológico en el que se encuentra hoy. Pero han pasado ya diez años, las circunstancias históricas cambian y el GEES ha continuado una línea bastante coherente de análisis y estudio, línea que yo resumiría en dos ideas: en primer lugar, hay una concepción seria del hombre, de la sociedad y de la política que recibe el nombre de conservadurismo, en la que creemos y que merece ser defendida; y en segundo lugar, este conservadurismo debe ser popular, activo y, hasta cierto punto, revolucionario.
 
Existe la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), un think tank que nutre de ideas al Partido Popular. En un artículo publicado recientemente por el GEES titulado ¡A las urnas!, se llama a unos nuevos comicios para, entre otras cosas, ir con un Partido Popular unido bajo unas ideas fuertes y un liderazgo nuevo. ¿Cuál es la diferencia entre el GEES y la FAES?
Muchos de los miembros del GEES, como Rafael Bardají o yo mismo, colaboramos con FAES o procedemos de allí, y las relaciones son estrechas. Pero efectivamente, se trata de organismos diferentes. Yo diría que las diferencias fundamentales son tres: en primer lugar el GEES es un think tank privado, el primero en crearse en España, allá por 1986, lo que le proporciona libertad de acción y de pensamiento, que ha sabido mantener. En segundo lugar, FAES es ante todo el think tank del Partido Popular, partido al que lógicamente se debe y al que hasta ahora ha rendido un servicio impagable. El GEES es primero conservador, después español y sólo después cercano al Partido Popular, cuando debe estarlo: de ahí la discrepancia profunda con la actual dirección. En tercer lugar, FAES es una gran batidora de ideas procedentes de todos los sectores intelectuales e ideológicos del PP, que más o menos se consensuan por el bien del partido; el GEES en cambio se define a sí mismo como natural y libremente conservador o neoconservador.
 
En el artículo mencionado en la anterior pregunta se sigue presentando al GEES como neoconservador. ¿El neoconservadurismo no terminó con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca?
Los primeros artículos “neconservadores” escritos por Irving Kristol, y los textos “fundacionales”, si es que existe algo así, se remontan a los años ochenta: dos décadas antes de la Administración Bush y casi tres antes de la de Obama. Sus ideas encontraron acomodo tras el 11S por la claridad moral e intelectual en un momento difícil. Pero esas ideas eran válidas antes de que nadie pensase en la existencia de Obama o de la guerra de Irak, y yo creo que siguen siendo válidas a día de hoy. Los políticos se deben juzgar por las ideas, no las ideas juzgarse por los políticos.
 
A un año, aproximadamente, de finalizar su mandato ¿qué balance hace de la presidencia de Barack Obama? ¿En qué ha quedado el cierre de la prisión de Guantánamo o la implementación de un sistema de sanidad universal?
El cierre de Guantánamo y la consecuente dispersión de sus prisioneros es un acto de imprudencia, y eso explica que una vez en el cargo Obama no haya hecho más que prometer, una y otra vez, un cierre que nunca se produce. Y que por suerte no se produce. En cuanto al Obamacare, el presidente tiró de él con todas sus fuerzas pero aún hoy las encuestas muestran que hay más americanos en contra que a favor de este proyecto. En lo que a los europeos y españoles nos interesa, no es ningún misterio que Obama deja un mundo peor que el que heredó, y lo hace debido a sus propias decisiones y no sólo a acontecimientos involuntarios. Quizá el mas grave error sea la retirada de Oriente Medio, que se plasma en tres aspectos: el desinterés por el desarrollo de las primaveras árabes y la renuncia a intervenir en su desarrollo, la hostilidad poco disimulada hacia Israel y sus retos de seguridad y el intento por apaciguar a Irán y permitir su programa nuclear. Habría que sumar a esto la extraña reacción ante las aventuras de Putin y la falta de firmeza hacia la China comunista, el gran sistema concentracionario sobre la faz de la tierra. El balance en términos de seguridad internacional es negativo, y más que lo será cuando sus consecuencias se hagan notar, aunque las sufra otra Administración.
 
George W. Bush terminó su mandato con unos índices de popularidad por el suelo. Hace medio año, no obstante, la CNN publicó la noticia Bush es ahora más popular que Obama, incidiendo en que una encuesta mostró que el 52% de preguntados tenía una impresión favorable acerca de su presidencia y un 43% desfavorable. El mismo Bush tiene una avenida en Tbilisi, Georgia, y una estatua en Albania. ¿Le está absolviendo la historia?
George W. Bush se encontró con un problema, la guerra contra el terrorismo, que ni deseaba ni pensaba que estaría en su agenda cuando juró el cargo. Con matices, su reacción fue la que cualquier otro presidente americano en su lugar hubiese tenido: perseguir a los culpables, atacar al nuevo enemigo y castigar a quienes lo amparasen o amenazasen con hacerlo. Lo hizo con excepcional determinación y liderazgo. Fue probablemente el último presidente americano convencido del excepcionalismo de esa nación y de su responsabilidad a la hora de garantizar la seguridad de sus aliados y la defensa de la libertad en el mundo. A su determinación se deben aspectos tan básicos como la actual estructura de seguridad nacional americana, y la supervivencia en países como los que usted cita de grupos políticos democráticos y pro-occidentales. La presidencia de Obama, con su convicción de que EEUU es un país como otro cualquiera, y con su renuncia a liderar a Occidente y a sus aliados pasará a la historia como un paso atrás.
 
Le absuelva la historia o no y aunque publicara hace un año y medio el New York Times un artículo diciendo que soldados americanos e iraquíes se toparon repetidamente con armas químicas de la era de Sadam Hussein, lo cierto es que los Estados Unidos dejaron un Irak peor que el que había con el dictador. De hecho, ¿cree que el ISIS tendría presencia en Irak si Sadam siguiera en el poder?
El Irak del 2009, tras el triunfo de la estrategia de contrainsurgencia de Bush y el refuerzo del número de efectivos americanos en Irak, no tenía nada que ver con la situación actual. El nivel de violencia se había reducido, se celebraban elecciones con índices de participación amplios, y los kurdos (hoy punta de lanza contra el ISIS) tenían cierta autonomía sin miedo a los ataques de Hussein. El país se había sacudido una dictadura, y si bien tenía amenazas, nada indicaba que éstas tenían que acabar triunfando. Un compromiso más duradero hubiese quizá encarrilado el país en una dirección, si no perfecta, sí preferible al despotismo de Sadam o a cualquier otra consecuencia. Pero por desgracia no fue así: el desplome del país se produjo cuando a las revueltas de Siria y los problemas de Assad se sumó la retirada de Irak que Obama había prometido, y que tantos celebraron. Creo que fue la retirada la causa catastrófica: el yihadismo se quitó la presión y el hueco dejado por los Marines fue ocupado por Al Qaeda y el ISIS. Me parece más correcto situar en esta decisión el origen del problema, puesto que antes de ella la situación era diferente.
 
Moviéndonos por el polvorín que supone la zona, ¿cuál es la solución para Siria? ¿Estamos, ante la inmovilidad de los Estados Unidos y la Unión Europea en el asunto, obligados a confiar en el liderazgo de Putin? ¿Hay que apostar por la permanencia de Bashar al-Assad?
Creo que la situación en Siria se explica por tres factores: la impotencia militar europea, el desinterés norteamericano y la emergencia de nuevas y viejas potencias, como Irán y Rusia. Por desgracia, el único liderazgo real en la región es el de Teherán y Moscú: ambos han ocupado un hueco que debían tenerlo los occidentales. Pero habría que cuidarse mucho de “confiar” en que una solución patrocinada por Putin y Ruhaní pueda ser solución para la seguridad y los intereses occidentales. La hipotética partición del país, con Rusia asentada en el Mediterráneo y un eje Siria-Irak-Iran en manos de los ayatolás será una amenaza para Occidente mucho peor de la que representa el ISIS. Esa apuesta, a la que por ejemplo parece sumarse el Gobierno español, supone una derrota a largo plazo.
 
¿Qué hay que hacer con el ISIS? ¿Se puede y debe acabar con ellos?
Se puede y se debe. O se podría y se debería. Pero como dijo Bush la misma tarde del 11S, la lucha sería larga, costosa y en múltiples frentes. Que es justo lo que los occidentales quieren evitar. No quieren sufrir bajas y no quieren el coste económico o electoral que algo así supone: es la receta perfecta para perder una guerra. Ni siquiera cuando la dejadez en Siria desemboca en matanzas en París han reaccionado los europeos más que tímidamente en materia de seguridad. Pero en cualquier caso, además de las medidas policiales y de inteligencia, es necesario privar al ISIS de sus bases territoriales y expulsarles de Siria-Irak. Lo que pasa por un mayor compromiso militar en la región. Quizá no en términos de ocupación directa o inmediata, pero sí en términos de operaciones aéreas, operaciones especiales y ayuda y asesoramiento a posibles aliados en la región, empezando por los peshmergas kurdos. En todo caso, si quien acaba con el ISIS es el eje Irán-Rusia el resultado será pésimo.
 
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