El fin del hombre

por Florentino Portero, 12 de septiembre de 2002

(Del libro El fin del hombre. Consecuencias de la revolución biotecnológica de Francis Fukuyama. Barcelona. Ediciones B, 2002. 410 págs.
Publicado en El Cultural, 12 de septiembre de 2002)
 
Fukuyama pasó de ser un oscuro analista político del Departamento de Estado norteamericano a ser una celebridad en un tiempo brevísimo, gracias a un artículo que trataba del fin de la historia publicado en una revista prestigiosa pero de escasa circulación. Poco después aparecía el libro que desarrollaba aquellas ideas, ampliando el efecto del debate abierto por el artículo. Aquel libro, como el que tiempo después escribiría Huntington sobre el choque de civilizaciones, precedido también por un artículo de enorme impacto, se convertirían en dos fenómenos de la cultura de masas que nos ha tocado en suerte vivir. Nunca antes se habían criticado tanto tesis expuestas en libros que apenas unos pocos leyeron con el debido detalle. Pero, es que no se podía permanecer al margen del debate, aun a costa de hablar de lo que no se sabía.
 
Sin ánimo de resumir las tesis de Fukuyama, en aquella obra analizaba el proceso por el que el ser humano, a lo largo de su historia, había tratado de resolver el problema de la convivencia y del ejercicio del poder hasta llegar al establecimiento de los regímenes liberal-parlamentarios. Éstos tendrían sus variantes y sus adaptaciones a los nuevos tiempos, pero en su esencia se mantendrían, finalizando así el proceso de búsqueda.
 
Pasado un tiempo a Fukuyama parecen haberle entrado algunas dudas. Durante siglos el diálogo se realizaba entre una naturaleza estable, la del homo sapiens sapiens, y distintas formas de organización política. Sin embargo, con la llegada del siglo XXI se vislumbran cambios que modificarán el primero de los elementos. Como Huxley y Orwell advirtieron, el poder puede elaborar medios para tratar de controlar la mente de los ciudadanos, alterando elementos esenciales de su naturaleza. Si hasta la fecha la crónica insatisfacción de los seres humanos ha sido el mayor acicate para la innovación, en cualquiera de los campos en los que ha realizado su actividad, ¿qué pasará el día en que por fin estemos satisfechos, aunque esa sensación no provenga de nuestro libre albedrío sino de una pastilla o de una intervención de la llamada ingeniería genética?
 
En las últimas décadas nos hemos acostumbrados a vivir rodeados de personas que consumen fármacos antidepresivos, con mayor o menor necesidad. Se habla de “farmacología cosmética”, para hacer referencia al consumo innecesario pero deseado por sus gratificantes efectos. Marcas como Prozac han pasado a formar parte de los títulos de obras literarias y otras como Lexatín, por muchos conocido como “a mí plín”, se han convertido en un elemento imprescindible para innumerables personas a la hora de enfrentarse a la ansiedad que el trabajo o la convivencia provocan.
 
La tendencia a buscar en la farmacología solución a la insatisfacción a la que estamos abocados abre, a juicio del autor, una ventana de oportunidad al totalitarismo, que en años venideros dispondrá de medios científicos mucho más sofisticados.
 
Aunque para escribir este libro Fukuyama ha tenido que emplearse a fondo estudiando las capacidades de la biología actual, y previendo las que pueda tener en las próximas décadas, las claves del libro, como las de sus anteriores trabajos, se encuentran en el pensamiento europeo. Los grandes maestros de la filosofía política y brillantes literatos, como los ya citados Huxley y Orwell, le guían a la hora de plantearse  el riesgo de rebrotes totalitarios frente a la democracia liberal en las próximas décadas por el efecto que la revolución biotecnológica pueda tener sobre la ciudadanía.