El Estado ya no es lo que era

por Rafael L. Bardají, 21 de julio de 2013

(Publicado en La Gaceta, 20 de julio de 2013)

 Según la teoría política de Hobbes en su famoso Leviatán, el Estado es una construcción social por la cual los ciudadanos ceden parte de su libertad a cambio de seguridad. El Estado como la mejor herramienta para poner coto a aquello de que “el hombre es el lobo para los hombres”.

Desgraciadamente hace tiempo que ya no es así. Por ejemplo, en el caso de los secuestros de los españoles a manos de criminales y terroristas. En el reciente caso de las dos cooperantes de Médicos sin Fronteras retenidas durante dos años en algún lugar de Kenia o Somalia, según la famosa ONG se exigió al Estado español que no interviniera, como en anteriores secuestros, a fin de mantener intacta su reputación de organización independiente. No sé si será verdad o no, pero de serlo, las autoridades españolas habrían incurrido en una grave dejación de sus funciones. Y si efectivamente jugaron algún papel, como es de imaginar, y no refutan las declaraciones de MSF, también están cometiendo una grave dejación. Bajo Zapatero era bien sabido que el Gobierno corría a satisfacer los deseos de los terroristas, horrorizados como estaban los gobernantes con tener que repatriar algún cadáver. Las sumas que los servicios secretos pagaban eran millonarias. El resultado fue el sostenimiento de toda una industria global del secuestro que veía en nuestros nacionales una presa fácil y jugosa. Fácil porque las ONG actuaban como si vivieran en Disneyland y jugosa porque el Gobierno les repartía pingües beneficios. Es más, contribuir con un rescate a una banda terrorista es, de hecho, colaboración con banda armada. Pero, como sabemos, la ley no era lo fuerte del Ejecutivo socialista.

Han sido dos años de infierno para los dos españolas secuestradas y todos nos debemos alegrar de que hayan recobrado su libertad. Pero la historia no puede acabar solamente con el júbilo actual. La política de discreción del Gobierno es buena, pero la total invisibilidad no. ¿Se ha pagado a los secuestradores? ¿Quién lo ha hecho si se ha pagado? ¿Lo ha facilitado el Estado haciendo la vista gorda? En fin, ¿negociamos o no con terroristas? Y en cuanto a los cooperantes, hay una cosa que a estas alturas debieran tener ya muy clara: su labor humanitaria encierra cada vez más un alto riesgo. Ya no son elementos neutrales a los que se respeta, sino que son una pieza más en los conflictos. Y eso es algo que afecta no sólo a su seguridad personal sino a todo el Estado que, por activa o por pasiva, acaba viéndose involucrado. Si el secuestro es todo un negocio, que lo es, las ONGs tendrá que poner de su parte para evitar caer en sus redes. Pagarles por lo que hacen y pagar por la liberación de sus miembros es amoral e insostenible.