El escándalo de la existencia del Banco Mundial

por George F. Will, 24 de mayo de 2007

(Publicado en The Washington Post, 10 de mayo de 2007)

Se dice que a menos que Wolfowitz se vaya, algunos gobiernos donantes podrían retener los fondos. Eso, incluso si se hace por ese motivo estúpido, sería una mejora.
 
La polémica acerca de si Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, se comportó de manera deshonrosa o no con respecto a la salida del banco de su compañera, no implica supone realmente un tema de mayor alcance. La existencia del banco, sí. El motivo de existencia del Banco, que nunca fue firme, se ha evaporado.
 
Creado en 1944, en el apogeo de la confianza en las organizaciones gubernamentales nacionales e internacionales, la misión del banco es 'combatir la pobreza con pasión y profesionalidad'. El gran prerrequisito para curar la pobreza es, sin embargo, el crecimiento económico, y a lo largo de una retirada de 63 años del estatismo, el mundo ha aprendido que el prerrequisito del crecimiento es la asignación del capital privado por parte del libre mercado a usos eficientes.
 
Gran parte de lo que ahorran los países receptores al recibir los préstamos financiados del Banco lo pagan en costes de 'asistencia técnica', el eufemismo para exigirles adoptar las agendas sociales de los gobiernos de las naciones ricas que financian al Banco. Esas agendas se centran en acciones gubernamentales intensivas en defensa de las causas de moda -- el refuerzo del papel de la mujer, la mano de obra, los medioambientalistas, los pueblos indígenas, etc.
 
El Banco argumenta, incoherentemente, que sus clientes valoran 'la asistencia técnica', pero que esos clientes no la siguen a menos que sean sobornados -- a menos que sea una condición para recibir los préstamos asistidos. De modo que el Banco subsidia proyectos que los países clientes no juzgan dignos de financiación mediante dinero prestado a tipos de interés del mercado. Como dice Allan Meltzer, de la Carnegie Mellon University, el dinero se quema: los proyectos con los rendimientos social o económico más elevados son con frecuencia enarbolados delante del banco con el fin de obtener sus préstamos -- pero estos proyectos habrían sido financiados de todas maneras. De modo que, en la práctica, los préstamos del Banco apoyan proyectos marginales que no habrían sido financiados sin los préstamos.
 
Demostrar que los préstamos del Banco Mundial han producido crecimiento es difícil, por no hablar de igual crecimiento como habría producido el capital privado. Además, cuando el Banco proporciona condonación de deudas, genera lo que los economistas llaman riesgo moral, un incentivo al comportamiento fraudulento -- particularmente, el endeudamiento imprudente. Las transacciones del Banco con organizaciones no gubernamentales son, hablando en propiedad, irresponsables: ¿ante qué, o ante quién, son totalmente responsables las ONG o el Banco?
 
En los cinco últimos años, según Adam Lerrick, del American Enterprise Institute, el 90% de los préstamos del Banco fueron a 27 países de ingresos medios que Lerrick dice guardan 'paralelismo cercano' con las decisiones crediticias del sector privado. Los préstamos del Banco representaron menos del 1% del dinero proporcionado por los mercados privados de capital a esos 27 países. Diez de los 27 ingresaron el 75% de los préstamos del Banco. Wolfowitz ha dicho:
 
'Afrontamos... la competición (procedente de los mercados de capital). Creo que es importante que compitamos eficazmente. Cada vez más... si la lucha contra la pobreza tiene éxito, más y más países entrarán en esta categoría de ingresos medios, y si esta institución va a seguir siendo relevante para el mundo, obviamente necesita ser relevante para los países de ingresos medios'.
 
Las palabras de Wolfowitz son las de un nombre que lleva en el gobierno demasiado tiempo. Dice que los mercados privados de capital han pasado a ser competitivos con respecto a las funciones del Banco. Pero que esos mercados no sean 'competitivos', solamente significa que cuestionan el valor combinado de los préstamos que el Banco Mundial ha querido extender. Ese es el significado de la supuesta parcialidad de los mercados de capital en contra de los países en desarrollo. Si esos mercados están ahora ansiosos por competir con el Banco Mundial en busca de clientes, es que es hora de que el Banco Mundial se haga a un lado.
 
El problema del Banco Mundial, tal como parece verlo Wolfowitz, es el maná de la humanidad: los países de ingresos medios están proliferando. Esto significa que el banco está perdiendo su batalla por conservar cualquier relevancia que pudiera tener en tiempos. La verdadera misión declarada del Banco es la non sequitur que hace inmortales los hitos gubernamentales: fuimos creados por un motivo, por lo que tiene que haber para siempre un motivo para que existamos.
 
Cuando nació el Banco, un mundo hecho pedazos por la guerra era perseguido por los recuerdos del colapso del comercio mundial en los años 30. Los mercados de capital de finales de los años 40 eran pequeños y alérgicos al riesgo. Los problemas para los que el Banco fue creado hace tiempo que desaparecieron ya. El mundo está inundado de capital disponible a bajos tipos de interés. Por ejemplo, el Banco Central de China dispone de 1,2 trillones de dólares en reservas de divisa exterior y más de 60 mil millones ingresan anualmente en inversión directa de banqueros de inversiones enterrados en efectivo.
 
Se dice que el asunto Wolfowitz podría perjudicar la reputación del Banco. Pero la reputación que importa es el desperdicio y la corrupción que inevitablemente se presentan a la distribución política, pero aún así opaca, de los muchos miles de millones de dólares.
 
Se dice que a menos que Wolfowitz se vaya, algunos gobiernos donantes podrían retener los fondos. Eso, incluso si se hace por ese motivo estúpido, sería una mejora.


 

 
 
Ó 2007, Washington Post Writers Group