El error de Defensa

por Rafael L. Bardají, 21 de septiembre de 2013

(Publicado en La Gaceta, 21 de septiembre de 2013)

 

 La defensa en España ha sido siempre el patito feo. En pocas ocasiones se le ha prestado la debida atención y en menos se la ha impulsado. Cierto, como gustan de decir los militares, ellos son de lo mejor valorado por los españoles, pero eso no les salva de la desatención generalizada a los medios con los que poder operar. La falta de percepción de amenazas por la sociedad y de una cultura estratégica en las elites dirigentes, ha hecho que España sea uno de los países con el gasto militar más bajo de nuestro entorno. Ahora bien, que se gaste poco es sólo parte del problema. Por que ¿cuánto es poco y respecto a qué?

Sin una definición de los objetivos de seguridad nacionales, el nivel de gasto sólo cobra sentido respecto a lo que cuestan los ejércitos que tenemos hoy, no necesariamente los que deberíamos tener. Esto es, sabemos cuál es la factura del personal y el dinero comprometido para hacer frente a las adquisiciones y el mantenimiento de material. Como hay que pagar al personal, los responsables de Defensa, ante la imposibilidad de acrecentar su presupuesto, han hecho siempre lo más sencillo: disminuir lo que se invierte en material. Sin embargo no se han atrevido nunca a reducir las compras. De ahí que el actual equipo se las vea y las desee para hacer frente a la deuda adquirida por los grandes programas de armamento. La solución que se encontró el año pasado, extraer de Montoro un crédito extraordinario de casi el 30% del presupuesto aprobado por las Cortes, fue una acción desesperada.

 

El error sería repetir la misma jugada. Que es lo que se piensa hacer. Sostener que el dinero acabará por llegar, aunque sea por la puerta de atrás, impide afrontar seriamente el ajuste que la defensa española necesita, en orientación, personal, estructuras y programas. El año que viene Defensa volverá a tener menos dinero y se tendrá que destinar menos a material y sostenimiento. Apuntalar unos ejércitos del 2% con un 0’6 del PIB es una ficción; gastar más del 70% en salarios, un sinsentido; pagar 8 mil millones para solo poder ser solidarios con algunos de nuestros aliados en misiones en el exterior, una irresponsabilidad. Los españoles nos merecemos otra defensa, más reducida pero que funcione y que sea capaz de hacer frente a los retos del mañana. Y posiblemente para ello haya que romper con el tabú de que lo principal es mantener los puestos de trabajo. A nuestras fuerzas armadas le siguen sobrando cabeza y le faltan dientes. Ahora que las principales amenazas están cubiertas por las fuerzas de seguridad del Estado, Policía y Guardia Civil, es el momento ideal para reestructurar la defensa. No se necesita más dinero, sino más y mejores ideas.