El desafío de la OTAN en Afganistán: la Alianza afronta su mayor amenaza en el mismo lugar en el que el Ejército Rojo se vino abajo

por Max Boot, 7 de julio de 2006

La Organización del Tratado Atlántico Norte fue creada en 1949 para contener el expansionismo comunista en Europa. Cuando la Unión Soviética colapsó, la expectativa más extendida era que la OTAN siguiera el camino del Pacto de Varsovia. En lugar de eso, el papel en la Alianza ha crecido desde el final de la Guerra Fría. En 1995 libró su primera guerra, para pacificar Bosnia, seguida por el conflicto de 1999 sobre Kosovo, donde permanece un contingente de pacificación de la OTAN. Pero es en Afganistán, un país todo lo remoto que se puede desde Fulda Gap en Alemania - donde la OTAN se preparó una vez para luchar contra el Ejército Rojo - que la Alianza del Atlántico Norte afronta su mayor y más reciente prueba.
 
En el 2003, la OTAN asumió el mando de la International Security Assistance Force, que había sido creada para complementar los esfuerzos de la coalición liderada por Estados Unidos para estabilizar la una vez guarida de los Talibanes y al-Qaeda. Al principio, la ISAF estuvo limitada a Kabul, pero gradualmente se expandió para asumir el control de las provincias relativamente pacíficas del norte y el oeste. Este agosto tomará el control de las zonas mucho más peligrosas del sur, donde hay en marcha una importante ofensiva Talibán. Si todo sale bien, la ISAF podría tomar el control de las provincias del este igualmente inseguras este otoño. Esto concedería a la OTAN el papel principal en todo Afganistán, aunque más de 10.000 tropas americanas continuarían operando independientemente en el país como parte de la Operación Libertad Duradera.
 
La semana pasada volé de Bruselas a Kabul y Kandahar junto con el General de los Marines de Estados Unidos James Jones, comandante militar de la OTAN, para ver cómo progresan sus operaciones. Nuestra delegación - que incluía periodistas, generales jubilados y funcionarios del gobierno - vio ciertos motivos para el optimismo, así como considerables causas de preocupación.
 
En el aspecto positivo, la ISAF es esa extraña coalición en la que soldados procedentes de más de treinta naciones, incluyendo aliados no miembros de la OTAN tales como Australia o Macedonia, trabajan juntos en relativa armonía. En el Centro de Operaciones Combinadas Conjuntas de Kabul, soldados de distintas naciones trabajan mano a mano en terminales informáticas. Todo el mundo se comunica en inglés. El único modo en el que puedes separarlos es a través de las banderas nacionales en las insignias de sus hombros.
 
Nuestro grupo vio un pequeño ejemplo de cooperación en acción mientras traqueteábamos por las rústicas carreteras de Kabul en vehículos conducidos por el ejército británico y protegidos por un contingente de policías militares alemanes cuadrados con gorras de béisbol que anuncian al fabricante armamentístico Heckler & Koch.
 
Por supuesto, proteger a un grupo de VIPs visitantes es una cosa; proteger al pueblo del sur de Afganistán de los Talibanes y sus aliados narcotraficantes es mucho más difícil. Esta tarea descansa principalmente en las 3000 tropas británicas, 2200 canadienses y 1500 holandesas. Los restantes miembros de la ISAF prefieren servir en zonas menos peligrosas.
 
Esto señala uno de los mayores desafíos de la OTAN - lograr que los miembros aporten tropas de manera voluntaria, y que lo hagan sin colocar tantas salvedades a su despliegue. Además de los límites de la geografía (muchas tropas no operarán en el sur o el este), también hay límites tácticos. Por ejemplo, a algunos soldados sus gobiernos no les permiten utilizar productos químicos tales como gases lacrimógenos para dispersar los desórdenes. Esto puede convertirse en un importante dolor de cabeza para los mandos de la ISAF cuando se trata de figurarse cómo tratar disturbios del tipo que recorrieron Kabul en mayo.
 
En teoría, se supone que la ISAF se concentra en la cara amable de la contrainsurgencia, proporcionando seguridad y ayuda al desarrollo al tiempo que las tropas americanas se centran en dar caza a los malos. En la práctica, la distinción puede ser difícil de hacer. Las tropas de la OTAN en el sur pueden involucrarse en 'autodefensa proactiva', sea lo que sea lo que signifique eso. Poner en práctica este nebuloso mandato dependerá de los comandantes sobre el terreno, y las expectativas más extendidas son que las tropas británicas y canadienses van a ser más agresivas que sus colegas holandeses más cautos.
 
Que la OTAN haya tomado el control de un país que ocupa el puesto 173 de 178 en un índice de desarrollo humano básico, y cuya economía depende más de las drogas ilegales y la ayuda exterior que cualquier otro país es una tarea titánica. Pero un diplomático de nuestro viaje discernía un rayo de luz en esta oscura realidad. Habiendo servido en Irak, concluía que las expectativas de los iraquíes eran irrealmente elevadas porque recordaban a los tiempos de expansión de los años 70 y 80. En contraste, los afganos no han conocido nada sino guerra y pobreza durante el último cuarto de siglo. Sus expectativas pueden ser exactamente lo bastante bajas como para que la OTAN las satisfaga.  

 
 
Max Boot es investigador decano del Council on Foreign Relations y ex editor de la página editorial del Wall Street Journal.