El depravado ejercito del Señor Kony

por Santiago Tazón, 7 de octubre de 2005

Uganda ha aprobado recientemente un retorno a la democracia de partidos. Una medida de cara a lavar la imagen pública de Uganda ante la comunidad internacional y particularmente ante los países donantes. Pero sea con partido único o con pluralismo, Uganda sigue teniendo enquistada una guerra civil desde hace 19 años en el norte del país, escenario de graves crímenes en un reinado de terror de Joseph Kony y su Ejército de Resistencia del Señor, el LRA.
 
A finales de septiembre de 2005, las Naciones Unidas han mantenido, por primera vez, conversaciones con el LRA (Lord’s Resistance Army o Ejército de Resistencia del Señor)[1].
 
 

I. Introduccion
 
El norte de Uganda es el escenario de una cruenta guerra civil que dura ya 19 años.
 
La razón por la que ha atraído la atención internacional es porque este conflicto presenta unas características especiales: se produce la abducción continuada de niños por las fuerzas rebeldes, prevalece la violencia contra civiles ordinarios y provoca oleadas de refugiados.
El grupo étnico mayoritario en esa sub-región[2] es la tribu acholi
 
La guerra civil ha provocado miles de muertos y el rapto de miles de niños.
 
Pero la guerra se limita a Acholiland, a  la región norte del país; en el sur de Uganda, el país ha conseguido unos elevados índices de bienestar y crecimiento económico. Una historia de éxito que contrasta con la realidad de guerra y hambre en el norte dónde muchas cosechas se pierden porque el miedo a ataques rebeldes impide el trabajo en el campo.
 
El país es todavía un régimen de partido único (el Movimiento de Resistencia Nacional) aunque el Presidente Yoweri Museveni está decidido a acometer ahora las reformas para instaurar una democracia con pluralismo político, pese a que Museveni siempre se ha pronunciado en contra con el argumento de que los partidos políticos en Africa sólo sirven para fomentar los enfrentamiento tribales.
 
Si bien es cierto que no se puede culpar al Gobierno de Museveni de los terribles crímenes cometidos por el LRA (Lord’s Resistance Army), sí hay por su parte, una seria responsabilidad en su incapacidad para detener una grave crisis humanitaria que dura ya dos décadas,  el empeño del Presidente Museveni en acabar con el LRA por vías exclusivamente militares no sólo no ha dado sus frutos sino que sólo ha servido para prolongar el conflicto y para incrementar el sufrimiento de la población civil.
 
Pueden parecer excesivas las críticas que algunos cooperantes han vertido sobre el Gobierno de Uganda, al sugerir que un país que financia casi la mitad de su presupuesto con ayudas internacionales, puede estar poco interesado en acabar con la crisis humanitaria. Pero sí resultan más convincentes los análisis del ICG[3] que indican que el Gobierno busca solucionar el problema de forma exclusivamente militar para lo que presiona a los donantes para recibir ayudas destinadas a defensa. Las fuerzas armadas (UPDF) [4] también  han cometido graves abusos contra civiles en Acholiland, la discusión de si son causa o efecto de la rebelión ayuda poco a las víctimas.
 
II. Antecedentes
 
A finales de los años 80 una mujer conocida como 'Lakwena' decía poseer superpoderes y  pretendía alcanzar la pureza espiritual de la tribu de los acholi. Formó un movimiento que llamó el Movimiento del Espíritu Santo. No hubiese pasado de ser una secta más, como la tristemente célebre (y también ugandesa) “secta  para la restauración de los diez mandamientos”[5] si no hubiese sido por un condicionante importante: en aquellos momentos, la insurgencia comandada por Museveni (originario del sur de Uganda) había tomado el poder y derribado a una junta militar mayoritariamente acholi (presidida por Tito Okelo), tras alcanzar la victoria, la tribu acholi sufrió venganza y abusos a manos de los vencedores.
 
Esto condicionó a la secta del Espíritu Santo de dos maneras: se convirtió en una fuerza armada paramilitar y tuvo decenas de miles de miembros.
 
Tras sufrir severas derrotas, se unió con otros grupos rebeldes del norte y paso a ser liderada por Joseph Kony y cambió su nombre por el de LRA[6] 'Ejército de Resistencia del Señor'.
 
Era el año 1987. Desde entonces Joseph Kony ha conseguido mantener su 'ejército' en activo, evitar las acciones de las fuerzas de defensa para capturarle  vivo  o muerto y convertir el norte de Uganda en su matadero particular.
 
III. Crimenes de guerra
 
Las dudosas motivaciones políticas y religiosas que pueda haber detrás de dos décadas de insurgencia del LRA palidecen al considerar las atrocidades cometidas de forma continuada, lo que desautoriza cualquier reivindicación.
 
El conflicto no puede ser considerado como un conflicto más entre un Gobierno y un grupo rebelde sino que debe ser tratado como un caso de graves crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. El conflicto en el norte de Uganda ha provocado el desplazamiento de más de un millón y medio de refugiados.
 
La población civil acholi ha sido sometida a niveles extremos de violencia durante veinte años.
 
Ataques a la población civil
 
El LRA desde sus orígenes ha demostrado preferencia por atacar a la población civil. En cierto modo la guerra civil de Uganda tiene dos dimensiones: por un lado, la guerra entre el LRA como insurgencia y el Gobierno de Uganda y por otro la guerra civil en la comunidad acholi.
 
Esta segunda dimensión se nota en las víctimas; la mayor parte de las víctimas son civiles y casi todas las victimas son acholi ya que los ataques se producen en el territorio de Acholiland en el norte de Uganda.
 
El ejército ugandés ataca a los acholi basándose en que son las bases del LRA y el LRA los ataca igualmente acusándolos de traicionar al LRA y de avisar de su presencia al ejército.
 
La sociedad acholi se ha visto completamente devastada por la guerra, y su tejido social ha ido desapareciendo hasta verse reducido a un puñado de comunidades divididas entre varios campamentos de refugiados y una pequeña diáspora.
 
Su cultura y tradiciones se han visto atacadas y desbordadas en unos campamentos masificados (i.d. Pabbo en Gulu de hasta 33.000 residentes o Pajule en Kitgum de 24.000 residentes)  especialmente difíciles para unos individuos generalmente acostumbrados a residir en aldeas rurales dispersas de menos de un centenar de casas.
 
Se calcula, según estimaciones de la ONU, que el conflicto del norte de Uganda ha producido un millón y medio de refugiados.
 
Como fruto de estos abusos, la relación entre el LRA y los pueblos acholi del norte de Uganda es muy distinta de la que puede darse en la mayor parte de los conflictos del continente. En este caso, es un grupo armado que ni cuenta con el apoyo de las comunidades de la región en la que opera ni puede intentar ser el representante de sus intereses.
 
Los niños del LRA
 
El LRA ha raptado miles de niños[7], a lo largo del conflicto. Los varones fueron raptados para engrosar sus filas de combatientes en primera línea de fuego y las niñas fueron destinadas como esclavas sexuales.
 
Los miembros del LRA raptaban a los niños en los pueblos de Acholiland para obligarles a combatir, en ocasiones les obligaban a matar a sus padres para que no tuvieran ninguna posibilidad de regresar.
 
El LRA ha atacado varios colegios y escuelas primarias e incluso un seminario católico para raptar a los alumnos.
 
Dado que el conflicto perdura al cabo de casi dos décadas, los comandantes del LRA de hoy son los  niños raptados del pasado, pero eso no les impide seguir raptando niños.
 
Se calcula que el  90% de los soldados del LRA son menores de edad, se ha hablado de una “guerra de niños contra niños”[8].
 
La juventud de los mandos del LRA hace que su fanatismo sea exacerbado y ha dificultado especialmente, por el momento, cualquier tipo de negociación o proceso de paz.
 
Algunos combatientes del LRA son niños muy pequeños, que tienen sólo siete u ocho años de edad pero resultan muy peligrosos. A un niño traumatizado y aterrorizado se le puede convencer para que cometa una atrocidad, es diferente con los adultos.[9]
 
Se les brutaliza psicológicamente y se les fuerza a cometer crímenes horribles haciéndoles decidir entre opciones imposibles con el miedo como argumento principal para así incrementar su desconexión de su pasado y de la realidad y su dependencia absoluta de sus captores (su nueva familia).
Cualquier persona de menos de veinte años que viva en Acholiland no ha conocido en su vida otra realidad que la de un conflicto armado permanente, conflicto en el cual él es un objetivo principal.
 
Según las propias palabras de Jan Egeland (Vice-secretario General de la ONU para asuntos humanitarios y coordinador de operaciones de ayuda de emergencia) en 2003:
 
“el mundo ha olvidado que estos 18 años de guerra en el norte de Uganda son acerca de niños -niños raptados, niños asesinados y niños que cambian de lugar por las noches para huir de la violencia.”(...)
“¿En que otro lugar del mundo ha habido 20.000 niños raptados?
¿En que otro lugar del mundo el 90% de la población de un gran distrito ha sido desplazada?
¿En que otro lugar del mundo los niños constituyen más del 80% de un grupo insurgente terrorista ?”[10]
 
Asaltos a campamentos de refugiados
 
La línea seguida por el LRA de atacar a la población civil se ha visto intensificada conforme el LRA ha ido perdiendo fuerza en general y capacidad operativa en particular. El LRA selecciona sus objetivos dando preferencia a objetivos civiles y seleccionando los más vulnerables.
 
En los últimos años hemos asistido al terrorífico espectáculo del LRA dirigiendo sus ataques contra campamentos de refugiados.
 
Dirige sus fuerzas contra los más débiles para practicar violaciones, torturas, mutilaciones y matanzas en masa. Destaca la matanza de 300 civiles en el campamento de Barlonya, en el distrito de Lira en febrero de 2004[11].
 
También han sido frecuentes los ataques del LRA a convoys de transporte de alimentos destinados a los campamentos de refugiados, provocando la desnutrición y el hambre en los mismos.
 
Las dramáticas condiciones de vida en los campamentos resultan en muchos casos insoportables: en los de los distritos de Lira y Pader según un informe de Medecins Sans Frontieres de octubre de 2004 se llega a 2’8 muertes diarias por cada diezmil personas. (por encima de 2 se clasifica como “emergencia fuera de control”)
 
Auto-genocidio
 
Todas estas conductas han aterrorizado a la población acholi y han condicionado de tal modo su existencia que hay muchos casos en que las madres se han visto obligadas a vagar con sus hijos lejos de las aldeas durante las noches para evitar que sean raptados.
 
El LRA siempre ha intentado mantener aterrorizada a la población, en ocasiones enviaban una oreja de la persona raptada a su aldea de procedencia.
Algunos de estos ataques han concienciado a la comunidad internacional[12] que dándose cuenta del gravísimo problema y en aras de evitar un nuevo genocidio similar al de Ruanda,  ha provocado algunas acciones concretas, sobre todo por parte de los Estados Unidos.
 
Estos comportamientos contra su propia comunidad han sido calificados de “auto-genocidio” y comparados sólo con  los Khmers Rouges (Jemeres Rojos) de Camboya.[13]
 
Los ocasionales abusos contra la población civil por parte de las fuerzas armadas regulares (UPDF) en  Acholiland han agravado la situación por un lado al no poder confiar en quienes deberían salvaguardar sus vidas y por otro al ayudar a justificar a cierto nivel entre los acholi la rebelión de Kony y su LRA.
 
“incluso después de haber sido desplazados forzosamente a campamentos protegidos, la gente vive bajo la amenaza constante de la violencia causada tanto por los ataques del LRA como por los abusos del ejército del Gobierno (UPDF) que es el responsable de protegerlos”[14]
 
Crímenes cometidos por fuerzas dependientes del Gobierno de Uganda
 
La fortísima represión llevada a cabo por el ejército de Uganda (UPDF) en Acholiland comenzó en 1986 y ha sido una constante en todos estos años de conflicto.
 
Estos crímenes están igualmente siendo investigados por el Tibunal Penal internacional.
 
Según consta en los informes de HRW (Human Rights Watch)[15] las fuerzas gubernamentales han cometido horribles crímenes contra el pueblo acholi que comprenden, entre otros: ejecuciones extrajudiciales, tortura de prisioneros, abusos sexuales y violaciones a mujeres y a hombres[16], incendio de las tukel  (chozas familiares) con sus moradores dentro y reclutamiento de menores en sus filas. En algunos hechos se pueden encontrar comportamientos que se acercan al genocidio[17]
 
No sólo el ejército de Uganda (UPDF) lleva a cabo estas conductas, también otros grupos paramilitares como las llamadas “unidades de protección locales” (dependientes del Ministerio del Interior) y los servicios de inteligencia.
 
IV. Evolución del papel jugado por  Sudán
 
Apoyo al LRA
 
La posible regionalización del conflicto ha sido permanentemente un problema añadido.
 
La difícil situación de una frontera entre dos zonas de control rebelde: el sur de Sudán y el norte de Uganda se veía agravada por la constante presencia de tropas ugandesas en el sur de Sudán.
 
Las relaciones entre los dos países nunca fueron buenas y la “mala vecindad” sirvió para avivar los conflictos internos.
Sudán ha sido el apoyo más importante que ha tenido el LRA.
¿Cómo es posible que el gobierno paladín del islamismo radical que daba cobijo a Bin Laden financiase a una secta seudo-cristiana que se denomina a sí misma como 'Ejército del Señor'?
 
El deseo de Sudán de entorpecer al Gobierno de Uganda apoyando al LRA y a otros grupos insurgentes ugandeses se sostenía en el apoyo que Uganda prestaba a los rebeldes del Sur de Sudán, el SPLA (Ejército de Liberación Popular de Sudan) de Garang.
 
Del mismo modo, al estar a sueldo de Sudán, a veces, unidades del LRA se dedicaban a combatir al SPLA en el sur de Sudán.
 
Acuerdo de Nairobi
 
Actualmente, el apoyo de Sudán al LRA ha terminado.
 
Esas políticas de mala vecindad mutua han desaparecido en los últimos años con la firma del Acuerdo de Nairobi[18]. Sudán fue severamente conminado primero a interrumpir la financiación y segundo admitió que las fuerzas ugandesas pudiesen ampararse en la 'persecución en caliente' para entrar en territorio sudanés para combatir a efectivos del LRA.
 
Paz norte-sur en Sudán
 
El efecto de la reciente firma del acuerdo de paz en Sudán[19] y con John Garang, líder rebelde del SPLM/A, como nuevo vicepresidente de Sudán empezó a resultar positivo para el conflicto del norte de Uganda. La muerte en accidente de helicóptero de John Garang a las tres semanas de ser nombrado Vice-Presidente ha supuesto un obstáculo, pero no va a cambiar la tendencia.[20]
 
Sudán ha dejado de apoyar al LRA y en adelante desaparecerán los escasos flecos que todavía perviven. Resulta dificil acabar absoluta y rápidamente con una relación de tantos años, por lo que algunos desertores del LRA han podido revelar que todavía se recibe algún que otro suministro de munición.[21]
 
V. ¿Quien es Joseph Kony?
 
Los informes que se tienen de él hablan de un hombre carismático y místico que predica que él, como Moisés, ha sido elegido por Dios con distorsionadas interpretaciones del Antiguo Testamento.
 
Motiva a sus seguidores con mensajes divinos que recibe como una especie de medium que le indican que su destino es conquistar el poder para regir Uganda con los Diez Mandamientos bíblicos y afirma estar en contacto con espíritus de distintas nacionalidades (particularmente con los de una mujer sudanesa y un hombre coreano) y utiliza a esos espíritus como consejeros militares.
 
Al comienzo, Kony decía estar combatiendo para liberar a la tribu acholi de la opresión del Gobierno. Pero más adelante[22] sintió que los acholi le habían fallado y no habían apoyado suficientemente al LRA, por lo que inició una campaña de masacres para “limpiar de pecadores” a los propios acholi.
 
Los niños-soldado del LRA ven a Kony como una figura divina con poderes mágicos.
 
El prestigioso africanista británico Martin Meredith lo definía sin ambages en su último libro, como un “psicópata mesiánico cuya especialidad es abducir, violar y mutilar niños”.[23]
 
La palabra “kony” en el lenguaje acholi significa “ayudar”.
 
En el 2004 una revista de la comunidad de exiliados del sur de Sudán en Kenia publicó la primera y única entrevista que Joseph Kony ha concedido[24], realizada en la ciudad de sudanesa de Juba.
 
VI. Avances en la solucion
 
Tanto Joseph Kony como el Presidente Museveni han confiado durante años en la victoria total de sus fuerzas  como vía para conseguir el final del conflicto.
 
La intervención de la comunidad internacional ha forzado la necesidad de buscar una solución dialogada y han sentado al Presidente Museveni y a algunos comandantes del LRA (nunca a Joseph Kony) en la mesa de las negociaciones.
 
Betty Oyella Bigombe (Ministra para la Pacificación del Norte de Uganda) ha sido la que más ha trabajado para alcanzar un acuerdo de paz con el LRA, pero la falta de confianza entre ambos bandos ha sido siempre un lastre en las negociaciones.
 
La intervención de los Estados Unidos de América
 
Una teoría del autor de este análisis es que los graves atentados terroristas en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 han influido mucho en la evolución de los conflictos del continente africano.
 
En noviembre de 2001 el Departamento de Estado de los Estados Unidos clasificó al LRA como “organización terrorista internacional”, incluyéndolo en su TEL (Terrorist Exclusion List)[25] también en el año 2001, lo que afecta a sus fuentes de financiación e  impide la entrada de sus miembros en los  Estados Unidos.
 
El 2 de agosto de 2004, el Presidente Bush firmó una ley que busca solucionar el conflicto de Uganda: la Northern Uganda Crisis Response Act.[26]
 
La presión de los Estados Unidos ha incidido también sobre la disposición del Gobierno de Uganda a negociar con el LRA. Así, a finales de 2004 El Presidente Museveni declaró un alto el fuego unilateral en una zona acotada dentro de Acholiland durante 47 días.[27]
 
Posicionamiento débil de las Naciones Unidas
 
La Organización de las  Naciones Unidas ha sido acusada repetidamente de ignorar el conflicto del norte de Uganda, aparte de la Resolución 1460[28] de aplicación más general (no sólo en Uganda) contra el reclutamiento de niños en conflictos armados.
 
Una de las personas más concienciadas dentro de la ONU sobre este conflicto es el noruego Jan Egeland, Vice-secretario General de la ONU para asuntos humanitarios y coordinador de operaciones de ayuda de emergencia, que ha emitido demoledores informes sobre la situación en el norte de Uganda en reuniones del Consejo de Seguridad.[29]
 
Jan Egeland ha solicitado repetidamente una mayor implicación de la ONU en el conflicto del norte de Uganda.
 
Pero los éxitos conseguidos (tan escasos en el continente) en la economía y en la lucha contra el SIDA por el Gobierno de Museveni unido al apoyo de alguno de los miembros del Consejo de Seguridad (China) han provocado que se haya optado siempre por una solución interna del problema[30] y se haya desestimado la posibilidad de una intervención internacional acorde con la importancia de la crisis, optando sólo por brindar ayuda a los refugiados y amparar las iniciativas de las ONGs que operan en la zona.[31]
 
 Jan Egeland llegó a calificar de “ultraje moral de nuestro tiempo” la situación del norte de Uganda.
 
Ahora, en septiembre de 2005 la ONU se reúne por primera vez con miembros del LRA. La reunión ha tenido lugar en la República Democrática del Congo.
 
Difícil reinserción
 
Cualquier plan de paz debe contemplar la reinserción de los miembros del LRA.
 
Esto presenta problemas tanto de orden jurídico como práctico.
 
Muchos de los combatientes del LRA presentan el doble carácter de victimas y verdugos, al haber sido raptados,  brutalmente adoctrinados y en cualquier caso obligados a cometer los crímenes.
 
Las autoridades ugandesas en un esfuerzo por reintegrar a los combatientes del LRA a la vida civil han ofrecido medidas de reinserción, llegándose a aprobar una ley de amnistía (Amnesty Act 2000). Esta ley contempla la puesta en marcha de unos equipos (los DRT: Demobilization and Resettlement Team) para llevar a cabo el desame y desmovilización de los miembros del LRA y su regreso a la vida civil.
 
No obstante el Presidente ha asegurado al Tribunal Penal internacional de La Haya que las medidas de amnistía nunca supondrán la impunidad de aquellos que hayan cometido crímenes contra la humanidad y que de hecho no alcanzaran a los altos mandos del LRA que deberán ser procesados por el Tribunal Penal Internacional[32].
 
Desde un punto de vista práctico, los combatientes del LRA han cometido graves crímenes en sus propios lugares de origen y sus victimas han sido sus vecinos. En esas circunstancias el regreso a sus aldeas de origen resulta especialmente difícil.[33]
 
No obstante el Presidente Museveni ha afirmado públicamente[34] que estaría dispuesto a ofrecer garantías a Joseph Kony permitiéndole residir en otra parte de Uganda (lejos de la zona norte, lejos de Acholiland), dónde su presencia no constituyese una ofensa permanente a la población. El paquete incluiría una residencia adecuada con un dispositivo de vigilancia y una garantía vitalicia de no ser procesado ni en el interior de Uganda ni por tribunales internacionales. Esto contradice bastante la actual situación frente al Tribunal Penal Internacional. Museveni está jugando ambas cartas antes de optar por una de las dos soluciones.
 
De todas formas, algunos jefes tribales acholi, entre ellos el Jefe Supremo[35], se han mostrado contrarios al procesamiento de los líderes del LRA por el Tribunal Penal Internacional.
 
Desean un acuerdo en lugar de una solución militar o judicial, debido a que es más acorde con la cultura y tradición acholi de resolver pacíficamente las disputas mediante el mato oput (conversaciones de reconciliación)[36]. Los acholi,  en cierto modo, no reconocen que exista una responsabilidad individual por los actos, la responsabilidad es entendida de forma colectiva y atribuible a la influencia de los cen (espítitus malignos).[37]
 
VII. Conclusiones
 
EL final del LRA no parece lejano pero decir esto es siempre arriesgado y difícil ante un conflicto que dura ya dos décadas. (El propio Museveni llegó a anunciar que había acabado con el LRA en el 2002).
 
Desde que perdió el apoyo de Sudán las dificultades operativas del LRA son muy grandes lo que se ha traducido en derrotas militares frente al ejército ugandés (UPDF).
 
Las continuas amenazas de tono bélico por parte de políticos y militares ugandeses han llevado a los integrantes del LRA a creer firmemente que si abandonan sus refugios los mataran, algo que dificulta las llamadas a la desmovilización y a la entrega de armas que las autoridades intentan transmitir desde las emisoras de radio locales. No están teniendo éxito, los destinatarios las interpretan como engaños y propaganda de guerra.
Las negociaciones de paz son muy difíciles pero algunos elementos del LRA se han mostrado dispuestos a  abandonar las armas.[38]
 
La disidencia de los más moderados y su acercamiento a las negociaciones puede resultar positivo pero también aislará al núcleo duro, impidiendo un final global negociado.
 
Del mismo modo, resultará muy difícil poder negociar estando abierta una investigación del Tribunal Penal Internacional, pero también resulta muy negativo para Africa ver como en el continente se va asentando lo que se ha venido a llamar “cultura de la impunidad”.
 
La pregunta de si en aras de acabar con una tremenda crisis humanitaria y poner fin al drama humano se debe o no de permitir la impunidad de los perpetradores sería formulada una vez más en Africa.
 
A esta pregunta acompañarán otras: ¿qué tipo de negociación y que acuerdo de paz puede proponerse?
 
El modelo creado por Sudáfrica de la “Comisión de la Verdad y Reconciliación” que ya fue imitado por Sierra Leona ¿podría servir en el norte de Uganda? No parece adecuado a primera vista, resulta muy difícil deslindar entre víctimas y perpetradores.
 
Otras medidas que han ayudado a solucionar otros conflictos en el continente, como la integración de la guerrilla en el ejército nacional tampoco sería adecuado aplicar ni a los  niños ni a los que dejaron de serlo combatiendo, parece prioritario desmovilizarlos y apartarlos de la guerra.
 
Las medidas de carácter político (gobiernos de unidad nacional, federalismo, reparto de recursos naturales, etc.) carecen de sentido frente a un ejército de niños siguiendo a un visionario.
 
Joseph Kony es el principal obstáculo para la solución del conflicto. Resulta muy difícil negociar con quién no sabe por qué lucha ni lo que quiere.
 
Optar a una vida retirada en el exilio, como consiguió Charles Taylor (ex-Presidente de Liberia) en Nigeria o su compatriota Idi Amín en Arabia Saudí parece fuera del alcance de Kony. El nunca ha sido jefe de estado y carece de apoyo internacional, hoy seguramente ni Sudán estaría dispuesto a admitirlo en su territorio, ni tampoco Etiopía que parecía ser la opción preferida por Kony[39]
 
El final de Kony, probablemente, conllevaría el final del LRA de una forma parecida (salvando las tremendas diferencias entre un caso y otro) a lo que supuso para la UNITA de Angola el final de Jonas Savimbi.
 
Si el escurridizo Kony fuese capturado, antes de nada debería ser examinado por especialistas para determinar su grado de lucidez y sus necesidades de tratamiento psiquiátrico.
 
Veinte años de guerra civil, 20.000 niños raptados, miles de muertes, violaciones, mutilaciones...y este horror sigue cada día, aún no ha terminado.
 
 Esté cuerdo o no el fatídico Señor Kony, todos tenemos algo de culpa.

 
 
Notas


[1] Según nota de prensa de las Naciones Unidas publicada por BBC News Kampala a 25 de septiembre 2005.
[2] Sub-región conocida como Acholiland, que engloba los distritos de Kitgum, Gulu, y Pader.
[3] International Crisis Group , análisis sobre Uganda de abril 2004
[4] Las Fuerzas de Defensa del Pueblo de Uganda (UPDF son sus siglas en inglés) tiene su origen en el Ejército de Resistencia Nacional, la milicia comandada por Museveni,, en inglés NRA (National Resistance Army). Sus miembros, y especialmente los mandos, son mayoritariamente del sur de Uganda.
[5] A comienzos del 2000, un culto suicida llamado Movement for the Restoration of the Ten Commandments of God dejo más de 150 cadáveres en el sur de Uganda.
[6] Siglas de su nombre en inglés: Lord’s Resistance Army
[7] El Institute for Security Studies (ISS) cifraba en 15.500 niños la cifra de niños abducidos a finales del año 2000 en su informe “Violence, reconciliation and identity: The reintegration of Lord's Resistance Army child abductees in Northern Uganda” fechado en diciembre del 2003.
[8] Informe sobre el conflicto del norte de Uganda publicado por la División de Medios de Información del Departamento de Estado de los Estados Unidos, el 09 de febrero de 2005
[9] Según Carlos Rodriguez, sacerdote católico en Gulu miembro de la Acholi Religious Leaders Peace Initiative
[10] Extraido de la entrevista que Jan Egeland concedió a la cadena de televisión canadiense CBC.
[11] Investigación del fiscal Luis Moreno Ocampo del Tribunal Penal Internacional de La Haya: “Statement by the Prosecutor Related to Crimes Committed in Barlonya Camp in Uganda”
[12] Foro Internacional por la prevención de Genocidio en enero de 2004 en Estocolmo.
 
[13] Jackson, P. 'The March of the Lord's Resistance Army: Greed or Grievance in Northern Uganda?' Small Wars and Insurgencies 13, no. 3 (2002)
[14] Extraído del documento “Life in Northern Uganda”de  Diciembre 2004 elaborado por la ONG Medecins Sans Frontieres.
[15] “Abducted and abused: Renewed Conflict in Northern Uganda” informe de Human Rights Watch vol 15 nº 12 de julio 2003
[16] Las violaciones homosexuales se hicieron tan comunes que los acholi acuñaron un término: “tek gungu”
 
[17] Un ejemplo puede ser la llamada masacre de Amakura en la que perecieron todas las personas a las que el ejército forzó a subir a un vagón de tren.
[18] Según lo pactado en el Acuerdo de Nairobi entre Uganda y Sudán el 8 de Diciembre de 1999
[19] Acuerdo de Paz Norte-Sur de Sudán firmado el 9 de enero de 2005 e implementado el 8 de julio de 2005
[20] Salva Kiir Mayardi veterano comandante del SPLA y que era desde hace tiempo la mano derecha de Jhon Garang  le ha sucedido como Presidente del autónomo Sur de Sudán y como Vicepresidente de Sudán. (vid. Islamic Affairs Analyst septiembre 2005)
[21] Crisis Group interviews, May 2005.
[22] Sobre todo a partir de 1992, después de la operación militar llamada “Operación Norte” para acabar con el LRA en la que el Gobierno contó con algunos grupos acholi.
[23] Martin Meredith “The State of Africa” publicado por Free Press en el Reino Unido 2005 pg. 594
[24] Revista semanal “The Referendum” publicada en Kenia.
.[25] Creada de acuerdo a la Sección 411 de la USA Patriot Act de 2001
[26] Que entró en vigor como la Ley Pública número 108-283
[27] El alto el fuego fue renovado el 4 de febrero de 2005 por otros 18 días, pero transcurrido estos se anuncio la inmediata reanudación de todas las operaciones militares.
[28] Aprobada por el Consejo de Seguridad el 30 de enero de 2003 y codificada como S/RES/1460/2003.
[29] Statement by Under-Secretary-General Jan Egeland at the Security Council open debate on the protection of civilians in armed conflict.
[30] Especialmente las conversaciones de paz iniciadas en 1994 con Betty Bigombe como mediadora.
[31] Comunicado de Prensa sobre el Norte de Uganda de la Presidencia del Consejo de Seguridad (14 de abril de 2004)
[32] El propio Presidente Museveni tomó la decisión en diciembre de 2003 de presentar el caso ante el Tribunal Penal Internacional
[33] Especialmente interesante resultan las recomendaciones recogidas por el International Crisis Group en su  Africa Briefing N°27, 23 June 2005 haciéndose eco de las iniciativas de acogida de ex-combatientes a desarrollar en las propias comunidades que serían  dirigidas por mujeres y víctimas.
[34] International Crisis Group Africa Briefing N°27 Kampala/Brussels, 23 Junio 2005
 
[35] Declaraciones de Rwot Acana, el Jefe Supremo, tras el encuentro de una delegación acholi con el Tribunal Penal Internacional en el 2004.
[36] El mato oput consiste, agrndes rasgos, en una especie de careo entre las partes frente a un consejo de ancianos que investiga y establece la culpa, que se reconoce colectivamente por un representante del clan familiar, luego se decide una compensación y se sella el acuerdo bebiendo juntos una bebida elaborada con raíces que purifica a las partes de espíritus malignos (los rencores se atribuyen a espítitus y deben ser tratados para su expulsión).
[37] Recogido en  “Violence Reconciliation and Identity” por Angela Veale y Akri Stavrou
[38] Siendo la más clara e importante, la rendición del Sam Kolo (con grado de General de Brigada en el LRA) el 16 de febrero de este año.
[39] Según su entrevista publicada en la revista keniata “The Referendum” ha sido invitado a exiliarse en la región de Oromo, en la que actua el movimiento insurgente Oromo Liberation Front