¿El corolario de los años 60?

por Thomas Sowell, 7 de mayo de 2007

Alguien dijo recientemente que los asesinatos en masa, como el sucedido en la Universidad Politécnica de Virginia o en el colegio secundario de Columbine, son en gran medida un fenómeno de los años 60 y consiguientes. Si es así, estas tragedias pueden añadirse a la larga lista de consecuencias desastrosas de las intoxicantes ideas y extravagante retórica de la década.
 
¿Qué había en la visión del mundo durante los años 60 que posiblemente pudiera llevar a alguien a considerar como correcto que se dispare contra personas que no le han hecho nada?
 
La culpabilidad colectiva es uno de los legados de los años 60 que aún sigue entre nosotros. Todavía seguimos viendo cómo se hace sentir culpable por la esclavitud a gente que jamás tuvo un esclavo en su vida y que sentiría repulsión ante la sola idea de poseer un esclavo.
 
Allá por los años 60, se consideraba “profundo” en el mundillo intelectual decir que la sociedad americana, o sea todos nosotros de forma colectiva, éramos de alguna forma responsables por los asesinatos de los hermanos Kennedy y de Martin Luther King.
 
Durante los años 60, la idea que corrió como la pólvora fue que si a usted le faltaba algo, era culpa de alguien, culpa de la sociedad. Si era pobre, fuese en Estados Unidos o en algún país del Tercer Mundo, usted era uno de los “desposeídos” - incluso aunque nunca hubiera poseído nada de lo que pudieran desposeerlo. 
 
Los disturbios callejeros en los guetos que se extendieron por Estados Unidos durante los años 60 fueron todos culpa de la sociedad según la opinión formalmente expresada en un aclamadísimo informe sobre violencia urbana por la comisión nacional “de expertos” encabezada por Otto Kerner, gobernador de Illinois
 
Igualmente, el presidente Lyndon Johnson le echaba la culpa de la violencia urbana a las condiciones sociales diciendo: “Todos nosotros sabemos cuáles son esas condiciones: ignorancia, discriminación, barrios marginados, pobreza, enfermedad, la falta de empleos suficientes”.
 
Esa visión arrolladora e intoxicante hizo innecesario tener que rebajarse ante algo tan mundano como los hechos reales - algo que habría incluido el hecho de que los disturbios callejeros golpearon con mayor frecuencia y violencia allí donde y cuando reinaba esa visión de la culpabilidad colectiva.
 
Las ciudades sureñas, donde en ese momento la discriminación y la pobreza eran más pronunciadas que en el resto del país, no se vieron golpeadas con tanta frecuencia ni dureza como las ciudades fuera del Sur.
 
Detroit, que en los años 60 sufrió los disturbios callejeros más mortales de todos con 43 muertes, tenía una tasa de desempleo entre negros de un 3.4% que era más baja que la tasa de desempleo entre blancos.
 
Chicago, donde el alcalde Richard J. Daley no estaba por la labor de tragarse lo de la culpabilidad colectiva de su época, fue una de las pocas ciudades del Norte que escapó a la oleada de disturbios que asoló al país en 1967.
 
Ese tipo de disturbios callejeros que ocurrieron por todo el país durante la administración de Lyndon Johnson se convirtieron en algo prácticamente desconocido durante los 8 años de la administración Reagan, la cual proyectaba una visión del mundo completamente diferente.
 
Pero, entonces como ahora, los hechos ocupan un segundo lugar ante embriagadoras opiniones y retórica arrolladora.
 
Si otros son culpables de alguna forma por lo que sea que a usted le falte en su vida, atacar ferozmente al azar a personas que no le han hecho nada personal a usted, puede sonar plausible a mucha gente.
 
Sea o no sea que la reciente masacre en el Tecnológico de Virginia fuese el resultado de locura médicamente verificable, siempre ha habido dementes pero no siempre ha habido asesinatos en masa con la frecuencia que hemos visto desde 1960.
 
La solución mágica tampoco es el control de armas, como a menudo sugieren los mismos que creen en la responsabilidad colectiva en lugar de la responsabilidad individual.
 
Ya que el asesinato es ilegal en todas partes, ¿por qué alguien que no tiene voluntad alguna de obedecer la ley contra el asesinato, sí estaría dispuesto a obedecer la ley contra la adquisición de armas - siendo más fácil conseguirlas ilegalmente?
 
Uno de los muchos hechos sólidos que pasan por alto aquellos impresionados con opiniones y retórica es que las masacres casi invariablemente suceden en zonas libres de armas como escuelas, lugares de trabajo o en lugares de culto.
 
¿Cuándo ha abierto fuego un asesino en un encuentro de la Asociación Nacional de Rifles (NRA) o disparado contra un grupo de cazadores?
 
En vez de prohibir las armas, quizá deberíamos replantearnos los dogmas de los años 60.

 
 
Thomas Sowell  es un prolífico escritor de gran variedad de temas desde economía clásica a derechos civiles, autor de una docena de libros y cientos de artículos, la mayor parte de sus escritos son considerados pioneros entre los académicos.  Ganador del prestigioso premio Francis Boyer presentado por el American Enterprise Institute, actualmente es especialista decano del Instituto Hoover y de la Fundación Rose and Milton Friedman
 
 
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©2007 Traducido por Miryam Lindberg