El continuo enfado de la izquierda

por Thomas Sowell, 22 de mayo de 2007

Es sorprendente la frecuencia con la que las opiniones de aquellos a la izquierda se acompañan de hostilidad y hasta odio. para muchos de la izquierda, la indignación no es una cosa puntual. Es un estilo de vida.
 
Que las personas a la izquierda política tienen un determinado conjunto de opiniones igual que la gente de otras franjas del espectro ideológico no es sorprendente. Lo sorprendente, no obstante, es la frecuencia con la que las opiniones de aquellos a la izquierda se acompañan de hostilidad y hasta odio.
 
Temas concretos pueden levantar pasiones aquí y allí para cualquiera con cualquier opinión política. Pero para muchos de la izquierda, la indignación no es una cosa puntual. Es un estilo de vida. ¿Con cuánta frecuencia ha visto usted a conservadores o libertarios tomando la calle, gritando furiosos eslóganes? ¿Con cuánta frecuencia ha visto usted a estudiantes conservadores en el campus poniendo a caldo a un orador invitado o provocando disturbios para evitar que el invitado hable?
 
La fuente de la rabia de los izquierdistas, 'progresistas' o radicales no es obviamente manifiesta en absoluto. Los objetos de su enfado han incluido a personas que no son conflictivas o incluso geniales, tales como Ronald Reagan o George W. Bush. Es difícil pensar en un momento en el que Karl Rove o Dick Cheney hayan elevado siquiera su voz, pero son odiados como la encarnación del diablo.
 
Ni siquiera se debe ser conocido para provocar las iras de la izquierda. 'Recortes fiscales para los ricos' es más que un eslogan político. Es incitación al odio. Todo tipo de personas puede tener todo tipo de creencias acerca de cuáles son los mejores recortes fiscales desde diversos puntos de vista. Pero ¿cómo puede reconciliarse la gente con el hecho de que algunos contribuyentes sean capaces de conservar más del dinero ganado, en lugar de entregarlo a los políticos para que lo extiendan en modos calculados por ellos mismos para salir reelegidos? La furiosa izquierda no tiene tiempo que dedicar ni siquiera a considerar el argumento de que lo que ellos llaman 'recortes fiscales para los ricos' son en la práctica recortes fiscales para la economía. La idea de que los recortes fiscales pueden en ocasiones estimular el crecimiento económico tampoco es nueva, redundando en más empleos para los trabajadores y mayores beneficios para las empresas, lo que conduce a más ingresos fiscales para el gobierno.
 
Un economista altamente considerado observaba una vez que 'la gravación puede ser tan elevada como para destruir su objetivo', de modo que en ocasiones 'una reducción del peso fiscal tendrá mejores posibilidades de equilibrar el presupuesto que un incremento'. ¿Quién dijo eso? ¿Milton Friedman? ¿Arthur Laffer? No. Se dijo en 1933 por John Maynard Keynes, un icono progresista. Tipos fiscales más bajos han conducido a ingresos fiscales más elevados en muchas ocasiones, tanto antes como después de la declaración de Keynes -- los recortes fiscales de Kennedy en los años 60, los recortes fiscales de Reagan en los 80, y los recientes recortes fiscales de Bush que han conducido a ingresos fiscales récord este abril. Los déficits presupuestarios han sido con frecuencia producto de gastos en infraestructura, pero raramente de tipos fiscales reducidos.
 
Aquellos en el otro bando pueden tener argumentos diferentes. Sin embargo, la cuestión aquí no es el motivo de que la izquierda tenga argumentos distintos, sino el motivo de que haya tanta rabia. Con frecuencia es un ejercicio de futilidad pretender encontrar un principio siquiera detrás del enfado. Por ejemplo, la obsesión de la izquierda con los elevados ingresos de los ejecutivos corporativos nunca parece extenderse a los igualmente elevados -- o aún más elevados -- ingresos de los atletas profesionales, artistas, o autores de libros de éxito como Danielle Steel.
 
Si el motivo del enfado es la sensación de que los ejecutivos directivos están sobre-pagados por sus contribuciones, entonces debería haber aún más enfado con las personas que no hacen absolutamente nada, por disponer de fortunas heredadas.
 
Pero aun así, ¿con qué frecuencia la izquierda ha perdido los estribos con la indignación causada por aquellos que heredan las fortunas Rockefeller, Roosevelt o Kennedy? Ni siquiera herederos venidos a menos como Paris Hilton parecen provocarles realmente. Es difícil encontrar un principio detrás de lo que enfurece a la izquierda, encontrar una postura no es igual de difícil. Su mayor enfado parece dirigirse contra las personas y las cosas que frustran o minan la visión social de la izquierda, el melodrama político protagonizado por la izquierda como salvadora del pobre, el medio ambiente y otras tareas de metomentodo que ellos se han adjudicado.
 
Lo que odian parece ser la amenaza a sus egos. Y nada supone una amenaza mayor a su deseo de controlar las vidas del resto de la gente que el libre mercado y sus partidarios.

 
 
Thomas Sowell  es un prolífico escritor de gran variedad de temas desde economía clásica a derechos civiles, autor de una docena de libros y cientos de artículos, la mayor parte de sus escritos son considerados pioneros entre los académicos.  Ganador del prestigioso premio Francis Boyer presentado por el American Enterprise Institute, actualmente es especialista decano del Instituto Hoover y de la Fundación Rose and Milton Friedman
 
 
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