El atentado de Qala-i-Naw como síntoma

por Luis de la Corte Ibáñez, 27 de agosto de 2010

 

(Publicado en El Imparcial, 26 de agosto de 2010)
 
Un día después de que supiéramos que un grupo formado por veinticinco insurgentes entregaban sus armas a las autoridades afganas en Qala-i-Naw, donde tiene su primera base el contingente militar español, llega la noticia de un atentado dirigido y consumado contra dos agentes de la Guardia Civil y un traductor. Las muertes se producían en el transcurso de uno de los ejercicios de instrucción que diariamente imparten nuestros agentes a la policía afgana. Al parecer, el agresor, que acabó siendo abatido, era un individuo infiltrado por los talibán. Expuestas con la máxima concisión, el citado incidente sugiere varias reflexiones acerca de la situación afgana, de la estrategia que allí se aplica por parte de la OTAN y de la actitud con que el gobierno español asume la misión que le corresponde en el árido país centroasiático.
 
El atentado de Qala-i-Naw eleva a noventa y dos la suma de españoles caídos en Afganistán. Esto convierte a la misión afgana en la más cruenta y costosa de todas las llevadas a cabo por nuestras tropas desde el inicio de la democracia. No hace falta volver a insistir en lo absurdo que resulta a estas alturas la resistencia de nuestros responsables políticos a emplear la palabra “guerra” para describir la naturaleza del conflicto en el que viene tomando parte el contingente español como miembro de la OTAN. En todo caso, las muertes de los dos guardias civiles vuelven a demostrar que la voluntad del gobierno de España de impedir que nuestro ejército participe en labores más ofensivas no elimina totalmente el riesgo de bajas. Antes bien, el papel asignado a las tropas españolas expone a nuestros soldados y guardias civiles a situaciones de alta vulnerabilidad donde sólo pueden ejercer su propia autodefensa una vez que han sido objeto de agresión enemiga. Sin restar un ápice de importancia a las labores de protección, reconstrucción y formación policial y militar que el ejército español y la Guardia Civil vienen desempeñando con máxima profesionalidad en tierras afganas, hay que preguntarse cuál es la razón que supuestamente justifica que, aún en las ocasiones en las que se sabe dónde está el enemigo (como ocurre a menudo), las tropas españolas no estén autorizadas para proceder a atacar de forma preventiva, quedando obligadas a esperar pacientemente a ser agredidas antes de proceder a abrir fuego.
 
Según cifras aportadas por la ONU en el año 2010 han muerto cerca de 1.300 civiles en Afganistán, lo cual equivale a un 31% más de víctimas no militares de las ocurridas en 2009. Por tanto, la pujanza de los insurgentes aumenta un año más, afectando no sólo a las bajas civiles sino también a las militares. Pues bien, los últimos incidentes de Qala-i-Naw sirven como indicador de que esa pujanza también implica una expansión progresiva de los talibán y sus socios. Qala-i-Naw es la capital de Bagdhis, una provincia de extensión parecida a la de El Salvador. Durante años ésa y otras provincias localizadas en el noroeste de Afganistán han registrado unos niveles de conflictividad muy reducidos si se los compara con los de las zonas sur y este del país. La diferencia sigue existiendo aunque ya no tiene la magnitud de otros tiempos.
 
Por último, el modus operando empleado en el ataque a los guardias civiles pone de manifiesto uno de los riesgos inherentes a los objetivos de una pronta retirada de tropas de Afganistán, igualmente deseada por el presidente afganos Karzai, la Casa Blanca y otros responsables políticos occidentales. Los recientes refuerzos de personal y recursos invertidos para adiestrar y formar al ejército y la policía afgana son fruto de ese deseo compartido. Ciertamente, con un ejército y una policía locales bien pertrechados y adiestrados la permanencia de tropas extranjeras en el terreno perdería sentido. Pero la llamada “afganización” del conflicto puede salir mal si se hace con demasiada prisa. Aparte de no consumar adecuadamente la formación del ejército y la policía afganas, existe el peligro de su infiltración por parte de los insurgentes: una táctica que acaba de costar tres vidas y quizá bastantes más en un futuro no lejano.