El ataque de la paz

por Rafael L. Bardají, 28 de agosto de 2009

(Publicado en ABC, 28 de agosto de 2009)
 
Barack Obama piensa presentar ante la Asamblea de Naciones Unidas, en pocos días, su plan de paz para Oriente Medio. La Casa Blanca aún no ha filtrado nada sobre su contenido, pero una cosa es casi segura: no será el último.
 
Carter logró Camp David y el reconocimiento de Israel por Egipto. Pero Mubarak nunca se ha dignado a una visita de Estado. Clinton obtuvo un estrepitoso fracaso cuando Arafat se echó atrás y rechazó las generosas concesiones que le ofrecía Ehud Barak; y el duo Bush/Condi se estrelló con su cacareado 'proceso de Annapolis' que nadie pedía.
Y es que la paz en Oriente Medio no es cosa de más planes, como le tocará aprender a Obama. Ni ya puede depender de más concesiones por parte israelí.
 
Si Obama cree que es cuestión de presionar a Jerusalén, se equivoca. Ehud Barak aceptó tanto que le costó el puesto; Sharón se retiró unilateralmente de Gaza y sólo consiguió dividir a la derecha y al país, pero nada de paz; Olmert estaba dispuesto a todo, incluída la división de Jerusalén, pero acabó luchando en una Franja de Gaza controlada por Hamás.
 
O sea que da igual si por parte americana se es demócrata o republicano, como si se es laborista, de centro o de la derecha israelí. Nadie, independientemente de su ideología, ha conseguido nada. ¿No será que el mal está en la otra parte?
 
Arafat prometía mieles a la vez que sembraba odios; Mahamud Abbas es diferente, pero su voz es incapaz de inspirar moderación entre los suyos. De hecho, la reciente asamblea de Fatah no ha servido más que para repetir los tópicos radicales al uso que no han llevado a los palestinos a ningún estado y sí a la miseria.
 
Cualquier plan que no tenga en cuenta esto, por muy Obama que sea el padre, está condenado al fracaso.