El antiamericanismo y la guerra contra el terror

por David Horowitz, 10 de noviembre de 2004

El antiamericanismo es en realidad todo lo que queda del programa político de la izquierda tras el colapso de sus sueños socialistas. Durante la totalidad de la era moderna, la historia mundial estaba polarizada por la lucha entre los modelos revolucionarios de Francia y Estados Unidos. (Los bolcheviques se veían a sí mismos como herederos directos de los jacobinos). Pero con la caída del Muro de Berlín en 1989, todo eso cambió. Como resume Christopher Hitchens en una entrevista en el New York Times, 'Después de que el polvo se depositara, la única revolución en pie es la norteamericana. La americanización es la fuerza más revolucionaria del mundo”.
 
Norteamérica es revolucionaria porque es una sociedad que se basa en instituciones, principios y valores que son inclusivos, tolerantes, democráticos, anti-autoritarios, libertarios y conservadores (escéptico de las mayorías, encajado en un individualismo moral profundamente practicado). Como dijo el Presidente a consecuencia del 11 de Septiembre, el hecho de que América sea un faro de libertades y oportunidades para el mundo es lo que es odiado por las fuerzas reaccionarias mundiales -principalmente el fundamentalismo islámico y el totalitarismo socialista, pero también cada uno de los credos del fanatismo, tanto secular como religioso-.
 
La americanización, en el sentido de extender estos valores e instituciones políticas, es la amenaza contra la que Al-Qaeda y Saddam Hussein, y el movimiento 'pacifista' norteamericano se han movilizado. América ha sido atacada porque es la única revolución que queda en pie, y es una inspiración frente a las revoluciones progresistas de todo el mundo.
 
La guerra de civilizaciones en la que nos encontramos enfrascados en la actualidad ha unido lo que queda de la izquierda socialista y la izquierda comunista, los restos del socialismo nacionalista (particularmente los Ba'athistas de Siria e Irak) y el islamismo radical, y ha forjado una sacrosanta alianza contra nosotros. Incluso más que durante la Guerra Fría contra el comunismo, nuestros enemigos se encuentran atrincherados entre nuestra propia población.
 
En el artículo al que aludo en esta página, Hitchens pretende diseccionar una diferencia entre el movimiento pacifista de los 60 y el movimiento antiamericano actual contra la guerra de Irak. No hay tal diferencia. Alexander Cockbur, que apoyó en persona a los comunistas hasta el final y cuyo padre trabajó para el KGB de Stalin, escribió en respuesta a Hitchens y a otros críticos del movimiento pacifista pro Saddam que a la hora de apoyar a Saddam,  no era distinto de los movimientos pacifistas del pasado.
 
En un número reciente de su página web de apoyo terrorista, Counter-punch, Cockburn observa que el movimiento de los 60 estuvo liderado por estalinistas, trotskistas y maoístas. Su credo era totalitario (y por lo tanto, como Hitchens estaría de acuerdo hoy en afirmar, antiamericano). ¿Fueron arrastrados otros autoengañados a su causa?.  Claro que sí. ¿Algunos críticos patriotas fueron vetados en las manifestaciones?. Probablemente.
 
Lo que ha cambiado no es la intención de los líderes del movimiento pacifista antiamericano. Lo que ha cambiado es que el enemigo es agresivo contra nosotros abiertamente (y no un pueblo indefenso del Tercer Mundo, como los vietnamitas del sur). Lo que ha cambiado no es que el enemigo sea más perverso, sino que es transparentemente perverso. Y eso es todo. Las agendas totalitarias de Saddam Hussein o Yassir Arafat no son distintas en absoluto de las de Ho Chi Minh o Kim Il Sung -- o Fidel Castro o Daniel Ortega en su caso-.
 
Hitchens quiere aún evitar lo obvio de estos temas. En su artículo descubre al comecocos progresista estándar, Pat Robertson: “¿Pero qué pasa si, durante apenas un momento, uno intentara clasificar algo como 'antiamericano' para su propio beneficio?. Mi nominación sería para Pat Robertson, quien apareció en televisión poco después de la atrocidad del 11 de Septiembre, y declaró que la muerte en masa en las atrocidades de Nueva York, Washington o Pensilvania, eran un castigo divino para una sociedad que se complacía en el secularismo, la pornografía, y la conducta homosexual. He aquí un hombre al que evidentemente le disgusta su propia sociedad y simpatiza, sin hacer de ello ningún secreto, con aquellos que utilizarían la violencia y el fanatismo para destruirla”.
 
Esta acusación es ridícula, y Hitchens lo sabe. Robertson se disculpó  profusa y públicamente por lo que dijo negligente y puntualmente en una conversación en televisión. Estoy de acuerdo con Hitchens en que Robertson ha sido culpable de fanatismo en más de una ocasión. Pero él se ha disculpado públicamente por estos lapsos también. Esto no excusa sus observaciones, sino que las evidencia como “antiamericanismo”, por no decir simpatía hacia los fanáticos islámicos deseosos de destruirnos a toda costa. Los escritos de Robertson, a pesar de sus excentricidades, son defensas sólidas de los fundamentos -político, económico y moral- de la tolerancia de América, y de las oportunidades. (Y lleva estando en el lado correcto de esta batalla bastante más que Hitchens o yo).
 
No obstante, la odisea intelectual de Hitchens, que parece haber comenzado con el 11 de Septiembre, le ha llevado a algunas conclusiones importantes:
1)      Vale la pena defender a América;
2)       El patriotismo norteamericano es progresivo; y
 
3)      El triunfo de las ideas e instituciones norteamericanas es una perspectiva liberadora para la mayoría de los pueblos del mundo.
 
Es en estos sentimientos en donde ha puesto en orden sus opiniones con la declaración al Congreso y el presidente de América al inicio del 11 de Septiembre.  Y ha reconocido la ironía del hecho de que la declaración del presidente también armonice con lo que él (y yo) pensamos que apoyábamos en los 60: “Me siento mucho más como solía sentirme en los 60” -declaró Hitchens al Times, explicando su apoyo al plan del Secretario de Defensa en funciones, Paul Wolfowitz,  para democratizar Irak- 'trabajando con revolucionarios”.