Egipto. Las espadas siguen en alto

por Manuel Coma, 26 de junio de 2012

(Publicado en La Razón, 25 de junio de 2012)

Lo que está ahora en juego en Egipto es qué quieren y pueden los militares y qué los islamistas.

Durante decenios los primeros reprimieron a los Hermanos Musulmanes de manera continua y por temporadas con brutal dureza, al tiempo que se proclamaban más mahometanos que nadie, en el supuesto auténtico sentido religioso, mostrando su buena voluntad con generosas ayudas a sus enemigos ortodoxos, siempre que se limitasen a fe y culto. Este inestable y tenso quid pro quo no hizo más que intensificarse en los últimos tiempos, a espaldas de los sinceros demócratas que desencadenaron el movimiento. En el curso de los altibajos en las relaciones entre ambos contendientes durante el último casi año y medio, los Hermanos no han hecho más que supurar moderación por los cinco sentidos. Todas sus declaraciones hacia al exterior no se cansan de proclamarlo. Quieren democracia y desarrollo y tras las puertas de cada casa respetan cualquier idea y práctica. En su afán por tranquilizar llegaron a prometer que no irían a por todo en sus candidaturas a las asambleas legislativas y que no presentarían aspirante a la presidencia, pero hicieron todo lo contrario, situándose en posición de ordeno y mando.

Los militares preferirían mantenerse en la sombra, conservando sus sustanciosos privilegios económicos, manteniendo el control de sus asuntos, entendidos en un sentido muy amplio, que incluye temas decisivos de relaciones exteriores, con Israel y Estados Unidos, ante todo, y gozando de un tácito pero efectivo derecho de veto sobre cuestiones que considerasen demasiado delicadas. A su vez, la futura constitución debería limitar los poderes ejecutivos y legislativos con los que pudieran algún día chocar.

En acuerdos más o menos secretos y ambiguos con sus encarnizados pero acomodaticios rivales, con pasos adelante y atrás, los militares fueron entendiéndose con los islamistas y el largo proceso electoral siguió adelante. Las rupturas e intromisiones que se han producido en las dos últimas semana por parte de los uniformados, significan que éstos han llegado a la conclusión de que no pueden confiar en que los barbudos respeten ese difuminado pero real poder al que aspiran y demuestra que están dispuestos a mantener algo parecido al régimen militar. Los Hermanos, a pesar del susto, se han lanzado a una exhibición de fuerza, ocupando de nuevo la plaza Tahrir, mientras el aire se llenaba de rumores sobre los contactos secretos. De momento el encontronazo se resuelve con que se les reconoce una victoria en las elecciones presidenciales de 51.7% contra 48.3% del candidato de los generales, casi lo que ellos habían anunciado. Previamente el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, el auténtico poder, además de disolver el parlamento sacó un papelito al que llamó Declaración Constitucional, que recorta drásticamente los poderes del nuevo presidente. Las espadas seguirán en alto mucho tiempo pero la potencia de fuego está del lado de los que tienen los fusiles y cañones. Recordemos que sólo votaron la mitad de los que tenían derecho.