Dinero x Kofi

por Claudia Rosett, 24 de febrero de 2006

A pesar de las frecuentes declaraciones de reforma, parece que el secretario general de Naciones Unidas Kofi Annán no ha aprendido nada del escándalo del Petróleo por Alimentos de la ONU, en el que los billones de Saddam Hussein corrompieron la burocracia entera del embargo iraquí de la ONU. A comienzos de este mes, Annán aceptaba un premio medioambiental de un mandatario de Dubai de 500.000 dólares -- una suma considerable que representa el más reciente de una larga serie de llamativos conflictos de intereses. Llame a este Dinero por Kofi.
 
Annán recibió su premio en una brillante ceremonia el 6 de febrero en Dubai, como se destacaba en una circular de prensa de la oficina de Annán que observaba el honor, pero que omitía mencionar el medio millón de machacantes que lo acompañaban. Rodeado de presidentes, hombres de negocios y casi 130 ministros de medio ambiente, Annán recogió esta suma como ganador del Premio Bienal Internacional Zayed de Medio Ambiente, entregado por el gobernador de Dubai, el jeque Mohammed bin Rashid al-Maktoum.
 
Tan inmiscuidos estaban los propios colegas de Annán en la ONU en el proceso que le eligió para este premio, que es tentador rebautizar todo el asunto como uno de los mayores concursos amañados de la ONU. Presidiendo el jurado, que votó unánimemente a Annán, se encontraba el director ejecutivo del Programa Medioambiental de la ONU, Klaus Toepfer, y entre los miembros del jurado se encontraba el subsecretario general de la ONU para Asuntos Económicos y Sociales, José Antonio Ocampo. Ambos hombres deben sus actuales cargos a Annán. Sirviendo como “observador” del jurado se encontraba el embajador de Pakistán ante la ONU, Munir Akram, que acaba de finalizar un mandato como presidente del Consejo Económico y Social de la ONU, que trabaja de cerca con Annán. En la página web del premio Zayed, los contactos de relaciones públicas incluyen un miembro del personal de la ONU, Nick Nuttall, enumerado al completo con su correo electrónico y número de teléfono del cuartel general del Programa Medioambiental de la ONU en Nairobi.
 
Pero asumamos que estos colegas fueron imparciales. Es posible que con el premio Zayed entregado ya en años previos a Jimmy Carter y la BBC, el agotado depósito global no contuviera un candidato más valioso que Annán.
 
El verdadero tema es porqué demonios piensa Kofi Annán que es una buena idea aceptar medio millón de dólares -- por cualquier motivo - de un funcionario de alta graduación de un estado miembro de la ONU mientras sirve como secretario general. El jeque Mohammed no es solamente el gobernante de Dubai, sino el vicepresidente y primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos. No hay duda de que entregó este premio como gesto de aprecio. Pero si los restantes 190 estados miembros de la ONU siguieran el ejemplo, Annán se embolsaría fondos de premios personales por valor de 95 millones de dólares. Una vez que el secretario general se permita convertirse en recolector de tales premios económicos, ¿dónde se va a trazar la línea? Si Siria fuera a ofrecerle un premio medioambiental de 10 millones de dólares, o China fuera a elevar el listón hasta los 100 millones de dólares, ¿debe hacer las maletas e ir a recogerlo?
 
Annán aceptó el premio de Dubai inmediatamente después de montar una oficina de ética en el Secretariado de la ONU, apenas el mes pasado. Recientemente decretaba directrices que exigen que el personal dé parte de cualquier regalo de más de 250 dólares, en lugar de las directrices previas que sonreían a la aceptación de regalos de dudoso origen por valor de hasta 10.000 dólares. Las reglas del personal no se aplican al secretario general en persona, que se presume opera como funcionario ejemplar. Pero uno se pregunta lo que harán los empleados de la ONU con la gran generosidad de su jefe. Apenas el verano pasado, un ex funcionario de procuraduría de la ONU, Alexander Yakovlev, se declaraba culpable en un tribunal federal norteamericano de aceptar sobornos por valor de centenares de miles de dólares relacionados con contratos de la ONU financiados por el contribuyente. La oficina de Annán tiene aún que llegar al fondo de este escándalo aún en ciernes en su propio departamento de procuraduría. Imagine por un momento que los contratistas de la ONU estuvieran a punto de celebrar concursos al funcionario de procuraduría más refinado del mundo, y empezasen entregando grandes premios en metálico a funcionarios de la ONU. ¿Debería entonces el secretario general felicitar al ganador - o investigarlo?
 
No ajeno a las apariencias, Annán anunciaba en la ceremonia de premios de Dubai que utilizaría su premio como fondo para una fundación que planea montar en África, dedicada a la agricultura y a la educación de las niñas. Hasta la fecha, no ha proporcionado ninguna información sobre lo que podría ser esta fundación o quién la dirigirá, o qué gratificaciones irán a su fundador, o a cualquiera que se asocie con ella. Al pedirle los detalles recientemente, el portavoz de Annán contestó, “Cuando tengamos más información, se la pasaremos”.
 
Tales no-respuestas tienen un tono familiar para cualquiera que haya seguido la saga del Mercedes verde deportivo enviado a Ghana en 1998 por el hijo de Annán, Kojo Annán, que se ahorró 14.000 dólares en aranceles en aquel momento a través del uso inapropiado del nombre de su padre y los privilegios de la ONU. En esa ocasión, la transacción fue oscurecida tras una fachada humanitaria, sellando el papeleo la oficina del Programa de Desarrollo de la ONU en Ghana. Annán, a pesar de transferir a su hijo 15.000 dólares para ayudar a pagar el coche, afirma no saber nada de ello, y que no tuvo nada que ver con la ONU. Quizá Annán piense supervisar y llevar la contabilidad de su futura fundación creada de su premio; pero hay que admitir que la experiencia del Mercedes no es un augurio prometedor.
 
Tampoco es buena señal que Annán, aunque entusiasta por su premio de Dubai, pareciera haber olvidado - si lo tuvo en cuenta alguna vez, antes de nada - que entre 1999-2003, Dubai fue uno de los centros de actividades de soborno del programa Petróleo por Alimentos. Según el Ministerio norteamericano de Hacienda y la propia investigación de la ONU, conducida por Paul Volcker, al menos dos compañías fachada importantes para el régimen de Saddam Hussein montaron oficina en Dubai: Al Hoda y Al Wasel & Babel. Entre ellas, garantizaron más de 500 millones de dólares en contratos de la ONU aprobados, y desviaron a Saddam decenas de millones en prestaciones. Volcker informa de que un empresario de Dubai, Ibrahim Lootah, poseía el 51 % de una de estas compañías, Al Wasel & Babel, percibiendo una comisión por las prestaciones procesadas a través de su cuenta. Preguntado el año pasado por los investigadores de Volcker acerca de esta comisión, Lootah contestaba, “¿por qué no conseguir dinero fácil?”
 
En realidad, ¿por qué no? Mientras que Estados Unidos, la India, Australia, y hasta Francia han investigado las malas prácticas por parte de sus ciudadanos en el Petróleo por Alimentos, no hay señal de que Dubai haya abierto investigación alguna. Tampoco hay señal de que Annán sacase el tema a colación con ellos. No es sorprendente, teniendo en cuenta que en Londres, una semana antes de recibir su premio, zanjaba la debacle entera del Petróleo por Alimentos con la asombrosa frase “Si llegó a haber escándalo…”.
 
Si el dinero del premio Zayed de este año procedente del jeque Mohammed de Dubai se va a dedicar a ayudar a África, como se nos ha dicho, no hay motivo para transferir los fondos a través de la cartera del secretario general de la ONU. Según la carta de la ONU, a Annán se le paga para servir como Administrador Jefe de la ONU, no como su Receptor Jefe de Premios. Si Annán piensa que no puede rechazar con gracia el honor del premio Zayed, entonces, en interés de contener futuros escándalos, puede al menos endosar el embolso.

 
Claudia Rosett es periodista residente de la Fundación para la Defensa de las Democracias y colaboradora del Instituto Hudson en el grupo de Anne Bayefsky.