Diario de fin de siglo

por Florentino Portero, 30 de mayo de 2002

(Del libro Diario de fin de siglo de Jean-François Revel.  Barcelona. Ediciones B, 2002. 428 págs.  Publicado en El Cultural, 30 de mayo de 2002)

Desde hace tiempo la personalidad y la obra de Jean-François Revel resulta familiar a los españoles interesado en la cosa pública. Sus libros se traducen y sus artículos se pueden leer todas las semanas en el semanario Época. Pero familiar no quiere decir admirado o comprendido, salvo entre unos pocos. Ser liberal en España suena a individualismo, egoísmo y, en fin, inmoralidad. En Francia poner en duda las bondades del État resulta extravagante, sino antipatriótico. Por todo ello Revel no sólo merece nuestra admiración por la solidez de su obra, también por el valor de salir a la arena política portando una bandera que despierta más prejuicios que simpatías.

 
Sigue Revel la estela ideológica y profesional de una de las personalidades europeas más interesantes y atractivas del siglo XX: Raymond Aron. Como él, Revel es un filósofo profesional que ha ejercido como catedrático en la Universidad. Como él se ha dedicado al ejercicio del periodismo desde el compromiso con las ideas. Hoy es el autor de una obra de referencia para entender lo que ha sido el debate político francés y europeo en las últimas décadas y, en particular, para comprender la evolución de la filosofía política liberal. Pero también es un modelo de coherencia intelectual, al tratar de analizar la vida cotidiana, en sus múltiples expresiones, desde el rigor filosófico, con la premura que la inmediatez de la noticia impone a los que se dedican al oficio del periodismo.
 
Su Diario de fin de siglo no sorprenderá al lector iniciado. No hay ideas nuevas ni esa parece que sea su intención. Nos encontramos sus conocidos planteamientos sobre la “eficacia” del Estado francés; su particular visión de las figuras políticas más relevantes de la Francia de nuestros días -como François Mitterrand, Jacques Chirac o Lionel Jospin-; su crítica profunda al comunismo y a las figuras intelectuales de este ámbito, que tan fácilmente justifican actitudes autoritarias cuando se trata de una causa “progresista”; o, como era de esperar en un profesor universitario de filosofía, su horror ante la crisis de la enseñanza pública en Francia y el peso de corrientes pedagógicas que minusvaloran el esfuerzo personal y liberan al pobre alumno de ejercicio de la responsabilidad individual ¡Qué diría si conociera la experiencia española donde esas corrientes camparon por sus respetos durante años poniendo patas arriba nuestro sistema educativo!
 
Lo interesante de este libro, en particular para aquél que ya conozca su pensamiento, es que permite acercarse a Revel desde una perspectiva distinta, mucho más personal y cotidiana. Como en las maravillosas películas de Eric Rohmer, en el Diario no hay principio ni final, el argumento es una suma de comentarios que se suceden con un tempo determinado y en el que se entremezclan comentarios sobre el régimen político peruano en la época de Fujimori con encendidas valoraciones sobre el cassoulet, que a su juicio -y lo mismo podríamos decir de nuestra fabada- o es genial o es mediocre y no tiene punto medio. A muchos sorprenderá, y siempre es de agradecer, que un francés se haya interesado tanto por nuestra experiencia histórica, la antigua y la más reciente, y, sobre todo, que la haya integrado en su propio discurso con la naturalidad del que la ha vivido personalmente. El terrorismo vasco, con todas sus implicaciones; la obra política del nacionalismo catalán, con especial atención a la figura de Pujol; y, en general, el proceso de Transición hacia la democracia y la modernización del país surgen de tiempo en tiempo entre sus páginas en juicios fundados y, a nuestro juicio, acertados.
 
Lo cotidiano propende a lo prosaico. Encontramos al Revel preocupado por la reseña de un colega, por la actitud de un medio de comunicación hacia su persona o por su relación con tal o cual figura de las letras o de la política francesa. Datos interesantes para el estudioso de la historia de las ideas o para el morboso que se entusiasma con los chismes de este mundillo, que por estar compuesto por gentes de superior formación no es mejor que otros, en todo caso sus  venablos serán más hirientes y sus rencores más duraderos.