Después de Irak II

por Thomas Sowell, 6 de agosto de 2007

Sin duda alguna, los historiadores del futuro encontrarán muchas y variadas lecciones en la guerra de Irak Pero nosotros que vivimos en el presente no podemos darnos el lujo de esperar a todas las pruebas para empezar a entender qué es lo que ha salido bien y mal en Irak.
 
Lo que ha salido bien es que la guerra de Irak ya terminó. Nuestras tropas la ganaron. Pero una vez más, puede que nuestros políticos pierdan la paz - y con desastrosas consecuencias para Estados Unidos y el mundo.
 
No se ha alcanzado la paz en Irak aunque la pacificación continúa - siempre con un coste en vidas norteamericanas - y hay señales de que se progresa, para gran consternación de los que han apostado su futuro político en una derrota de Estados Unidos.
 
Los derrotistas aún no han tenido el valor de asegurar la derrota de forma directa con la suspensión de los fondos para continuar con las operaciones militares en Irak.
 
Eso sería asumir la responsabilidad de la derrota. Lo que serviría mejor a sus propósitos políticos sería legislar las condiciones previas del gasto de las partidas militares que hicieran de la derrota algo inevitable, pero que sería considerada como la derrota de Bush, no la suya.
 
Ésa es la dirección en la que los derrotistas se están moviendo, mientras que políticos que jamás han desplegado tropas, o siquiera usado un uniforme militar, hablan magnánimamente de “redistribución de tropas”, como si supieran realmente de lo que están hablando.
 
El tener políticos que quieren controlar una guerra al detalle siempre ha sido una fórmula para el desastre, fuese en Vietnam o en Irak. Nuestras tropas también han estado ya bajo muchas restricciones en cuanto a lo que podían o no podían hacer debido a las “reglas de enfrentamiento” en Irak. 
 
El trágico gran fracaso en Irak ha sido de tipo político y no militar. En el meollo de ese fracaso se encuentran dos magnánimas ideas: la “construcción de naciones” y la democracia.
 
Las naciones no se pueden ser construir.
 
Uno puede trasplantar instituciones de un país a otro, pero uno no puede trasplantar la historia y la cultura desde las cuales se derivaron las posiciones y tradiciones que hacen funcionar a esas instituciones.
 
Tomó los siglos para que la democracia se desarrollase en el mundo occidental. Sin embargo, hemos intentado crear democracia en Irak antes de que creáramos  seguridad - la ley y el orden - que es un prerrequisito para cualquier forma de gobierno viable.
 
Al haber hecho que la democracia sea la pieza central de la reconstrucción del Irak de la posguerra, los norteamericanos se han visto atados de pies y manos por la ineptitud de ese gobierno y por el hecho de que nuestros militares no podían simplemente ignorar al gobierno iraquí cuando sus políticos entorpecían la restauración de la ley y el orden. 
 
La gente apoyará la tiranía antes de apoyar la anarquía. Ambas pueden evitarse  creando un gobierno interino que principalmente sea competente en lugar de ser la encarnación de ideales democráticos.
 
Las que hoy son democracias no empezaron como tales ni en Europa ni en Asia. Nadie habría podido llamar democracia a Taiwán o Corea del Sur en 1950.
 
Incluso en la actualidad, Singapur no tiene la clase de libertades que los occidentales consideran como democráticas. Pero es una sociedad decente y próspera, sumamente superior en todo comparado con lo que era a finales de la Segunda Guerra Mundial.
 
El intentar crear democracia en lugares donde nunca ha existido - y donde puede que no se den los prerrequisitos para la democracia - ha sido una apuesta innecesaria.
 
Entre esos prerrequisitos están la tolerancia ante diversas opiniones, un acomodo de intereses diversos y la buena voluntad de poner el interés nacional por encima del propio.
 
Oriente Próximo es el último lugar para buscar tales cualidades. Esas cosas evolucionaron en Occidente solamente después que diversos pueblos y religiones intentaran destruirse sin mayor éxito durante siglos. 
 
Muchos han argumentado que las democracias tienden a no comenzar guerras y que por tanto tener más democracias en el mundo está en el interés de todos los amantes de la paz.
 
Pero eso es sumamente distinto a decir que sabemos cómo crear democracias - o que se deba invertir tanta sangre y dinero en una apuesta de remotas posibilidades.

 
 
Thomas Sowell  es un prolífico escritor de gran variedad de temas desde economía clásica a derechos civiles, autor de una docena de libros y cientos de artículos, la mayor parte de sus escritos son considerados pioneros entre los académicos.  Ganador del prestigioso premio Francis Boyer presentado por el American Enterprise Institute, actualmente es especialista decano del Instituto Hoover y de la Fundación Rose and Milton Friedman
 
 
©2007 Creators Syndicate, Inc.
©2007 Traducido por Miryam Lindberg