Despotismo medioambiental

por Mark Steyn, 18 de abril de 2007

(Publicado en Western Standard.ca, 26 de febrero de 2007)

Los humanos son la única especie que en gran medida tienes garantizado que morirá en grandes cantidades si los fanáticos del calentamiento se salen con la suya.
 
No tenía una opinión realmente formada del líder de la izquierda canadiense Stéphane Dion. Parecía un tipo personalmente corriente, en comparación al menos con los estallidos abiertamente resabiados de su inmediato predecesor. Y me fío de la palabra de mi viejo camarada Paul Wells cuando elogia a Dion como el coloso intelectual de la era. Uno lamenta que tales colosos nunca tengan nada útil que decir acerca del Islam resurgente, los estados nucleares psicópatas, una Europa moribunda y lo que hace falta. Pero es que parece una especie de peligro ocupacional en Canadá que los colosos políticamente correctos tengan un margen de intereses algo ancho. Así, como parte de su curiosa afirmación de que 'el agua es la causa de cada vez más en guerras', Dion atribuye los problemas de Afganistán a la ausencia de H2O.
 
Eso es todo para la guerra, el terrorismo y los demás temas periféricos. Pero en su zona de conocimiento, uno esperaría encontrar algo más por parte del Líder de la Leal Oposición de Su Majestad. El otro día, Dion era entrevistado por la junta editorial del Ottawa Citizen, y la primera pregunta era una cuestión medioambiental para su lucimiento personal acerca de lo que hacía personalmente 'para reducir su contribución [al calentamiento global]' (así es como hablan los eco-tipos). Y ésta fue la respuesta del líder de la progresía mundial:
 
'Lavamos todo con agua fría. Elegimos los mejores productos. Solamente tenemos un coche, y no es de gran consumo. Utilizo el transporte público... y etcétera y etcétera'.
 
¿Eso es todo? ¿Su lista de 10 puntos acerca de lo que está haciendo personalmente para salvar el planeta del 'cambio climático' se agota tras 4 generalidades vagas? ¿No es, totalmente mega-bobo? Yo soy un renombrado revisionista del holocausto climático y podría haber improvisado esa colada con agua fría con los ojos cerrados y haber improvisado unas cuantas fantasías endebles - bombillas de ahorro, yogur orgánico -- antes de llegar al 'y etcétera y etcétera'. Y me gustaría saber cuándo fue la última vez que Dion utilizó 'transporte público' alguno aparte de su coche y su chofer sufragados por el contribuyente (público). Con los caballeros Chrétien y Martin no se veían a muchos Ministros de la Corona agarrados al asidero del metro de Montreal.
 
Que un cuarto de nada se acumule en un etcétera es, a su manera, una respuesta reveladora. Puede que Dion esté pensando globalmente, pero obviamente no ve ninguna necesidad de que él en persona tenga que actuar localmente. Como miembro de la clase gobernante natural, el líder progresista da por sentado que salvar el planeta exigirá un gobierno enorme y regulaciones y acuerdos transaccionales y objetivos de emisión de gases y etcétera y etcétera. ¿Qué se logrará con esto? Es difícil de decir.
 
Dion acierta en que 'el cambio climático' está teniendo lugar. Eso es porque 'el cambio climático' siempre tiene lugar. No existe ningún estado natural del clima global que de otra manera pudiera permanecer imperturbable siglo sí, siglo también, solamente con que uno abandonase su Chevy Suburban y se secase los calzoncillos tendiendo. De modo que la primera pregunta es si un incremento de 0,7 grados Celsius o así en el transcurso del siglo XX se sale de lo ordinario o no. La segunda pregunta es si, en caso de que lo sea, el hombre es responsable o no. La tercera es si, si lo es, reducir las emisiones de CO2 supondrá alguna diferencia o no.
 
Acerca de la primera pregunta: creo que es muy difícil argumentar que ese atisbo de remonte no esté en línea con las diversas fluctuaciones restantes de los distintos siglos desde la pequeña Edad de hielo. Sobre lo segundo: no lo sé. Hace 14.000 años, me informa un geomorfólogo, Edmonton estaba bajo una capa de hielo de 1 milla de grosor. Pero después el hielo se fundió. Bien, eso es lo que llamo tendencia cálida, y a menos que esos mamuts estuvieran conduciendo rancheras Chevy de tamaño familiar, ningún egoísta consumidor norteamericano con un estilo de vida insostenible estaba involucrado. Sobre la tercera cuestión: Las soluciones propuestas por Dion no supondrán ninguna diferencia. Si América y Australia hubieran ratificado Kyoto, y si Canadá y Europa lo hubieran cumplido en lugar de simular hacerlo, hacia el 2050 el tratado habría reducido el calentamiento global en 0,07 °C -- una cifra estadísticamente indetectable dentro de la variación climática anual. Pero, a cambio de este gesto insignificante, el PIB de América hacia el 2010 se habría reducido en 97.000.000.000 dólares, hasta los 397.000 millones -- y esto según los modelos optimistas en cierto sentido de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Eso parece un montón de pavos a cambio de una enorme decepción.
 
De modo que podríamos hacer todo lo que Dion quiere y cualquiera que sean las tendencias de calentamiento y/o enfriamiento que el planeta esté atravesando ahora mismo permanecerán completamente sin cambios. En cuanto a que es el crecimiento económico lo que permite una mayor prosperidad, mejor salud, mayor esperanza de vida y un abanico más amplio de oportunidades individuales, el medioambientalismo es una conspiración para impedir que el mundo en desarrollo se desarrolle.
 
Me interesó ver, en una de esas noticias diarias para meter miedo, que a menos que sigamos el camino Dion, 'un millón de personas' morirán hacia el 2100 -- de sequías, huracanes, incendios y similares. Eso según Kevin Trenberth, uno de los muchos autores del nuevo informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.
 
¿Un millón de muertos? Vaya cosa. Ahora mismo, 10 millones de niños mueren cada año a causa de enfermedades que se pueden prevenir. Si lo dejas a la suerte de las economías del Tercer Mundo, seguirán muriendo -- 10 millones al año, o 930 millones hacia el 2100. En comparación con el millón proyectado que será víctima de catástrofes meteorológicas sin especificar. Las cuales probablemente sucederán de todas maneras. Se puede argumentar en favor de la acción frente al 'cambio climático' y basar la preocupación de uno en los osos polares y el plancton y todo lo demás, pero en seres humanos, no. Los humanos son la única especie que en gran medida tienes garantizado que morirá en grandes cantidades si los fanáticos del calentamiento se salen con la suya.
 
El aforismo usualmente atribuido a Chesterton parece apropiado aquí: una vez que el hombre deja de creer en Dios, creerá en cualquier cosa. La mayor parte del Occidente post-cristiano parece haber decidido que, si el aquí y ahora es todo lo que existe, entonces tenemos que mantener el aquí y ahora aquí mismo y exactamente como está, para siempre. En ese sentido, el medioambientalismo es la apoteosis de nuestra cultura del presente. Por supuesto, es anti-natura. Lejos de 'honrar a tu madre' (como recomiendan las pegatinas de Gaia), ello la deshonra explícitamente: asume que en ella no es una entidad viva en evolución, sino que existe en un estado mixto cuya condición está determinada por el hombre -- o, en según qué condiciones, el maldito hombre angloamericano capitalista.
 
Eso no son solamente estupideces, sino la peor clase de vanidad. Si el capitalismo sí destruye el medio ambiente, lo hace en menor medida que ningún otro tipo de sistema, y ciertamente mucho menos que el gran gobierno. Compare la polución a cualquier lado del Telón de Acero. Yo me encontraba en Rumanía no mucho después de la caída del Comunismo, y nunca había visto césped de ese color. Y no estaba provocado por el consumismo rampante -- no en un país en el que durante 40 años, el coche lo tenía Ceausescu. En el Irak de Saddam, el 30% del terreno cultivable tenía que ser abandonado a causa de las medioambientalmente ruinosas prácticas de irrigación. Se necesitó la invasión Bush-Blair para poner fin a la devastación del territorio costero del país.
 
Pero para Dion y compañía, 'el cambio climático' es el modo de culpar a América hasta cuando no está invadiendo a nadie. Las grandes potencias anteriores suponían amenazas porque deseaban tu territorio, como hicieron, digamos, el Tercer Reich y la Unión Soviética con Polonia. Pero los Estados Unidos son un peligro para Polonia aún mayor, no a causa de sus tropas, sino a causa de su 'estilo de vida'. Los yanquis no tienen que subir a un tanque para arrollarte. Todo lo que tienen que hacer es subir al Ford Explorer e ir directos a la salida de la autovía del McDonald's --y solamente con que tomen un batido y una hamburguesa de queso, están provocando más devastación en el planeta de la que Hitler nunca soñó.
 
Stéphane Dion es presuntamente el mayor Gran Pensador del progresismo. Pero sus vagas respuestas al Ottawa Citizen insinúan un hombre que no piensa mucho más allá de la premisa de que una transferencia gigantesca de energía y recursos de la parte dinámica y eficiente de la economía a una clase reguladora transnacional aún más ambiciosa y ya sobrecargada es, por definición, algo bueno. Si sobrevivimos a los planes que tienen para nosotros, allá por el 2050, echaremos la vista atrás a los fanáticos del calentamiento de principios de siglo y nos reiremos a carcajadas. Pero, si los Dion del mundo se salen con la suya, un grado o dos del termómetro será la última de nuestras preocupaciones.


 

 
 
Mark Steyn es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto. Trabajó para la BBC presentando un programa desde Nueva York y haciendo diversos documentales. Comienza a escribir en 1992, cuando The Spectator le contrata como crítico de cine, Más tarde pasa a ser columnista de The Independent. Actualmente publica en The Daily Telegraph, The Chicago Sun-Times, The New York Sun, The Washington Times y el Orange County Register, además de The Western Standard, The Jerusalem Post o The Australian, entre otros.
 
 
© Mark Steyn 2007