Defensa de la democracia

por Meyrav Wurmser, 16 de diciembre de 2004

(Publicado en The Weekly Standard, número del 6 de diciembre del 2004:
Natan Sharansky explica por qué la democracia configura un mundo
 más seguro. Volumen 010, número 12)
 
“The Case for Democracy
The Power of Freedom to Overcome Tyranny and
Terror”. By Natan Sharansky.
Public Affairs, 303 pp., $26.95
 
Natan Sharansky, uno de los grandes defensores de los derechos humanos, personifica la victoria de la libertad sobre la tiranía. Antes de emigrar a Israel y convertirse en un destacado político, era uno de los líderes más conocidos del movimiento disidente de la Unión Soviética y un defensor de la causa del judaísmo soviético. Declarado culpable de traición en 1978, fue enviado al Gulag, donde permaneció hasta que Mijaíl Gorbachov lo liberó en 1986.
 
Su libro The Case for Democracy: The Power of Freedom to Overcome
Tyranny and Terror (La democracia: El poder de la libertad para vencer a la tiranía y el terror) se revela inmediatamente como un relato cálido y personal, a la vez que un análisis desapasionado. El título es el tema: ¿Cómo puede la libertad vencer a la tiranía y proveer de paz y seguridad?
 
Sharansky construye su argumentación como si fuera una ecuación matemática. Primero, divide el mundo entre sociedades «libres» y «amedrentadas». Hace una prueba muy simple para discernir entre lo que es una sociedad libre y una sometida al miedo: ¿Se puede entrar en una plaza pública y expresar cualquier opinión sin temor a ser arrestado? Si no es así, se está inmerso en una sociedad sometida al miedo. A continuación, describe los aspectos prácticos de las sociedades amedrentadas, centrándose en tres grupos básicos: los creyentes verdaderos, los doblepensadores y los disidentes. Sharansky hace uso de sus anécdotas personales para demostrar qué significan estas categorías y para describir -a aquellos lectores que sólo han vivido en sociedades libres- qué se siente al vivir en una sociedad amedrentada.
 
Sharansky admite que en su momento fue, como la mayoría de la población soviética, un doblepensador que realizaba continuamente un ejercicio de equilibrista entre sus verdaderos sentimientos y los sentimientos que exteriorizaba. De niño celebró en privado la muerte de Stalin y, seguidamente, se unió a la exteriorización pública de alabanza y duelo. Únicamente aquellos especializados en descifrar estos aspectos, advierte Sharansky, pueden distinguir a los verdaderos creyentes de los doblepensadores. La mayoría de los no iniciados aceptan equivocadamente la popularidad de los estados despóticos porque estos regímenes realizan enormes esfuerzos para ocultar la diferencia entre los verdaderos creyentes y los pensadores dobles. Sin embargo, la incapacidad de ver la diferencia entre los dos es no sólo cuestión de sagacidad política, sino de claridad moral.
 
Sharansky analiza, a continuación, la inestabilidad inherente a las sociedades amedrentadas. Sus líderes carecen de apoyo popular y, con el tiempo, pierden a los creen en ellos. Entonces, el régimen debe esforzarse aún más para mantenerse en el poder. Para sostenerse, el régimen necesita un enemigo externo que sirve a dos fines que pueden llegan a ser contradictorios. Debido a que la sociedad amedrentada ahoga el pensamiento creativo, carece de progreso científico y técnico y debe, por tanto, remedar el de su rival. También utiliza a su rival como chivo expiatorio de su propio malestar político. Por el contrario, los gobiernos de las sociedades libres son responsables ante el voluntad del pueblo y las leyes de su país. Un líder democrático con una agenda insensata, no puede desarrollarla indefinidamente.
 
Sharansky explica cómo la libertad puede guiar a las sociedades libres en sus relaciones con las sociedades amedrentadas. Lo hace planteando tres cuestiones: ¿Es universal el deseo de libertad frente a la tiranía? ¿Es deseable la universalidad de ese objetivo? ¿Se debe llevar a cabo, aunque deba imponérsele a una nación?
 
Sobre el papel de los Estados Unidos en el mundo, responde a las críticas de los denominados «realistas», tanto de derechas como de izquierdas, que creen que la política exterior estadounidense debe guiarse por sus intereses y no por sus ideales. Rechaza la noción de que determinadas culturas son incompatibles con la democracia. La exportación de libertad a esas sociedades, arguye, es moralmente correcto, ya que ayuda al pueblo oprimido a conseguir las libertades básicas. Pero también es correcto pragmáticamente hablando, ya que las sociedades democráticas tienden a resolver sus diferencias pacíficamente.
 
Sharansky aboga por el uso de la presión internacional bien calculada contra las tiranías. En Oriente Medio, las dictaduras pueden ser vehementemente antiestadounidenses, pero la gente tiende a ser favorable a Occidente. Occidente puede influir en los regímenes no democráticos y antiestadounidenses, como Irán, Arabia Saudita y Siria, insistiendo en que sus pueblos deben disfrutar de algunas libertades básicas. El déficit de libertad en el mundo árabe, argumenta Sharansky, no significa que los árabes no se esfuercen por conseguir libertades. El deseo de libertad es universal y late también en el corazón árabe.
 
En realidad, dice Sharansky, la tendencia de Occidente de no desafiar a las tiranías que gobiernan el Oriente Medio es, en parte, responsable de la falta de libertades existente en el mundo árabe. La búsqueda realista de estabilidad llevó a algunas administraciones estadounidenses a refrendar a algunos de los más oscuros opresores del mundo. El fútil proceso de Oslo es un claro ejemplo del fracaso a la hora de instaurar la paz cuando la libertad es ignorada. Occidente trató equivocadamente de fortalecer a Yasser Arafat con la esperanza de que podría controlar a su gente y firmar la paz con Israel. Sin embargo, apoyar a un dictador corrupto por mor de la estabilidad sólo sirvió para oprimir a los palestinos y minar la paz y seguridad de Israel. El libro de Sharansky, escrito antes de la muerte de Arafat, es bastante optimista sobre las posibilidades de libertad para Palestina. Hace referencia a Omar Karsou, un disidente palestino y portavoz de la libertad.
 
Aunque admite sus diferencias de opinión con Karsou -que no cree en el derecho histórico del pueblo judío a la tierra de Israel-, Sharansky afirma que los demócratas como Karsou son mejores socios para alcanzar una coexistencia pacífica que lo era Arafat. Bajo el mandato dictatorial de Arafat, todas los agravios habidos y por haber provenían de Israel.
 
Incluso cuando el antiguo primer ministro israelí Barak ofreció un acuerdo territorial sin precedentes, Arafat tuvo que rechazarlo y continuar con la intifada por temor a que su pueblo pusiera en cuestión su liderazgo tras el acuerdo. Los demócratas como Karsou, insiste Sharansky, no apoyarán la lucha armada para mantenerse en el poder. El presidente Bush se reunió recientemente con Sharansky y leyó su libro con gran atención. Se ha rumoreado que el presidente pidió a la recién nombrada Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, que leyera también el libro. Esto significaría que un antiguo disidente soviético y uno de los grandes campeones de la libertad están, ahora, influyendo en el pensamiento del hombre más poderoso del mundo. Dictadores de toda laya y lugar: tomen nota.

 
 
*Meyrav Wurmser es director del Centro de Política para Oriente Medio del Instituto Hudson.
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