Cuidado con la burbuja Palin

por George F. Will, 24 de septiembre de 2008

(Publicado en The Washington Post, 18 de septiembre de 2008)
 
Los conservadores, de los que se dice tienen carbón en piedra por corazón, se han enamorado. También muchos que no son conservadores doctrinarios. El mundo es un lugar más dulce porque Sarah Palin ha elevado la cantidad de amor, pero éstos no son unos cimientos fraguados para la campaña de John McCain.
 
La burbuja tecnológica fue seguida de la burbuja inmobiliaria, que se ha visto superada por la burbuja Palin. Las burbujas siempre estarán con nosotros, porque la Exuberancia Irracional siempre lo va a estar. Su síntoma es la premisa de que los viejos límites han cedido a posibilidades insospechadas: el Dow siempre va a subir, al igual que los precios de la vivienda, y la euforia motivada por una candidata a vicepresidenta puede ser decisiva en unas presidenciales.
 
Palin es tan estimulante como una racha de viento ártico y deliciosamente suscita la condescendencia de los progres cuyo entusiasmo por los americanos de clase media de a pie no puede sobrevivir a un encuentro con uno de ellos. Pero el romance del país con ella, como hacen los romances, se enfriará en algún momento, y puede que antes de noviembre alguna nueva novedad distraiga a una nación a la que le encanta “Operación Triunfo” por la regularidad de metrónomo con la que descubre genio en personas hasta la fecha desconocedoras de ello.
 
McCain debería, por tanto, pronunciar un alegato de su campaña que vaya directamente al meollo del gobierno, concerniente a los cual la vicepresidencia normalmente resulta accesoria. Su argumento debería establecer las virtudes de algo que los votantes, a juzgar por su comportamiento a lo largo del tiempo, prefieren - gobierno dividido.
 
El índice de popularidad del presidente Republicano titular se encuentra en treinta y pocos pero está alrededor de 10 puntos por encima del Congreso de control Demócrata. La Vigesimosegunda Enmienda desterrará al presidente en enero, pero el Congreso será entonces aún más Demócrata que ahora. ¿De verdad quiere el país que no haya ninguna supervisión sobre él? Considere dos cosas que se convertirán rápidamente en ley a menos que McCain esté allí para vetarlas o a menos que - esto es un clavo más pequeño al que agarrarse - el líder de la minoría en el Senado Mitch McConnell cuente con 40 senadores de confianza para forzar su merecida muerte mediante ostracismo legislativo.
 
La exquisitamente mal bautizada Ley de Libre Elección Laboral simplemente privará a los trabajadores de su derecho al voto secreto en las elecciones sindicalizadas. En su lugar, los sindicatos podrían utilizar el sistema “de tarjetas de votación con el nombre”: una vez que la mayoría de los empleados de una empresa - confrontado cada empleado frente a frente por un sindicalista en un montaje creado de manera inherente para la coacción - firman tarjetas expresando su consentimiento, su sindicato queda autorizado legalmente como agente de negociación de toda la plantilla. Ilustrando que la finalidad de la ley no es tanto mejorar las condiciones de trabajo de los empleados como acaparar sindicados para los sindicatos, la ley prohibirá a los empresarios disuadir la sindicalización concediendo mejoras 'unilaterales' -- no negociadas - y condiciones de trabajo en compensación
 
A menos que McCain sea Presidente, el gobierno restaurará la igualmente mal llamada “doctrina de justicia.” Hasta que Ronald Reagan la eliminó en 1987, esa regulación disuadía la formulación libre de parrillas de programas políticos en virtud de la amenaza de litigio según estándares inherentemente vagos de “justicia” a la hora de presentar opiniones políticas “equilibradas.” En 1980 había menos de 100 programas de debate radiofónico en toda la nación. Hoy existen más de 1.400 emisoras dedicadas por completo al formato de debate. No satisfechos con su dominio sobre el estamento académico, Hollywood y la mayor parte de los medios de referencia, los progres quieren tumbar el debate radiofónico, que es donde los progres han sido incapaces de hacer mella en el dominio de los conservadores.
 
Hoy, como es costumbre, pero quizá aún más, los americanos se encuentran bajo el puño de hierro de la disonancia cognitiva. Es un desorden mental cursi que afecta a aquellas personas - todo el mundo esencialmente - que tienen convicciones y deseos contradictorios. Considere la seguridad social. Los estadounidenses desean medicina de 2008 a precios de 1958, y cobertura universal con alternativa de igual calidad - sin pagos obligatorios ni interferencia del gobierno en las alternativas, incluyendo las relaciones médico-paciente. Como es normal, ningún partido satisface por completo a la mayoría de los electores. Este es el motivo de que 19 de las 31 elecciones celebradas desde la Segunda Guerra Mundial dieran lugar o conservaran a gobiernos divididos - presidencia y al menos una Cámara del Congreso controladas por partidos diferentes.
 
El gobierno dividido obliga a compromisos que doblegan los excesos de cada partido, especialmente las tendencias de ambos partidos al gasto excesivo cuando no están limitados por una institución controlada por el otro partido. William Niskanen, presidente del libertario Cato Institute, observa que en los 50 últimos años, “el gasto público se ha incrementado una media de apenas el 1,73% al año durante los períodos de gobierno dividido. Esta cantidad se triplica con diferencia, hasta el 5,26%, en el caso de los períodos de gobierno unificado.'
 
Al elegir a Palin, McCain llamó la atención del país. Eso es algo perecedero y antes de que desaparezca, debería mostrar al país su bolígrafo de vetar.

 
 
(c) 2008, Washington Post Writers Group