Cuatro chicas de jihad

por Mark Steyn, 7 de diciembre de 2006

(Publicado en Chicago Sun Time, 26 de noviembre de 2006)

¿Ha visto una película llamada 'Cuatro chicas en un jeep'? No se preocupe, no está en los multicines. Salió en 1944. Una película de guerra acerca de la contribución de las chicas a la gran lucha existencial. Gran título, y cuesta abajo desde ahí. Esta columna, metafóricamente hablando, es Cuatro chicas en un jeep: trata de un cuarteto de damas que proporcionan indicios útiles de adónde nos encaminamos.
 
La primera es Fatma An-Najar, una abuela de 64 años que tuvo un día de Acción de Gracias más movido que la mayor parte de las abuelas. Conmemoró la ocasión inmolándose en el pueblo de Jebaliya, y, aunque todo lo que logró a cambio de miembros esparcidos por el vecindario fueron tres soldados israelíes 'heridos levemente', tendrá un lugar de honor en el panteón de los héroes palestinos. Fue, según el árbitro oficial del Libro de los Records de Hamas, la terrorista suicida palestina más anciana de la historia. Y, naturalmente, su familia está encantada de la vida.
 
'Estamos verdaderamente felices', declaraba su hijo Zuheir a la France-Presse. 'La última noche nos dijo que llevaría a cabo una operación suicida. Preparó su ropa para esa operación, y estamos orgullosos. 'No quiero nada, solamente morir como mártir'. Eso es lo que dijo'.
 
Aaaaah, bendita ancianita dulce. No habría deseado morir en una larga muerte tranquila en casa de algún viejo amigo. Así es como ella quiso irse: rápida e indoloramente, a excepción de cualquier sionista en el vecindario inmediato.
An-Najar dio a luz a su primer hijo a la edad de 12 años. Tuvo otros ocho. Tenía 41 nietos. Mantenga en la cabeza ese árbol familiar. En contraste, en España, una mujer de 64 años puede que tenga un nieto. Eso suman cuatro abuelos, un nieto: un árbol familiar sin ramas.
 
Lo que me lleva a la segunda chica: el nuevo Obispo Presidente de la Iglesia Episcopaliana, Katharine Jefferts Schori, la primera mujer en presentarse para liderar una división nacional de la Comunión Anglicana. La obispo Kate concedió una entrevista al New York Times desvelando lo que se hace pasar por ortodoxia en ésta la más flexible de las religiones. Se le planteó una pregunta bastante simple: '¿Cuántos miembros tiene la Iglesia Episcopaliana?'
 
'Cerca de 2,2 millones', respondió la obispo presidencial. 'Solía haber un porcentaje más amplio, pero los episcopalianos tienden a tener una educación mejor y tienden a reproducirse a tasas más bajas que otras corrientes'.
 
Esta es para dejarte un poco boquiabierto, incluso para la truculencia del New York Times; de modo que, con vagos recuerdos de Dios diciendo algo acerca de crecer y multiplicarse flotando a sus espaldas, una enormemente perpleja Deborah Solomon dice '¿Los episcopalianos no están interesados en nutrir sus filas teniendo hijos?'
 
'No', se mostraba de acuerdo la obispo Kate. 'Probablemente es al contrario. Animamos a la gente a prestar atención a la gestión del planeta y no utilizar más de su parte'.
Bien, eso puede ser o puede no ser una gran idea, pero no tiene nada que ver con el Cristianismo, solamente para eco-religionarios como Al Gore. Si la obispo Kate fuera una Episco-goriana, miembro de la Comunión Anglicana, miembro de rango de la Iglesia de las Calamidades del Último Día, ésta sería una declaración ordinaria. Pero, incluso con su vigoroso apoyo a las diócesis homosexuales y todo lo demás, no recuerdo que los episcopalianos adoptasen formalmente la estrategia que funcionó tan bien para los religiosos de la Segunda Venida de Cristo[1] y bendijeran la desaprobación de la reproducción en el centro de su doctrina.
 
Lo que me lleva a la tercera chica del jeep: Scarlett Johansson. Al igual que cualquier otro tipo de mediana edad, me enamoré del trasero atractivamente vivaz de Scarlett en la escena del principio de 'Lost In Translation' y me duele descubrir que en lo que respecta a estar supeditada a los abundantes actos de devoción a los años 60, no es distinta de la generación de la obispo Kate. En un relámpago de crítica obsesiva a Bush el otro día, atacó al presidente por su oposición a 'la educación sexual'. Si dependiera de él, dijo, 'toda mujer tendría seis hijos y no podría abortar'. Mientras que Scarlett es tan 'socialmente consciente' (en sus palabras) que se hace la prueba del VIH dos veces al año.
 
Bien, sí. Si 'la educación sexual' trata de saber qué condón concreto es menos probable que se rompa durante las formas más movidas de intercambio penetrador, entonces hacerse una prueba del VIH cada pocos meses puede ser señal de que tienes un doctorado (Doctor en fenomenal salidismo). Pero, si 'educación sexual' significa un entendimiento de la sexualidad como algo distinto a un acto de autoexpresión transitoria, entonces Scarlett habla a través de ése trasero célebremente atractivo.
 
He aquí la pregunta para la obispo Kate: si Fatma An-Najar tiene 41 nietos, y un episcopaliano responsable 'con una educación mejor' tiene 1 ó 2, ¿en cuáles manos estamos entregando 'la gestión del planeta'? Si tu colectivo no está presente en ningún número, ¿cuánta influencia puede tener a la hora de modelar el futuro?
 
Bien, ni la cabeza episcopal a cargo y ni siquiera Scarlett Johansson son las figuras más poderosas del mundo, de modo que pasemos a nuestra cuarta chica: Condolizza Rice.
 
'La gran mayoría del pueblo palestino', decía la secretario de estado a Cal Thomas el otro día, 'simplemente quiere tener una vida mejor. Es una población educada. Quiero decir, tiene una especie de cultura de educación y una cultura de sociedad civil. Simplemente no creo que las madres quieran que sus hijos crezcan para ser terroristas suicida. Creo que las madres quieren que sus hijos crezcan para ir a la universidad. Y si puedes crear las condiciones adecuadas, eso es lo que la gente va a hacer'.
 
Cal Thomas planteó una aguda contrarrespuesta: '¿Cree usted esto, o sabe usted esto?'
 
'Bien, creo saberlo', decía la Dra. Rice.
 
'¿Cree que lo sabe?'
 
'Creo que lo sé'.
 
Tantos de nuestros actuales problemas se deben a que creemos que sabemos cosas... A nuestras chicas del jeep, añadamos un figurín, aparentemente al volante de la actual guerra: James Baker, renombrado 'realista' de la política exterior y el hombre al que las lenguas vivarachas de Washington se refieren actualmente como 'el secretario de estado en funciones'. Los 'realistas' creen que 'la contención' y 'la estabilidad' son estrategias sabias. En realidad son la ausencia de una estrategia. La tasa de fertilidad en la Franja de Gaza es una de las más elevadas del planeta. Si usted mide los nacimientos en el mundo musulmán frente a las muertes de los episcopalianos de la obispo Kate, tendrá la imagen perfecta del motivo por el que no hay 'estabilidad': con cada mes que transcurre, hay más musulmanes y menos episcopalianos, y los musulmanes exportan su mano de obra a Europa y a otros enclaves en retroceso demográfico de Occidente. Es la intersección de demografía e islamismo lo que convierte el tiempo en un lujo que no nos podemos permitir.
 
Podemos argumentar acerca de lo que significan exactamente estas tendencias, pero no podemos argumentar que no significan nada. Como mínimo, significa que la Iglesia Episcopaliana es irrelevante para 'la gestión del planeta', y que Scarlett Johansson terminará sus días sobre un planeta cuyos gestores califican el someterse a la prueba del VIH dos veces como señal de muchas cosas, pero en conjunto, no de 'consciencia social'.


 

 
 
Notas


[1] Desaparecieron en el siglo XX por falta de fieles.
 
 
Mark Steyn es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto. Trabajó para la BBC presentando un programa desde Nueva York y haciendo diversos documentales. Comienza a escribir en 1992, cuando The Spectator le contrata como crítico de cine, Más tarde pasa a ser columnista de The Independent. Actualmente publica en The Daily Telegraph, The Chicago Sun-Times, The New York Sun, The Washington Times y el Orange County Register, además de The Western Standard, The Jerusalem Post o The Australian, entre otros.