Cuando los chacales hacen de perro guardián

por Peter Brookes, 21 de diciembre de 2006

(Publicado en The Heritage Foundation, 18 de diciembre de 2006)

¿Qué es lo que China, Cuba y Arabia Saudí tienen en común? Bueno, para empezar, tienen un pavoroso historial de derechos humanos. Por otro lado, como miembros del nuevo Consejo de Derechos Humanos de la ONU,  supuestamente están allí para controlar que se respeten los derechos humanos.
 
El Consejo es el absolutamente poco impresionante reemplazo de la antigua Comisión de Derechos Humanos de la ONU (Al final es el mismo perro con diferente collar...) Modernizarse debería ser algo prioritario en la agenda del nuevo Secretario General Ban Ki-Moon.
 
Desde su nacimiento, a la ONU se le ha encargado la protección y promoción de los derechos humanos. Los estados miembros de Naciones Unidas juran defender los principios de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU. Pero el historial de la ONU en este frente ha sido equivalente a decir abismal.
 
La Comisión de Derechos Humanos ha evolucionado hasta convertirse en una obscenidad, sus miembros incluyen a los peores violadores de derechos humanos en el mundo que cínicamente usan sus asientos en la comisión para evitar la crítica y bloquear la revelación del espantoso historial de derechos humanos de otros infractores.
 
Con el transcurrir de los años, hemos visto como miembros a violadores tales como Algeria, Pakistán, Sudán, Siria, Vietnam y Zimbabwe. De hecho, Libia presidió la Comisión en 2003 a pesar de sus vínculos con el terrorismo extranjero (como el atentado de Lockerbie) y una represión doméstica brutal. Al  año siguiente, Sudán - un gobierno involucrado en un genocidio en curso en Darfur - consiguió un asiento en la comisión. 
 
Ni siquiera el secretario general Kofi Annan podía negar el escándalo apuntando que “hemos llegado a un punto en el que la decreciente credibilidad de la comisión ha proyectado una sombra sobre la reputación del sistema de Naciones Unidas en su conjunto...” Presionó a favor de cambiar la comisión por un nuevo Consejo de Derechos Humanos más pequeño. Los nuevos miembros tendrían que ser firmes defensores de los derechos humanos, elegidos en elecciones con dos tercios de los votos de la Asamblea General al completo.
 
Pero la ONU volvió a fallar: Las reglas adoptadas para el nuevo consejo no tienen ningún criterio para ser miembro excepto el de la representación geográfica, por tanto sigue abierto a los peores violadores de derechos humanos del mundo entero. Ni siquiera se puede excluir a estados miembros bajo sanción de la ONU. Y basta la mayoría simple para ser elegido - 97 votos de 192 miembros de la Asamblea General de la ONU - pero para que se suspenda a un miembro del consejo se exige los dos tercios del voto.
 
Y aunque el consejo está a cargo de hacer estudios y evaluaciones sobre derechos humanos, incluso sus revelaciones oficiales no evitan que los violadores de derechos humanos alcancen conseguir asientos en el consejo. Si una evaluación del Consejo de Derechos Humanos encontrase serios abusos de derechos humanos, ni el consejo ni la Asamblea General precisan tomar acciones administrativas o punitivas.
 
Estas anomalías, entre otras, fueron las que llevaron a Estados Unidos a votar en contra de la creación del Consejo este año. John Bolton, el embajador americano ante la ONU, dijo que Estados Unidos no tenía confianza en que el nuevo organismo pudiese ser mejor que el anterior y que no presentaría su candidatura.
 
Se ha demostrado que tenía razón. Entre aquellos votados al consejo estaban 9 países catalogados como “no libres” por Freedom House en cuestión de libertades políticas/civiles: Algeria, Azerbayán, Camerún, China, Cuba, Pakistán, Rusia, Arabia Saudí y Túnez.
 
Y como su predecesor, el consejo se regodea agraviando a Israel, esos ataques siguieron en las reuniones de la semana pasada en Ginebra. Un pequeño plus salió de allí: El Consejo acordó finalmente enviar un equipo de investigación a Sudán (algo que países africanos y musulmanes habían bloqueado durante mucho tiempo).
 
Ciertamente el actual consejo no se merece ni un céntimo de los contribuyentes americanos.
 
El nuevo Secretario General Ban tiene la oportunidad de darle un vuelco al consejo expulsando a los violadores y eliminando su vergonzosa politización. Hasta que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU no se convierta en un defensor eficiente del bien - en lugar de ser un arma más para los tiranos - Estados Unidos ni siquiera debería tomar en consideración presentar su candidatura por un asiento para no prestarle así un aura de credibilidad a ese Consejo.


 

 
 
Peter Brookes ha sido Vicesecretario Adjunto de la Secretaría de Defensa de Estados Unidos y asesor del Presidente George W. Bush.
Como alto miembro de la Fundación Heritage, Peter Brookes se encarga de comunicar la posición de la Fundación en temas de política exterior y de seguridad nacional de Estados Unidos, Asia, el Pacífico y de terrorismo a través de diversas apariciones en programas de televisión a nivel nacional e internacional, con entrevistas, investigación de temas específicos, testimonios ante el Congreso de Estados Unidos y conferencias internacionales. Entre sus muchos cargos es actualmente Director del Centro de Estudios Asiáticos de la Fundación Heritage.
 
 
©2006 The Heritage Foundation
©2006 Traducido por Miryam Lindberg