Cuando el enemigo de tu enemigo no es tu amigo

por Amir Taheri, 27 de abril de 2007

El giro islamista del FLN ha conducido también a una amnistía general que ha permitido que miles de criminales se reintegren en la sociedad. Y ni por esas se han ganado la simpatía de los islamistas.
 
En el invierno de 1995 me encontraba cenando con Burhaneddin Rabbani, el entonces Presidente de Afganistán en la era post comunista. Le pregunté lo que pensaba acerca de los Talibanes, un grupo militante que acababa de aparecer en la escena política afgana con apoyo desde Pakistán.
 
'Están haciendo un buen trabajo', dijo Rabbani aludiendo a la campaña de los Talibanes por destruir el Hizb Islami [Partido Islámico] de Gulbuddin Hekmatyar, un destacamento principalmente pushtún apoyado entonces por los mulás de Teherán. En ese momento, el grupo criminal de Hekmatyar estaba también enfrascado en una batalla sin fin contra el grupo de Rabbani, el Jamiat Islami [Asociación Islámica] por el control de Kabul, un duelo que redujo la capital afgana a un montículo de escombros humeantes.
 
Cuando sugerí a Rabbani que los Talibanes me parecían mucho peores que Hekmatyar, y eso era decir mucho, el líder afgano se mostró despreciativo. 'Nadie puede ser tan malo como esa mala bestia', dijo, evitando mencionar a Hekmatyar por su nombre. Un año más tarde y con una recompensa por su cabeza, Rabbani era expulsado de Kabul por los mismos Talibanes.
 
El análisis de Rabbani se basaba en la ilusión política clásica fundada en el cliché de que 'el enemigo de mi enemigo es mi amigo'. El líder afgano no era el primero en engañarse con ese insípido cliché.
 
En 1970 escuchaba un análisis similar al Presidente de Egipto, Anwar Sadat. En la entrevista, elaboraba sus planes para alejar a Egipto del bando soviético como parte de una estrategia encaminada a reparar el daño que Nasser había provocado a la nación. En ese contexto, estaba decidido a purgar de elementos pro-soviéticos al partido en el poder al tiempo que ordenaba un registro policial de los demás grupos y partidos izquierdistas y comunistas. A cambio, estaba dispuesto a rebajar el tono de la campaña de Nasser contra los islamistas y, en algunos casos, ofrecerles concesiones a cambio de su apoyo putativo contra la izquierda.
 
Una década más tarde, Sadat era asesinado por los mismos islamistas a los que había favorecido.
 
El amigo más cercano a Sadat, el Shah de Irán, también cometió el mismo error. Incitado por su rechazo casi patológico a la izquierda, estimuló a los grupos islamistas, financió a los mulás, ofreció extenso espacio mediático a programas religiosos, y hasta creó la Policía Religiosa, cuya tarea era extender las enseñanzas de la fe por todo el país.
 
Una década más tarde, esa política produjo un fruto inesperado. Los comunistas se aliaban en persona con los jomeinistas y destronaban al Shah en nombre del Islam. 'El enemigo de mi enemigo' no se había convertido en un amigo. En el exilio en Nueva York, a miles de kilómetros de distancia, el expulsado monarca lamentaba su error. 'Dí demasiada libertad a los mulás', me dijo en su lecho del hospital.
 
La historia tiene muchos otros ejemplos de alianzas antinaturales que han terminado en detrimento de sus iniciadores.
 
En 1917, el partido liberal de Rusia Kadet y otros grupos moderados se aliaron con los bolcheviques para derrocar al Zar. Lenin describía el suceso como 'una alianza entre el cuello y el nudo de la horca'. El cuello perteneció a los liberales mientras que los bolcheviques representaban el nudo corredizo.
 
Benito Mussolini, un aventurero extraordinario, se transformó en el líder del Partido Fascista y con el tiempo se convirtió en el dictador de Italia, a través de capitalistas italianos que temían a la izquierda. Acabó haciendo a los mismos capitalistas lo que los comunistas italianos no habrían hecho.
 
Tras el levantamiento de enero en Berlín, la burguesía alemana se lanzó a financiar al más radical de los partidos de la derecha como medio de evitar la revolución comunista. Eventualmente se instituyó el Partido Nazi para hacer el trabajo con el dinero proporcionado por importantes financieros alemanes, algunos de ellos judíos. Una década más tarde, 'el enemigo de mi enemigo' estaba destruyendo a la burguesía alemana y planeando el Holocausto contra los judíos.
 
La mayor parte de los líderes políticos, sin embargo, o bien no leen la historia, o bien no aprenden de ella. Es el motivo por el que se cometen los mismos errores repetidamente.
 
En los años 80, la élite argelina en el poder bajo Chadli Bendjedid, un mando militar honesto pero sin imaginación, decidió jugar la baza islamista contra las crecientes aspiraciones de libertad de expresión y pluralismo político de su pueblo. Se importaron profesores y predicadores islamistas procedentes de Egipto y los desataron contra una población sorprendida. Los medios propiedad del estado fueron convertidos en púlpitos de traficantes de populismo como el difunto Mohammed al-Ghazzali. La inversión del coronel en el islamismo dio sus frutos a finales de los años 80, cuando el Frente Islámico de Salvación (FIS) emergía como la maquinaria política mejor organizada y más masivamente financiada del país. Tras una década de amarga guerra contra los islamistas -- una guerra que se cobró 100.000 vidas al menos -- el Presidente Abdulaziz Bouteflika decidía revivir la estrategia de Bendjedid, ofreciendo concesiones a los islamistas en una apuesta por marginar a la izquierda y los liberales.
 
Argelia tiene hoy el gobierno más islamista de su historia. El Frente de Liberación Nacional (FLN), que permanece como partido en el poder en Argelia, siempre ha tenido una personalidad dual. Por una parte, se describe como socialista y fue activo en el movimiento de la izquierda internacional. Por la otra, jugó la baza islamista como elemento de autodefinición contra los anteriores señores coloniales de Argelia.
 
Hoy, el ala islamista del FLN hace honor a su nombre. El Primer Ministro Abdulaziz Belkhadem es un devoto fiel con vínculos con la Hermandad Musulmana. Al menos un tercio de los cargos del gabinete es ostentado por islamistas 'moderados', al tiempo que liberales e izquierdistas han sido excluidos. Ahmed Ouyahya, el ex primer ministro que jugó un papel central a la hora de derrotar a los islamistas, ha sido apartado y sus reformas clave, que habían enfurecido a los islamistas, derogadas o invertidas. El giro islamista del FLN ha conducido también a una amnistía general que ha permitido que miles de criminales se reintegren en la sociedad. Miles más, algunos de ellos con sangre en sus manos, han sido liberados de prisión y, en muchos casos, hasta reintegrados al servicio civil. Y ni por esas se han ganado la simpatía de los islamistas. Como demuestran los ataques más recientes por toda Argelia, incluyendo una espectacular operación suicida en la capital, la postura anti-izquierda y anti-liberal no ha satisfecho a los fanáticos religiosos.
 
¿Qué hará el régimen en las elecciones generales del mes que viene? ¿Utilizará la notoria maquinaria de fraude para producir una mayoría falsa con el fin de complacer a los islamistas? ¿O concederá a las formaciones liberal y reformista del país el espacio que necesitan para hacer sentir su presencia?

 
Amir Taheri es periodista iraní formado en Teherán. Era el editor jefe del principal diario de Iran, el Kayhán, hasta la llegada de Jomeini en 1979. Después ha trabajado en Jeune Afrique, el London Sunday Times, el Times, el Daily Telegraph, The Guardian, Daily Mail, el International Herald Tribune, The Wall Street Journal, The New York Times, The Los Angeles Times, Newsday y el The Washington Post, entre otros. Actualmente trabaja en el semanario alemán Focus, ha publicado más de una veintena de libros traducidos a 20 idiomas, es miembro de Benador Associates y dirige la revista francesa Politique Internationale.
 
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