Cuando el cine se impone al conflicto de Oriente Medio

por Phyllis Chesler, 10 de febrero de 2006

La gente es más que susceptible actualmente. Nuestras costumbres cívicas usuales están en peligro — algunos dicen que a causa de terroristas islamistas, otros que por los Republicanos, o por izquierdistas, o por locos a la carga. La gente busca refugio; hoy sólo hablan con aquellos con los que ya están deacuerdo.
 
Entre los judíos, sin embargo, el nerviosismo parece haberse elevado a deporte nacional. ¿Cómo explicar por qué personas perfectamente sanas y formadas han comenzado a escudriñar y atar el simple entretenimiento a normas de evidencias más apropiadas de un pleito que de una crítica de cine?
 
“Munich”, de Steven Spielberg, es solamente una película — no es, a pesar de la histeria judía, una profética batalla en la guerra entre la vida y la muerte.
 
Según las primeras críticas de 'Munich” y un torrente grotesco de temores judíos comprensibles sobre la película, sufrimos temblores al verla. Aunque ninguno de nosotros pudimos mantenernos al margen. Después de todo, nos convertimos en fans de Spielberg al ver “E.T.” juntos en 1982, cuando uno de nosotros tenía 4 años y el otro era mucho mayor.
 
“Munich” ha sido ampliamente anticipada, promocionada y criticada, como era de esperar de una película de Spielberg. La mayor parte de las críticas han sido aplastantemente positivas. Han aplaudido a Spielberg por producir un hábil thriller de acción — y, vale la pena observarlo, por humanizar a los israelíes.
 
En la película, los terroristas palestinos asesinan a sangre fría. No aparecen teniendo dudas o pensándolo mejor. Sólo los agentes israelíes agonizan, talmúdicamente, acerca de la ética involucrada en matar. Y la película continúa volviendo a la escena de la masacre de 1972 de los atletas israelíes en Munich por terroristas palestinos; no se nos permite olvidarla nunca, y permanece recurrente y tremenda. Se nos muestra, clara y gráficamente, quiénes son las víctimas en 1972.
 
La única escena que se ha tomado por demasiado pro-palestina es la de que un personaje palestino llamado “Alí” habla acerca de su “desahucio” y la determinación de su pueblo a pasar 100 años superpoblando y matando para expulsar a los judíos de las sagradas tierras musulmanas. En todas las críticas se pierde el hecho de que Alí queda lejos de ser un personaje simpático.
 
El hecho de que la película no sea ni exacta ni enciclopédica no debe sorprender, aunque ciertamente parece haberlo sido para muchos. “Munich” es una película de ficción de dos horas de duración, no un trabajo académico. Spielberg es un cineasta de Hollywood, y es muy bueno en lo que hace.
 
Pero entendemos porqué a la gente, especial pero no únicamente a los judíos, les ha preocupado tanto la película. Hay tanto en juego. La gente se siente tan impotente. Todo cuenta; todo es una pista.
 
Estábamos inquietos porque Tony Kushner, co-guionista de Spielberg, es conocido por sus opiniones anti-sionistas. Ha escrito que “piensa que la fundación del estado de Israel fue para el pueblo judío una calamidad histórica, moral, política… No soy sionista”. Temimos que tales opiniones infectasen la película. Pero al menos en nuestra opinión, no lo hicieron — al menos no tanto.
 
El primer palestino objetivo de asesinato por operativos israelíes es un intelectual poeta que ya no es un hombre joven; el segundo es un padre pedante y cariñoso. No tenemos idea de si estos caracteres son ficticios o reales, teniendo en cuenta en particular que desafortunadamente, Spielberg eligió basar su película en el libro acaloradamente discutido “Venganza”. La operación entera sigue siendo un secreto de estado, así que Spielberg parece haberse conformado con especulación imaginativa mezclada con algunos hechos conocidos.
 
Las propias declaraciones de Spielberg a los medios no calmaron los temores judíos concretos. Por ejemplo, su lenguaje de “paz” y “terminar el ciclo de violencia” se toman por frases en clave para la continuación de la guerra contra los judíos y el exterminio del pueblo judío. ¿Spielberg no sabe esto?
 
Muchos judíos están asustados de que “Munich” lleve a la falsa equivalencia moral, a saber, que lo que hacen los israelíes en autodefensa sea visto como moralmente igual a la determinación palestina a exterminar a los judíos en tierras santas musulmanas. Este temor debería animar a idear algunas normas de compromiso nuevas.
 
Primero, uno no debe emprender la guerra contra una película. Es solamente una película. Y, si uno lo hace, debe ver la película primero.
 
Para aquellos que sí se molesten en levantarse de sus sillones e ir al cine, “Munich” les deja decidir por sí mismos realmente. ¿Estaban justificados los palestinos en masacrar a los atletas israelíes para conseguir la atención del mundo? ¿Estaban justificados los israelíes en dar caza a estos antepasados de Al Qaeda? Estas preguntas, y otras, están muy presentes en la mente de Spielberg, como deja claro la escena final de la película: la silueta de Manhattan con las torres gemelas recién construidas. Spielberg confía en nosotros para contestar a las muchas preguntas que plantea la película.
 
“Munich” -- o cualquiera otra película, a esos efectos — no es un movimiento político o un veredicto del Tribunal Supremo, y las respuestas a él no se pueden predecir o programar. Se nos debe permitir disfrutar de películas políticamente incorrectas o incluso realmente inexactas. Son imágenes de la realidad, no realidad en sí misma, y pretenden entretener.
 
La jihad tiene un componente cultural y propagandístico, y es importante que continuemos monitorizándolo. Y para que conste, mucha gente confunde entretenimiento con educación, e insiste en que algo es verdad porque lo vio con sus propios ojos en la pantalla. Pero también debemos recordar que una vez que salgamos del cine, hay guerras muy reales a librar.
  

 
 
La Dr. Phyllis Chesler es profesor emérito de Psicología y Estudios de a Mujer y psicoterapeuta. Ha dado conferencias y organizado campañas de derechos humanos, política, religiosas y legales en Estados Unidos, Canadá, Europa, Oriente Medio y Extremo Oriente. Es co-fundadora de la Association for Women in Psychology (1969), la Red de Saludo de la The National Women (1974) y es miembro del Women's Forum (197 -74). Ha escrito literalmente miles de artículos y escrito trece libros entre los que destacan La muerte del feminismo, Madres a juicio, Acerca de los hombres y El nuevo antisemitismo.